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Cuando volar era un placer

Carlos Ball

&quote&quotePor desgracia, seguirán surgiendo criminales y terroristas, pero la labor de las autoridades es detectarlos y llevarlos a juicio, no tratar a toda la gente como criminales y terroristas potenciales.

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Recuerdo el amplio espacio, los cómodos asientos, las amables azafatas, la sabrosa comida y los buenos vinos que servían en los vuelos de Pan American. Volar hoy en vuelos comerciales es una verdadera pesadilla. Nunca se sabe a qué hora despegará el avión, mucho menos a qué hora llegaremos a nuestro destino o si las maletas llegarán junto con nosotros.

A pesar de que los aviones son mucho más rápidos, todo ha desmejorado y lo peor sucede antes de montarse en el avión. La prohibición de llevar líquidos me parece absurda, pero más me disgusta que a mi esposa la obliguen a caminar descalza por donde pasan miles de personas cada día, mientras le revisan sus zapatos y su equipaje de mano. La agencia de seguridad del transporte (Transportation Security Administration) gasta 7.000 millones de dólares al año en tratarnos a todos los viajeros como terroristas potenciales e invierten aún más dinero para poder vernos desnudos en una pantalla.

Si usted, por mala suerte, tiene el mismo nombre o un nombre parecido al de alguien que aparece en la lista de posibles terroristas, mejor es que viaje en tren o en autobús. El senador Ted Kennedy, uno de los políticos más conocidos y hermano menor del famoso presidente de Estados Unidos, ha tenido múltiples problemas en aeropuertos por ser su nombre parecido al apodo utilizado por un delincuente.

Y si le da miedo volar en avión, mejor es que no lo demuestre cuando está en la cola para embarcar, ya que eso puede ser mal interpretado por quienes están vigilando a los pasajeros. 

Los pilotos y demás miembros de la tripulación también tienen que perder tiempo y pasar por los mismos puntos de control de seguridad, pero no las personas que limpian los aviones y, por tanto, ellos quizás sí podrían esconder armas o material explosivo dentro de los mismos.

Por desgracia, seguirán surgiendo criminales y terroristas, pero la labor de las autoridades es detectarlos y llevarlos a juicio, no tratar a toda la gente como criminales y terroristas potenciales.

Claro que el delincuente o criminal que planea su primera fechoría no va a estar en ninguna lista. Pero, según el diario Chicago Tribune, esa lista oficial ya contiene más de un millón de nombres y aumenta a una media de 20.000 nombres mensuales.

Cuando la gente está dispuesta a aceptar humillaciones y ceder libertad a cambio de una pizca de más seguridad, podemos estar seguros de que los políticos se aprovecharán de eso para aumentar la burocracia, los controles y las formalidades, malgastando aún más dinero de los contribuyentes.

 
© AIPE
 
Carlos Ball es director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.
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