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Columna publicada el 06-05-2003
El matrimonio Toffler lleva varias décadas evangelizando sobre el advenimiento de lo que llaman "la tercera ola". La civilización tribal original fue arrasada por una primera ola agricultura y sedentaria. Pueblos sumergidos en las culturas resultantes perviven, aunque cada vez menos, en el Tercer Mundo. La segunda ola fue la revolución industrial, la maquinaria, la producción en serie, las instituciones de masas. Ahora vivimos inmersos en el progresivo hundimiento de este modelo, provocado por la tercera ola de la sociedad de la información. Los conflictos, los choques políticos o, incluso, las guerras, se realizarán por el choque de civilizaciones, no al estilo Huntington, sino entre civilizaciones del conocimiento, de la industria y del campo. El hundimiento del comunismo no estuvo en el gulag, sino en el hecho de que, cuando lanzaron el primer hombre al espacio, necesitaron computadores IBM.
Cada civilización posee una cultura, unas costumbres, un tipo de familia, unas empresas y unas instituciones apropiadas para el esquema de producción de cada ola. El ejército no podía ser menos. Si en la primera guerra del golfo pudimos intuir lo que significa la diferencia entre un ejército de segunda ola, con toda la fuerza basada en el metal de sus tanques y en sus enormes batallones de infantería, y uno de tercera, con sus bombas guiadas y sus bombarderos invisibles al radar, en esta segunda la diferencia se ha ampliado. Aún manteniendo rasgos de los viejos ejércitos, los que poseen todos los demás países desarrollados incluyendo a Inglaterra, EE.UU. tiene a sus militares dando los primeros pasos de lo que será el ejército de la era de la información.
En el 91, los aviones despegaban con sus órdenes por escrito; ahora se comunican directamente por medio de la electrónica con sus mandos y con los equipos en tierra que les señalan los objetivos. En menos de una hora, los blancos indicados eran destruidos, mientras los alrededores quedaban intactos. Durante esta guerra se han empezado a probar misiles de cemento, que no explotan y dañan los edificios sin que exista onda expansiva que pueda afectar a los colindantes.
La Cuarta División va más allá, pues cada uno de sus vehículos forma parte de una red digital. No sólo los comandantes saben donde está cada tanque, lo saben todos los miembros de la misma. En el futuro, cada soldado individual formará parte de dicha red, equipado con trajes denominados "Land Warrior", ahora prototipos, que entre otras mejoras permitirán a los soldados mirar a través de su arma, pudiendo disparar a enemigos situados tras las esquinas sin riesgo. Pero, sobre todo, permitirán a cada miembro del equipo saber donde están sus compañeros en todo momento.
Todo esto tiene un enorme coste, imposible de asumir por sociedades básicamente desmilitarizadas como las europeas. También tiene como consecuencia la reducción relativa de los soldados que realmente luchan, mientras crecen los que se dedican a tareas de suministro e información. Un comando se queda sin municiones, y los bits empiezan a circular, informando a las unidades adecuadas para que les lleven lo que necesitan.
No es de extrañar que haya sido el ejército americano, siempre pionero en el uso de computadores y redes, el primero en dar este salto. Y más aún sabiendo que el matrimonio Toffler fue consejero del ejército americano durante la era Reagan.

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