El artista tiene que tener un oficio, y dominarlo. Eso es lo primero. Si en lugar de tener uno, tiene varios, como Miguel Ángel (pintor, escultor, arquitecto, poeta), miel sobre hojuelas.
Una de las bases de confusa situación actual, que permite que muchos impostores se hagan pasar por artistas, es que no se presentan como representantes de un oficio (como sucedía en tiempos de Miguel Ángel), sino como "artistas" a secas. A veces, "artistas multidisciplinares" o algo similar. En otros tiempos, antes de la sacralización del arte y del artista, éste último era un artesano. Otra de las condiciones para la mistificación actual es la destrucción de los criterios que regían la valoración de la obra de arte, destrucción sistemática llevada a cabo por las vanguardias, las neovanguardias y el concepto mismo de "vanguardia", así como por la crítica y teoría del arte vinculada a ellas. Si hubiera que elegir un nombre, paradigma de todo esto, sería Marcel Duchamp.
En mi opinión, lo que no provoca un goce estético, o una emoción estética, no es una obra de arte. Si quieren hacer reflexiones irónicas, que las hagan sobre el papel, aprendiendo a escribir primero. Si lo que quieren es sacarse unas perras, sugiero que se busquen un trabajo honrado.
Es difícil separar el grano de la paja en el arte contemporáneo, y no hay solución fácil: no sirven ni la tragadera crédula ni la negación ignorante. Hay que saber vivir en la apertura y en la incertidumbre.
Son los estertores de una era en que se ha mitificado al Artista y se ha sacralizado el Arte (así, en mayúsculas), una era que comienza en el Romanticismo y que termina con las vanguardias, acabando en la neovanguardias, que es el desague de esa era, y en la que la mitificación degenera en mistificación. Estos movimientos (el arte conceptual, el arte minimal, el body-art, el arte povera, y otros muchos con la partícula "neo" delante) aceptan la hipótesis de la muerte del arte en su versión hegeliana, y suuestamente proponen una producción artística dedicada a la reflexión sobre el arte y no a su disfrute.
El fenómeno de las Neovanguardias como movimientos de reflexión negativa sobre el acabamiento del Arte, junto con la ideología de "La Vanguardia" como pura insturmentalización marxista del arte, ha provocado una magnífica devastación, un desierto.
Dice Félix de Azúa en "Diccionario de las artes":
"Que el Arte ha muerto quiere decir que ese concepto ha perdido el papel soberano, trascendental y metafísico que le atribuyó la filosofía alemana, desde los hermanos Schlegel hasta Adorno. Aquel Arte, síntesis de todas las artes, arte de la Idea o arte Absoluto, al que Hegel consideraba una de las encarnaciones esencial del Espíritu y Marx un síntoma de la estructura económica, ha muerto por exceso de responsabilidad. La sacralización de un Arte convertido en religión secularizada de las clases medias y portador de valores eternos, ha acabado aplastándolo bajo una tarea que no podía soportar."
Lo que vemos en ARCO es un residuo, un eco, un remanente, como las radiaciones cósmicas que proceden del Big Bang.
Ya en 1979, un crítico llamado Jean Gimpel, publica un libro titulado "Contra el arte y los artistas". Dice la nota editorial, tal y como leo en un artículo de Horacio Vázquez Rial:
"Dirigido contra la progresiva mistificación que rodea el arte en todas sus manifestaciones, la que ha contribuido a transformar lo que en otra época fue dedicación de artesanos, en una actividad de mercaderes y farsantes."
Felicidades Fernando.
El mejor artículo que he leído en mucho, mucho tiempo.
Un saludo.
Plenamente de acuerdo -en todo- con este artículo de Fernando Díaz Villanueva.
Que existan vividores (como, por ejemplo, el burgalés Alberto Bañuelos, el que asegura que es escultor...) entra dentro de lo normal, ya que intentan vivir lo mejor que puedan, sin tener ni idea de hacer algo que sea verdadero arte (yo tampoco tengo habilidad ninguna en esas lides, como muchos más...).
Pero lo que llama la atención es la cantidad de cursis -¡por lo menos!- que les bailan el agua... gracias a los cuales sujetos como el burgalés pueden seguir "haciendo de las suyas". Inconcebible... la estupidez humana no tiene límites.
JHL: al hilo de lo que dices y respecto a lo de que TODO VALE que he comentado antes.
Efectivamente, la obra de arte, anteriormente portadora de un valor intrínseco, ha pasado a ser un activo económico más. Las obras no valen nada 'per se', valen lo que se paga por ellas. Creo que no sería descabellado plantear el paralelismo entre el mercado de activos financieros y el mercado del arte (sí, 'mercado'): ambos trafican con 'cosas' que no valen nada más que el valor que se les quiera dar y que, en ocasiones, ni existen. (Pero como en esto no estoy muy puesta, no sigo por aquí. Sólo quería señalar otra de las muchas caras del sinsentido del arte de hoy).
TRANQUIL: muy interesante tu comentario.
Yo añadiría que el naufragio intelectual no lo es sólo del arte, sino de todas las facetas de la vida. Lo mismo que la 'desconexión' que mencionas.
Ahora un hombre no es un hombre ni una mujer es una mujer, nada es bueno, ni malo, ni bonito ni feo, ni todo lo contrario, todo depende y todo vale. TODO VALE. No cabe la definición, (definir es delimitar y eso es malo, caca). ¿Qué es el arte? Cualquier cosa.
Todo es relativo, excepto el relativismo, que es absoluto. Esto, para nuestra desgracia, es la postmodernidad.
Pues mi niño de 3 años y cuatro meses hace mejores "obras de arte" que lo expuesto en esa tomadura de pelo. ¿Las puedo llevar para forrarme? Mi niño es un artista marginado, reclamo su espacio.
Fernando Díaz Villanueva: ENHORABUENA por tu crónica, tan divertida y audaz. Me he partido de risa con el texto y con los comentarios de las fotos.
Por fin alguien que dice, literalmente, que el emperador va en pelotas. Eres genial, sigue así.
¡Fantástico escrito Fernando!
He tenido un ataque de risa con su crónica, me ha parecido totalmente realista y, al mismo tiempo, impregnada de humor e ironía. Felicidades.
Pd: como dice mi padre: si Goya, Velázquez y Murillo levantaran la cabeza...