L D (EFE)
Javier Blanco, de 38 años, sufre quemaduras en el 40 por ciento de su cuerpo, especialmente en la cabeza y los brazos, y necesita de un avión ambulancia para ser trasladado. Blanco, que habla con dificultad, es atendido en el hospital internacional de Luxor, donde está previsto que lleguen de forma inminente algunos de su familiares para acelerar la amarga vuelta a casa.
Tampoco ha podido regresar un segundo español, al que todavía se busca en la zona del siniestro, vecina a la localidad de Esna, donde el miércoles el buque de recreo "Kempinski" se convirtió en una antorcha flotante, al parecer a consecuencia de un cigarrillo en uno de los camarotes. Buceadores del Ejército, agentes de Policía y voluntarios remueven las cenizas de la embarcación y las turbias aguas del Nilo, a las que, según testigos consultados por Efe , se lanzó el turista español, ya identificado por la agencia de viajes con la que contrató el crucero.
Algunas fuentes habían informado de que eran dos los ciudadanos españoles de los que no se tenía noticia, y elevaban a seis el número de desaparecidos, ya que no se descartaba que el resto fueran ciudadanos egipcios y de otras nacionalidades. No obstante, la embajada de España confirmó la desaparición de un español, cuya identidad no reveló por respeto a la familia, y dijo que se investigan los rumores sobre el otro posible perdido, sin hacer referencia a los otros cuatro.
En el aeropuerto de Luxor, pocos minutos antes de la partida, las escenas mezclaban el abatimiento, la depresión y la ira de algunos de los damnificados que dijeron "sentirse desamparados" con la actuación de las autoridades españolas. "El embajador italiano llegó esta mañana. ¿Qué tiene que pasar para que nuestros representantes vengan? No hemos recibido ni siquiera una llamada, nos hemos sentido solos, abandonados en medio de la noche, en un hospital de pesadilla", dijo Francisco Javier Escribano, de 37 años y natural de Zaragoza, ingresado de madrugada en el hospital de Edfu junto a nueve aragoneses más.
"Si no es por la rápida acción del capitán de nuestro barco y de otro que estaba cercano, habríamos perecido. Ha sido horrible, una verdadera pesadilla y un milagro", dijo otra de las víctimas, Agustín, quien como el resto ya no tenía maletas para facturar. Según relataron a EFE diversos testigos, la rápida acción del capitán de la nave, que en "menos de 10 minutos" llevó el Kempinski ardiendo por los cuatro costados hasta la orilla y lo amarró a una palmera para que no fuera arrastrado por la fuerte corriente del Nilo, evitó una mayor tragedia.
Tampoco ha podido regresar un segundo español, al que todavía se busca en la zona del siniestro, vecina a la localidad de Esna, donde el miércoles el buque de recreo "Kempinski" se convirtió en una antorcha flotante, al parecer a consecuencia de un cigarrillo en uno de los camarotes. Buceadores del Ejército, agentes de Policía y voluntarios remueven las cenizas de la embarcación y las turbias aguas del Nilo, a las que, según testigos consultados por Efe , se lanzó el turista español, ya identificado por la agencia de viajes con la que contrató el crucero.
Algunas fuentes habían informado de que eran dos los ciudadanos españoles de los que no se tenía noticia, y elevaban a seis el número de desaparecidos, ya que no se descartaba que el resto fueran ciudadanos egipcios y de otras nacionalidades. No obstante, la embajada de España confirmó la desaparición de un español, cuya identidad no reveló por respeto a la familia, y dijo que se investigan los rumores sobre el otro posible perdido, sin hacer referencia a los otros cuatro.
En el aeropuerto de Luxor, pocos minutos antes de la partida, las escenas mezclaban el abatimiento, la depresión y la ira de algunos de los damnificados que dijeron "sentirse desamparados" con la actuación de las autoridades españolas. "El embajador italiano llegó esta mañana. ¿Qué tiene que pasar para que nuestros representantes vengan? No hemos recibido ni siquiera una llamada, nos hemos sentido solos, abandonados en medio de la noche, en un hospital de pesadilla", dijo Francisco Javier Escribano, de 37 años y natural de Zaragoza, ingresado de madrugada en el hospital de Edfu junto a nueve aragoneses más.
"Si no es por la rápida acción del capitán de nuestro barco y de otro que estaba cercano, habríamos perecido. Ha sido horrible, una verdadera pesadilla y un milagro", dijo otra de las víctimas, Agustín, quien como el resto ya no tenía maletas para facturar. Según relataron a EFE diversos testigos, la rápida acción del capitán de la nave, que en "menos de 10 minutos" llevó el Kempinski ardiendo por los cuatro costados hasta la orilla y lo amarró a una palmera para que no fuera arrastrado por la fuerte corriente del Nilo, evitó una mayor tragedia.
