Juan Manuel Ruiz Liso es doctor en Medicina y cirugía. Obtuvo el Premio Extraordinario del Doctorado de la Universidad de Zaragoza. Ha ejercido como Jefe del Servicio de Anatomía Patológica del Hospital general del INSALUD. Actualmente es el Jefe del Servicio de Anatomía Patológica del Complejo Hospitalario de Soria y del SACYL, cargo que ostenta desde 2003. También es el Director General y creador de la Fundación Científica Caja Rural de Soria “para el estudio y prevención de enfermedades degenerativas”. El Dr. Ruiz Liso ha ganado numerosos premios y becas de investigación además de publicar un buen número de libros de medicina.
Cualquier geógrafo sabe que las tierras bañadas por el Mediterráneo gozan de paisajes homogéneos, a expensas de campos de cereales, olivares y viñedos. Todos los pueblos que han pasado por España a lo largo de la historia han valorado este país como lo que era, es y será: una despensa de productos saludables.
Cartagineses, fenicios y helenos ya hablaban de los extraordinarios atunes, pulpos y congrios de nuestras costas, sin olvidar las excelencias de la caza de sus montes. Los romanos, de los que ya hemos hablado, fueron los mejores embajadores de nuestros productos: hortalizas, vino, cereales, frutas y especialmente del aceite de oliva.
Los visigodos, por su parte, no cumplieron la teoría que dice que una invasión es igual a una modificación de costumbres. En su lugar, adaptaron la cultura del aceite de oliva como sustitución de la propia, basada en la cocina de grasas animales. San Isidoro en sus Etimologías decía: El aceite de oliva, llamado español, obtenido de la aceituna madura, es el más adecuado para condimentar”.
Los pueblos del Islam potenciaron el prestigio de nuestros cereales y consiguieron aclimatar en sus países gran variedad de frutas hispanas. Al mismo tiempo se hicieron exportadores de nuestro aceite de oliva por todo el mediterráneo.
Fueron -en honor a la verdad- los monjes de nuestros monasterios quienes guardaron la filosofía de nuestra cultura de la Dieta Mediterránea (DM) en épocas medievales y postmedievo, en que su dieta contrastaba con la de los pueblos vecinos. Hoy, gracias a la moderna arqueología y al estudio de los "elementos traza", conocemos sus hábitos alimenticios y algo muy importante también: la edad media estimada de fallecimiento.
Se estima en casi diez años más la esperanza de vida que tenían aquellos monásticos frente a la media de la nobleza y el pueblo llano. No es que ser solteros les permitiera vivir más años. Fueron precisamente sus dietas las que les concedieron una mayor supervivencia.
Es apasionante contemplar como el Mediterráneo, además de un mar, ha sido un camino de civilización. Los fenicios, los griegos o los romanos lo utilizaron como una vía comercial y cultural a la vez.
La época de los descubrimientos enriqueció la DM con productos como los tomates de la América colombina. En la España de los Reyes Católicos, el gazpacho con aceite de oliva y vinagre constituyó una base alimenticia de los pueblos de Andalucía y Extremadura. Tradición que con la mesta se extendió, con sus variantes, a Castilla a través de los pastores.
Podríamos seguir con un capítulo mucho más largo sobre la historia de la D.M. Sin embargo considero que es el momento de acercarnos al año 1974 en que Grande Covián y Keys, observan un hecho epidemiológico que va a cualificar, más si cabe, a nuestra dieta.
Los países del área mediterránea en los que existía una baja incidencia y mortalidad por Infarto de Miocardio eran además aquellos en los que un determinado tipo de cáncer -el cáncer de colon (intestino grueso)- también tenía un número de casos significativamente inferior al de los países centroeuropeos. De nuevo la DM adquiere un empujón en aquellos sectores de la ciencia de la nutrición.
Además, en 1984 Hartman llama la atención sobre las virtudes “defensivas” de unas sustancias que analizó en el aceite de oliva virgen y que conocemos por “Polifenoles”. Impiden la oxidación de nuestro organismo, evitan el envejecimiento de nuestras células y de nuestros mecanismos celulares al frenar la formación de “radicales libres de oxígeno”. Moléculas con las que debemos enfrentarnos a diario para mantener nuestra salud integral.
En la segunda mitad del siglo XX se observa un hecho muy característico de la sociedad moderna, el “estilo de vida” como hecho diferencial social y económico. Es importante que conozcamos el valor de la alimentación en las relaciones humanas.
En virtud de un acuerdo tomado por la Comisión Europea, la Dieta Mediterránea -y en especial el aceite de oliva que es la principal fuente de grasa- contribuye a la prevención de los factores de riesgo cardiovascular, tales como dislipemia, hipertensión arterial, diabetes y obesidad y por tanto a la prevención primaria y secundaria de la cardiopatía coronaria. Además existe evidencia del papel preventivo de la DM frente a ciertos tipos de cáncer.
Por otro lado, el acuerdo recomienda conservar la tradicional DM en aquellos lugares que siguen este tipo de dieta. Promoverla en aquellos lugares donde no se siga y en especial en los países nórdicos europeos. Fomentar entre fabricantes y distribuidores de alimentos preparados la inclusión de alimentos saludables como el aceite de oliva. Y por último, adaptar la reglamentación y recomendaciones dietéticas nacionales e internacionales a la DM.
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