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La energía renovable no existe

En la práctica, la solar y la eólica no son más renovables que el gas o el petróleo.

En la práctica, la solar y la eólica no son más renovables que el gas o el petróleo.
Europa Press

Vivimos en un mundo lleno de mitos, y cuando nos adentramos en asuntos como la energía y el cambio climático hay más mitos que verdades. Uno de dichos mitos es la existencia de energías renovables. El sol siempre está ahí, menos de noche, y siempre produce energía y no se gasta salvo en el muy largo plazo. El viento sopla, menos cuando no lo hace, y seguirá soplando mientras la Tierra siga existiendo. Por tanto, por mucho que consumamos la energía del sol y el viento esta seguirá existiendo.

Este argumento tiene un pequeño fallo, que es lo que lo convierte en un mito: cuando pulsamos un interruptor en casa, no es la luz del sol la que directamente nos ilumina. Cuando arrancamos nuestros vehículos eléctricos, no estamos usando el viento para moverlo. No, en ambos casos empleamos electricidad y tanto el sol como el viento necesitan de un proceso de conversión para que podamos utilizarlos. Y ese proceso de conversión requiere de unos aparatos, placas y molinos, que deben ser construidos con materiales que deben ser minados y cuya cantidad es limitada, como limitados son los hidrocarburos que extraemos de la tierra. El resultado terminado tiene una vida útil limitada y un reciclaje casi inexistente. Así que no, en la práctica, la solar y la eólica no son más renovables que el gas o el petróleo.

Habrá quien me diga que soy un tiquismiquis que se centra demasiado en el lenguaje, pero lo cierto es que todos los que nos dedicamos en mayor o menor medida a la comunicación sabemos que el lenguaje puede servir para iluminar o esconder la realidad. El uso del adjetivo renovable nos ha llevado a todos a pensar, o más bien asumir, que el uso y aprovechamiento de esas energías es esencialmente ilimitado, cuando está lejos de serlo. Cuando nos intentan vender la moto de que podemos sustituir nuestras centrales nucleares y de gas, petróleo y carbón por fuentes renovables nos están mintiendo. Porque aun sin tener en cuenta su poca densidad energética y que exige tener centrales de respaldo o sistemas de baterías todavía sin inventar para cuando no hace sol o no sopla el viento, nuestra capacidad de aprovechar esas fuentes de energía está también limitada por recursos escasos cuya obtención es costosa.

Europa lleva dos décadas sin crecer gracias en buena parte a esa bola de metal que se ha encadenado al pie llamada energías renovables. Pero aun suponiendo que la descarbonización sirva realmente de algo, dado que lo importante son las emisiones globales, que Europa se suicide no sirve de nada, porque Asia se está encargando de fabricar lo que nosotros hemos dejado de hacer, emitiendo todo lo que nosotros hemos dejado de emitir y más.

Si España desapareciera mañana, lo harían con ella alrededor del 0,5% de las emisiones globales. Nuestros esfuerzos, en suma, son baldíos. Hay quien argumenta que no es así, que la UE lidera con el ejemplo, pero para poder liderar debe haber alguien que siga al líder. Después de dos décadas de esfuerzos baldíos, no lo ha hecho nadie y ya podemos concluir. Pero es que además, si lo hiciera, no habría capacidad para construir placas y molinos para todos. Porque la energía renovable requiere de materiales y esfuerzos nada renovables para poder utilizarse.

Ha llegado el momento de dejar de destruir nuestro futuro en el altar del histerismo climático. Ni el calentamiento global nos va a extinguir ni nada de lo que hagamos para evitar que suban las temperaturas realmente servirá para nada. Nuestras economías emitirán menos cuando usemos tecnologías de gran densidad energética, como la nuclear, que no emitan gases de efecto invernadero. China no se ha dejado engañar por el mito renovable, India tampoco lo hará y los Estados Unidos están regresando a la fisión a toda prisa por las necesidades de sus centros de datos. Si España y Europa quieren sobrevivir, es urgente que también en esto corrijan el rumbo.

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