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El túnel

¿Es Google un monopolio?

Dada la reciente evolución de la red, la pregunta acerca de si Google es un monopolio puede ser de todo, menos un ejercicio retórico: según el informe de treinta y cinco páginas desarrollado por Scott Cleland, un analista del sector, y publicado íntegro en Googleopoly.net, resulta más que posible que el Departamento de Competencia de la Federal Trade Commission (FTC) bloquee la reciente transacción de tres mil quinientos millones de dólares mediante la cual Google anunció la adquisición de DoubleClick, la mayor agencia de publicidad en Internet.

Según el citado informe, para que una compañía en el mundo financiero igualase la concentración producida por la adquisición de DoubleClick por Google, debería poseer nada menos que los quince mayores bancos y gestores de patrimonios de Wall Street, alrededor del 60% de todos los hedge funds y private equities, las bolsas de Londres y Nueva York, los dos proveedores más importantes de información financiera (Bloomberg y FactSet), dos de los tres proveedores norteamericanos de perfiles de crédito (Equifax y Experian), y en torno al 60% de los datos completos de consumidores de la Reserva Federal y del Censo de los Estados Unidos. Algo, por supuesto, completamente impensable desde un punto de vista de la economía tradicional, pero que corresponde, según el autor, a la situación actual de Internet y del mercado publicitario.

Desde España, el país en el que Google posee la mayor cuota de mercado en búsquedas en Internet, las cifras no resultan casi ni sorprendentes: después de todo, entre noventa y cuatro y noventa y nueve de cada cien búsquedas realizadas por españoles en Internet se hacen a través de Google.

Una de las cuestiones que resulta sin duda interesante plantearse al hilo de la posibilidad de que la legislación antimonopolio intervenga con respecto a Google es la forma en que dicha posible decisión refleja el incremento de velocidad con el que discurren los negocios en nuestros días. Tomando como referencia dos de las más conocidas intervenciones del Bureau of Competition de la Federal Trade Commission norteamericana, la escisión de AT&T y la sentencia "los Estados Unidos contra Microsoft" del 3 de Abril de 2000, una pequeña cuenta nos lo dice todo: AT&T fue fundada como tal en 1880, y tardó casi cien años (1974) en recibir el duro impacto de la legislación antimonopolio. Microsoft nació en 1975, y recibió dicho impacto en el 2000, veinticinco años más tarde. En el caso de Google, fundada en 1998, los primeros problemas serios con las autoridades de defensa de la competencia podrían venir en este mismo año 2007... ¡tan sólo nueve años después!

Pero ¿es realmente Google un monopolio? En algunas de las actividades que realiza, como la búsqueda, la pregunta recibe una respuesta diferente según dónde sea planteada. Para un español, un alemán o un holandés, la respuesta es afirmativa: en los tres casos, la penetración de búsquedas hechas en Google supera el 90%. Sin embargo un chino diría que no, dado que Google representa tan solo el 21%, claramente por detrás de Baidu, el buscador dominante. En Japón, la penetración de Google es inferior a la mitad de la que posee Yahoo! En Corea del Sur, Google es prácticamente un desconocido, un competidor completamente minoritario, que sólo se utiliza en un 1.7% de las búsquedas realizadas. En el país más conectado del mundo, Google todavía lo tiene todo por hacer. Aún así, el caso de Corea del Sur, aunque preocupante y prioritario para Google, no deja de ser moderadamente anecdótico: en todo el mundo, el porcentaje de búsquedas realizadas en Google sobre el total ronda el 65%.

Pero no, no estamos planteando si el tener dos tercios de un mercado es tener un monopolio. La pregunta es, en realidad, bastante más compleja, porque la búsqueda no es en realidad la actividad más importante de Google. Por mucho que todos conozcamos a Google como un buscador y lo utilicemos para hacer búsquedas, por mucho que su misión diga que aspira a "organizar la información proveniente de todo el mundo y hacerla accesible y útil de forma universal", en realidad la búsqueda es para Google poco más que un simple soporte. Un soporte importante, pero uno más entre otros muchos, para poder poner sobre él aquello de lo que Google obtiene la práctica totalidad de sus ingresos: la publicidad.

En realidad, toda la actividad de Google está destinada a generar atención, y a revender posteriormente esa atención a aquellos anunciantes interesados en obtenerla. Atención alrededor de las búsquedas, los mapas, los mensajes de correo electrónico, las entradas en blogs, las páginas de medio mundo que piden a Google que les gestione un espacio... atención alrededor de cualquier cosa, que Google se encarga de sazonar con los convenientes anuncios. Ese es, en realidad, el mercado al que nos referimos.

Es en ese mercado donde la combinación de Google y DoubleClick genera un enorme imperio que incluye a una amplia mayoría de los usuarios, a una enorme mayoría de los anunciantes y a una apabullante mayoría de los soportes. Un competidor gigantesco, un coloso capaz de, potencialmente, plantear un comportamiento monopolístico en cuanto a precios, posibilidades de elección, conflictos de intereses o pérdidas de privacidad. Ese es el monopolio al que se refiere Scott Cleland: un mercado en el que Google, combinado con DoubleClick, posee una participación enorme en los tres vértices del triángulo: anunciantes, soportes y clientes. ¿Una amenaza contra la que la legislación antimonopolio debe proteger al mercado? Pues si el único elemento en contra es el de que no son evil, no sé, como que no me quedo muy convencido.

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