
Llaman "negacionistas" a los escépticos, equiparando el cambio climático con el holocausto, como si criticar una proyección matemática para dentro de cincuenta años fuese idéntico a pasear por los barracones de Treblinka negando las masacres.
En estas ha llegado Al Gore, que en España ha hecho las dos cosas que mejor sabe hacer. En primer lugar, subirse al púlpito y adoctrinar a orgullosos, aguerridos e indomables líderes de opinión convertidos para la ocasión en aborregados, solícitos y aduladores monaguillos. En segundo lugar, ha leído la cartilla a los españoles sobre su escepticismo y su falta de fe, y ha tratado de humillar ("me han hablado de ése") al líder de la oposición, Mariano Rajoy, único político que ha puesto algo de sentido común al asunto, enfrentándose al todopoderoso y fracasado político demócrata y a toda su corte de aduladores.
¿Qué decir de la cruzada del aerotransportado y ultracontaminante político americano? Muchas cosas, de las que hoy resaltaremos tres:
Estos inquisidores no rebaten las críticas de los escépticos; los descalifican moral y personalmente. Les acusan de cobrar dinero de multinacionales, petroleras y, como no, de Bush. Eluden la discusión, el debate. De las críticas, no saben-no contestan. Y en una muestra de miseria intelectual y moral, llaman "negacionistas" a los escépticos, equiparando el cambio climático con el holocausto, como si criticar una proyección matemática para dentro de cincuenta años fuese idéntico a pasear por los barracones de Treblinka negando las masacres.
Eso sí, la progresía hispana, azuzada por Gorquemada, se ha lanzado a perseguir a los sospechosos habituales, entre los cuales esta vez no se encuentra Aznar, lo que muestra que no están en buena forma. En lo que queda de visita del inquisidor a España, tendrán que reabrir la Causa, porque no es de recibo que parte importante de la derecha se salve de arder en la hoguera del calentamiento global.
