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Peces Barba dice que objetar a EpC es una "posición extrema" que causará "daños irreparables"

La coacción a las familias objetoras de Educación para la ciudadanía continúa. Ahora Gregorio Peces Barba afirma que la decisión de presentar objeciones puede producir "daños irreparables en la formación", y tacha la reclamación de competencias para las familias realizada por la Conferencia Episcopal como "beligerante". José Antonio Marina define el trabajo realizado en EpC como una "estupenda conspiración".

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La coacción a las familias objetoras de Educación para la ciudadanía continúa. Ahora Gregorio Peces Barba afirma que la decisión de presentar objeciones puede producir "daños irreparables en la formación", y tacha la reclamación de competencias para las familias realizada por la Conferencia Episcopal como "beligerante". José Antonio Marina define el trabajo realizado en EpC como una "estupenda conspiración".
L D (Europa Press) En una "carta a los profesores" de cara al inicio de la implantación de la asignatura el próximo otoño, publicada en la revista Idea La Mancha y recogida por Europa Press, el catedrático de Filosofía del Derecho, uno de los impulsores de la asignatura, resalta la importancia del desarrollo "riguroso" de esta materia, para lo que será necesario, añade, "un talante y una autoridad que no puede derivarse de una forma autoritaria de enseñanza sino sólo de la solidez de los argumentos y contenidos".
 
El catedrático cree que EpC, de cuyo contenido es uno de los responsables, puede ayudar a formar también "talantes libres, respetuosos, tolerantes e ilustrados". "Es la mejor expresión de la moralidad de una cultura secularizada y laica que considera al hombre centro del mundo y centrado en el mundo", argumenta, considerando que la objeción de los padres causaría "daños irreparables en la formación y en los títulos académicos de sus hijos",
 
Asimismo, Peces-Barba asegura que la dependencia del desarrollo personal respecto de una vida social libre y democrática "justifica" la asignatura, y agrega que la "actitud beligerante" contraria de la Conferencia Episcopal Española (CEE) reclamando para la familia la competencia en la moralidad social, "no debe retener ni debilitar la voluntad de los profesores, ni la legitimidad de la materia".
 
En su opinión, esa postura está además "llevando a familias a posiciones extremas pretendiendo apoyar una imposible objeción de conciencia, que las puede producir daños irreparables en la formación y en los títulos académicos de sus hijos".
 
"La oposición de la Iglesia institucional, no seguida por los religiosos de la enseñanza, que dan prueba de mayor sensatez, no puede disminuir el empeño por impulsar y desarrollar la Educación para Ciudadanía. Es una obligación y también un honor para los profesores ser los responsables de esa misión", apunta. De hecho, posteriormente concluye afirmando que de su entusiasmo, sus estudios y su trabajo, dependerá que la asignatura no sea una "maría", y que "ayude a formar a los ciudadanos del futuro".
 
Marina, " estupenda conspiración"
 
En el mismo número de la revista, el filósofo toledano José Antonio Marina, en un artículo sobre su visión personal de la asignatura, asegura echar en falta un "debate riguroso" sobre el tema, donde existen "posturas muy enfrentadas", y remarcando que lo fundamental será impartir la asignatura de una manera "objetiva y no sectaria".
 
"¿Tienen razón los padres que reclaman su derecho a educar moralmente a sus hijos? Sin duda. Y si todos lo hicieran con una maravillosa eficacia, la escuela podría dedicarse a otra cosa. No es así, por desgracia, y el sistema educativo tiene que completar carencias sociales de enorme magnitud", añade.
 
Tras reseñar que el derecho a la libertad de conciencia es una "norma ética" que "protege a todas las religiones y que, por lo tanto, todas las religiones deben acatar", Marina admite que la asignatura puede utilizarse como medio de adoctrinamiento, "pero también puede hacerse esto con la historia --de hecho se está haciendo-- y a nadie se le ocurre por ello quitar la asignatura".
El filósofo apuesta por impartir la asignatura no solo desde el punto de vista teórico, sino desde la acción, y niega que haya alguna "maniobra adoctrinadora" detrás de la materia.
 
Hace una última mención al profesorado al afirmar que "no podemos enseñar a los alumnos a enfrentarse con los conflictos si nos dan miedo los conflictos. No podemos animar a debates sobre temas éticos o políticos, si no nos movemos con soltura en esos temas y sabemos encauzar el debate". "Por esta razón, los que van a estar en la vanguardia de esta asignatura, lidiando con problemas concretos, deben sentirse apoyados por todos los que estamos trabajando en estos temas. Debemos formar una estupenda conspiración a favor de una mejor educación ética", concluye.

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