Sr. Presidente, Señorías.
Es difícil emitir un juicio global sobre esta Cumbre, pero faltaríamos a la verdad si dijéramos que ha sido trascendental por sus conclusiones.
Ni siquiera ha sido capaz de emitir un solo mensaje de esperanza.
Como español, debo confesar que, últimamente, las únicas buenas noticias que nos llegan del resto de Europa proceden de nuestros deportistas.
¿Y qué diremos de nuestro representante en la cumbre? Lo más positivo que puedo decir es que su presencia se ha caracterizado por una "discreción" exquisita. En lo único que se ha hecho notar de verdad, ha sido en el levantamiento de las sanciones diplomáticas al régimen cubano, y ya ve cual ha sido la respuesta de Fidel Castro: consignar su "desprecio por la enorme hipocresía que encierra tal decisión", mientras que su hermano ordenaba la detención de siete nuevos disidentes y el Ministro de Asuntos Exteriores alardeaba de que los principios de Cuba habían derrotado a la Unión Europea.
La principal característica de esta cumbre es que se ha topado con el referéndum irlandés que impide la aplicación del Tratado de Lisboa.
Apenas conocido el resultado del referéndum, el Partido Popular manifestó su posición: respeto a la voluntad expresada por los irlandeses, pero igual respeto al derecho del resto de los europeos a expresar su opinión. De ahí que abogáramos por continuar el proceso de ratificación para que los veintisiete Estados miembros pudieran manifestarse sobre el Tratado de Lisboa.
Mañana votaremos en esta cámara dicho Tratado; anuncio ya el voto afirmativo de mi grupo y hago una propuesta complementaria: que el Senado se reúna en sesión extraordinaria durante el próximo mes de julio para ultimar la ratificación y mostrar a nuestros socios europeos el compromiso de España con el Tratado de Lisboa.
Me parece también muy importante que el Consejo Europeo se muestre abierto a ayudar al gobierno irlandés a encontrar una salida y le pido a Ud. que haga aportaciones constructivas y no se limite a criticar a los irlandeses o a no hacer nada como por desgracia ya ha ocurrido en muchas ocasiones.
Le digo esto, porque debemos ser conscientes de que sin el Tratado de Lisboa será más difícil abordar con eficacia los problemas reales de los europeos, de los que pueden ser buenos ejemplos la emigración o la crisis económica.
Todos sabemos que Europa necesita una política común de inmigración que, entre otras cosas, limite la posibilidad de que un Estado miembro pueda adoptar unilateralmente medidas cuyos efectos negativos afecten al resto de los socios de la Unión. Bastaría recordarle los resultados del proceso de regularización masiva auspiciado por su gobierno, Sr. Rodríguez Zapatero, pero no lo haré. Me alegra que ahora rectifique y apoye la política común en este ámbito, como también me alegro de las declaraciones de su Ministro –me refiero al ministro de Trabajo– que quiere modificar la normativa sobre reagrupación familiar para hacerla más estricta y asimilarla al resto de países europeos. No le llamaré xenófobo por esto. Es más, le brindaré mi apoyo, porque ni nosotros lo éramos cuando lo proponíamos –a diferencia de lo que Ud. decía–, ni creo que Ud. lo sea por rectificar ahora.
Mi partido acoge satisfactoriamente el respaldo dado por el Parlamento Europeo a la Directiva sobre el Retorno de los Nacionales de Terceros Países.
Aunque algunos se empeñen en hacer demagogia con un tema tan sensible, este es un instrumento necesario, entre otras cosas, para garantizar los derechos de los inmigrantes irregulares, que hasta ahora podían quedar "retenidos" sine die en algunos países de la Unión.
Tengo que llamar la atención, Sr. Rodríguez Zapatero, sobre el doble lenguaje que su Gobierno está utilizando en torno a esta Directiva. En España, para quedar bien ante algunos, critican la propuesta; y en Europa, para quedar bien en el Consejo, la apoyan. Esto es lo bueno de las convicciones firmes: que van a todas partes. Incluso la han apoyado ustedes en Estrasburgo. Claro que sin exagerar. Los socialistas españoles votaron 14 a favor, 2 en contra (uno de ellos, el señor Borrell), 1 diputado se abstuvo reglamentariamente y 5 se abstuvieron por ausencia. Por cierto, ¿usted con quien se identifica? ¿Con los del sí, con los del no, con el de la abstención, con los de la resistencia pasiva o con todos a la vez como gesto de flexibilidad?
Sr. Presidente, el asunto que, desde mi punto de vista, ha tenido más relevancia entre los distintos temas de los que se ha ocupado este Consejo Europeo es el de la subida de los precios del petróleo y los alimentos y sus consecuencias.
Ahora bien: ¿Cuál ha sido el papel del Presidente del Gobierno español en este asunto principal? Escaso y en absoluto acorde con el impacto que esta situación tiene sobre la economía española.
Porque es verdad que la subida del precio del petróleo y de los alimentos afecta a todos, pero a los españoles nos toca la peor parte.
Si en los últimos doce meses, en la zona Euro, los precios han subido un 3,7% en España se nos han ido al 4,7%. Compárese este 4,7 nuestro con el 3,1% de Alemania, el 2,1% en Holanda o el 2,8% de Portugal. Cualquier sitio está mejor que España para hacer la compra.
En el caso concreto de los alimentos, a pesar de ser el segundo productor de la zona euro, es decir, que son nuestros, el incremento de precios ha sido superior a la media. Les pondré un ejemplo: tenemos un vecino, Portugal, que también produce alimentos. Sus precios han subido el 4% -3,9 exactamente- y los nuestros el 7% -6,9 exactamente-.
Y lo mismo podríamos decir de la energía. Los precios en España han subido un 16,5%, casi tres puntos más que lo que ha subido de media en el resto de los países europeos.
Todo esto, como es sabido, se traslada al crecimiento y al paro. España es ya uno de los países con menor crecimiento del PIB y mayor crecimiento del paro.
En su última evaluación sobre el Programa Nacional de Reforma español, la Comisión le alertó de la necesidad de corregir los factores estructurales que provocan que España tenga un diferencial histórico de inflación con respecto a la UE. Y uno de los factores en los que más incidió es el funcionamiento de los mercados de productos y servicios. Por ello, hace hincapié en la necesidad de mejorar la competencia en los mercados al por menor y de la electricidad, sobre lo que la Comisión no señaló ningún avance.
De la misma manera, el Banco de España ha recomendado recientemente que se adopten políticas de liberalización y desregulación en los mercados del gas, electricidad y comercialización de hidrocarburos líquidos, así como en el sector de las telecomunicaciones, el comercio minorista y el transporte. Y que estas políticas se acompañen de marcos reglamentarios más sencillos, transparentes y estables.
Según los propios datos de la Comisión Europea, España es uno de los países de la Unión con márgenes de distribución más altos en el sector de los carburantes y que peor ha respondido ante la crisis de la subida de precios. ¿Le extraña pues que agricultores, transportistas, ganaderos o pescadores estén movilizados?
Su actuación en este aspecto en el Consejo Europeo ha sido decepcionante. En lugar de ser el que lleva la voz cantante, por ser el que mayor problema tenía en casa, se ha limitado, como es habitual en usted, a dejarse llevar por la corriente.
En cuanto a la crisis alimentaria, el Consejo Europeo se ha ocupado también de la Reforma de la Política Agraria Común, aunque las conclusiones no aportan ningún elemento nuevo para la revisión del año 2009.
En esa revisión, nosotros que somos el segundo país agrícola, nos jugamos mucho.
A usted le corresponde impulsar en Europa una voluntad política firme para afrontar cambios sustanciales en la Política Agraria Común. Las circunstancias han cambiado radicalmente. Hemos de enfrentarnos a una situación de escasez alimentaria e incremento de los precios, es decir, una situación antagónica de la que justificó el nacimiento de la PAC.
Que los precios de los alimentos suban a escala mundial de la forma que lo están haciendo, y que, a su vez, nuestros agricultores y ganaderos estén, no sólo descontentos, sino movilizados, le debería hacer reflexionar. Porque esto significa que algo no se está haciendo bien.
¿Cuál es la postura española sobre esta reforma? Todavía ninguna. Necesitamos definirla. ¿Qué vamos a decir cuando llegue la hora? Lo razonable es que estudiemos la situación con serenidad y elaboremos una política nacional consensuada y viable.
Deberíamos, y es una propuesta que hago a la Cámara, crear una ponencia o una subcomisión parlamentaria que defina la posición específica de España ante la futura reforma de la Política Agraria Común. Insisto, somos el segundo país agrícola de Europa y nos jugamos mucho en la nueva definición comunitaria sobre esta materia.
También han hablado sobre pesca. Independientemente de las medidas adoptadas desde las instancias comunitarias para atajar la crisis por la que atraviesa el sector pesquero, es indispensable que la Administración Española refuerce las inspecciones realizadas sobre las importaciones procedentes de la pesca ilegal, al ser un factor muy agravante de la crisis del sector pesquero español.
La intención manifestada por la Comisión Europea de adoptar medidas de emergencia para atajar la crisis en este sector es positiva, pero estas medidas deberían ser inmediatas para que surtan el efecto esperado. El Gobierno español debiera exigir procedimientos de urgencia para acortar al máximo todo el trámite legislativo necesario.
Otro de los grandes asuntos tratados en el Consejo es la crisis financiera internacional. El efecto de la misma sobre la economía española es muy notable. De entrada, el euribor a doce meses supera ya el 5,4%, lo que supone más de 200 euros al mes de incremento para una familia española que este pagando su hipoteca.
Nuestra economía es una de las peor preparadas de Europa para esta situación.
La razón es obvia: España es el país de la OCDE que más rápidamente se ha endeudado en los últimos cinco años, debido a la acumulación de enormes déficits del sector exterior. Consecuencia, como ya le he dicho muchas veces, de una política económica contemplativa consistente en no hacer nada.
Señorías, me gustaría detenerme algo más en la lucha contra la pobreza o en la política de vecindad. No hay tiempo. También me gustaría hablar del Proceso de Barcelona, de su actuación o de la Unión Mediterránea. Yo espero que si al final se crea una estructura institucional la secretaría de esta comisión sea otorgada –y espero que para eso demos la batalla– a la ciudad de Barcelona.
Debo decir que me parece bien el anuncio, en la reciente cumbre de la FAO en Roma, de que España podrá aportar 500 millones de euros para luchar contra la crisis alimentaria hasta 2012.
En fin, para terminar, Señorías:
Tenemos que admitir que la reciente cumbre del Consejo Europeo en Bruselas ha dejado una cierta sensación de parálisis institucional. No es la primera vez, ni probablemente será la última, que surgen trabas en el proceso de integración europea. No debemos transmitir mensajes derrotistas, pero sí ser conscientes del desapego de amplios sectores de la ciudadanía ante el proyecto de Europa.
Desde hace ya años, ante esta actitud de distanciamiento y ante la complejidad objetiva del fenómeno europeo, vengo insistiendo en la necesidad de hacer una amplia pedagogía de la Unión y de sus instituciones, incluso mediante la creación de una asignatura para los alumnos de bachillerato en toda Europa, y que usted, en mi opinión, debería plantear en el próximo Consejo al que asista.
Si mala es esa sensación de parálisis institucional, peor es la impresión de impotencia que han transmitido los miembros del Consejo a la hora de abordar los efectos de la crisis financiera, alimentaria y energética que afecta a la mayoría de los ciudadanos. Según hemos sabido, los jefes de Estado y de Gobierno allí presentes expresaron su "inquietud respecto al continuo encarecimiento del petróleo" y su "preocupación por el reciente incremento de los precios de los productos básicos de alimentación" y, en la práctica, poco más han hecho. No es precisamente ésta la pedagogía necesaria para ilusionar a los ciudadanos con el proyecto común europeo; todos los que están ya apretándose el cinturón por la subida de los alimentos, por la subida de los carburantes, por la subida de los tipos de interés, habrán recibido como una ducha fría esa sensación de impotencia que ha transmitido la Cumbre. El europeismo se demuestra andando.
Ojalá, que tras la reunión de la próxima cumbre en el mes de octubre podamos decir cosa bien distintas. Nosotros seguiremos luchando para que eso sea posible y Europa de respuesta a las necesidades reales de los ciudadanos.
