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CEROS Y UNOS

Sabre, el programa que lleva 50 años funcionando

Una buena amiga, agente de viajes ella, tiene en su currículum sus conocimientos sobre un sistema de reservas de vuelos, hoteles, alquiler de coches y ese tipo de cosas llamado Sabre. No es que sea el más utilizado, ni de lejos, pero el caso es que sigue funcionando y se sigue usando, cincuenta años después de su creación.

Durante los años 40 y 50, contemplar una oficina de reservas de una gran aerolínea era como viajar hacia atrás en el tiempo, hasta finales del siglo XIX, a antes de que las máquinas que procesaban la información contenida en tarjetas perforadas llegasen a bancos y compañías de seguros. El núcleo lo formaban unas sesenta personas, que atendían el teléfono a clientes y agentes de viajes, gestionando una compra, una reserva, una cancelación o una consulta de disponibilidad. Grandes tablones les informaban de los datos de los vuelos de los próximos días. Si necesitaban consultar algo más lejano, tenían que levantarse y consultar los archivadores correspondientes. Cuando terminaban una transacción, y atendían unas mil al día, la describían en una ficha. Cada pocos minutos, esas fichas eran recogidas y llevadas a la parte de atrás, donde otras cuarenta personas actualizaban los datos de los vuelos. Si había una venta, los datos del cliente se llevaban a una oficina contigua, donde otras cuarenta personas emitían los billetes y gestionaban la información del pasajero. Y si un viaje requería tomar varios vuelos, había que ponerse en contacto con otras oficinas similares para que gestionaran su parte. Un sistema bien engrasado, complejo y casi imposible de escalar para que una aerolínea pudiera tener muchos más vuelos.

La razón por la que las compañías aéreas continuaban con un esquema completamente manual era que tanto las máquinas de oficina, herederas de aquella primera que construyó Hollerith para el censo, como los nuevos ordenadores que estaban saliendo al mercado funcionaban de un modo conocido como procesamiento por lotes. Era lo más práctico, dado el estado de la tecnología: consistía en meterle a la máquina un conjunto muy grande de información y esperar a que la procesara entera. Pero resultaba incompatible con las necesidades de la aviación civil, que requería la gestión individual y en tiempo real de cada transacción.

American Airlines fue pionera en cambiar este orden de cosas mediante Reservisor. El sistema manual estaba llegando al límite, y algunos de sus oficinistas tenían que emplear prismáticos para ver los tablones de los vuelos. Así que pusieron un ingenio electromecánico que guardaba la ocupación de los asientos en cada avión y un terminal para cada persona que atendía al teléfono, de modo que su número pudiera aumentar y además lograran eliminar de la ecuación los dichosos tablones.

IBM mete la nariz

Pero se estaba acercando la era de los aviones de pasajeros con motores de reacción, y ni siquiera Reservisor era capaz de gestionar las reservas si los vuelos entre la Costa Este y la Oeste de EEUU pasaban de durar diez horas a sólo seis. Sin embargo, quiso la casualidad que en uno de esos vuelos del sistema sentara, uno junto al otro, al presidente de American Airlines, C. R. Smith, y a uno de los principales vendedores de IBM, Blair Smith. Era la primavera de 1953. En ese momento comenzó la relación entre ambas empresas, que llevaría a lo largo de los años a la creación e implantación de la aplicación informática de uso civil más exitosa hasta esa fecha.

El trabajo de un equipo conjunto formado por empleados tanto de la aerolínea como de IBM llevó a una curiosa estrategia, planteada en verano de 1954: se mejoraría el sistema existente y se iría preparando su sucesor, porque hasta que no se generalizaran los ordenadores equipados con transistores y núcleos de ferrita no resultaría rentable. Así, durante unos años las oficinas de reservas de American Airlines se llenaron de equipos de IBM que pronto quedarían obsoletos. Mientras, se diseñaba Sabre, un programa cuyo nombre se puso en 1960 en referencia a un popular coche de la época, el Buick LeSabre, y para el cual se buscó luego un acrónimo. Algo así como el Grupo Independiente Liberal, vamos.

El sistema se implementó entre 1960 y 1963, y requirió la mayor inversión en tecnología de la información que empresa alguna hubiera acometido hasta el momento. La factura llegó a los 40 millones de dólares de entonces, y se necesitaron 200 técnicos trabajando a jornada completa en el proyecto, programadores que generaron más de un millón de líneas de código. La central de reservas tenía dos grandes computadoras (o mainframes) IBM 7090, una de ellas a la espera por si la otra fallaba, conectadas al mayor sistema de almacenamiento de la época, capaz de almacenar unos 800 megas, poco más que un CD. Unos 20.000 kilómetros de líneas de telecomunicaciones permitían a 1.100 agentes distribuidos en 50 ciudades operar con el sistema, capaz de gestionar unos 10 millones de reservas al año. Vamos, que para su tiempo aquello era la reluche; tanto que, pese a su precio, se tardó sólo un año en rentabilizar la inversión.

De Sabre a Amadeus

Otras aerolíneas se dieron cuenta de que corrían el riesgo de ser fagocitadas por American Airlines y decidieron seguir sus pasos. Delta y Panam firmaron en 1960 y 1961 con IBM –que desarrolló para ellas Deltamatic y Panamac–, y otras compañías aéreas dentro y fuera de Estados Unidos siguieron sus pasos, ya fuera con el gigante azul o con otros proveedores, de modo que a comienzos de los 70 todas contaban con sistemas similares, que además comenzaron a ampliarse para gestionar el alquiler de coches, la reserva de hoteles y otras gestiones relacionadas.

Con el tiempo, Sabre se abrió a otras compañías aéreas, y se convirtió en la manera en que muchos agentes de viajes realizaban las reservas. En 1981 American Airlines descubrió que más de la mitad de las veces estos vagos elegían el primer vuelo que aparecía entre los resultados, y en un 92% de los casos un vuelo que saliera en la primera pantalla. Algo así como lo que hacemos actualmente con Google. La compañía decidió cocinar los resultados, al principio con buenas intenciones, como colocar más arriba los vuelos con la hora de salida más cercana a la solicitada y cosas así. Pero luego usó esta técnica para hacer desaparecer vuelos que competían demasiado con ellos. Una pequeña compañía, New York Air, tuvo que eliminar una ruta entre Nueva York y Detroit que tenía ocho vuelos diarios cuando American decidió colocarla al final de la primera pantalla de resultados de Sabre: tal fue la caída en las reservas.

Posiblemente esa fuera una de las razones por las que varias aerolíneas europeas fundaron en 1987 la empresa Amadeus, con sede en Madrid, que actualmente es la empresa con mayor cuota en el mercado de los sistema de reservas, y la que tienes que saber manejar por narices si quieres trabajar en el gremio. De hecho, desde sus comienzos publicitaron el hecho de que eran el único neutral entre los sistemas de este tipo existentes. Pero Sabre sigue existiendo como compañía independiente después de que American Airlines la vendiera en oferta pública en el año 2000. Cincuenta años después de empezar a implantarse, está en tercer lugar en el mercado, tras Amadeus y otro sistema de reservas llamado Galileo. No es mal resultado para una conversación en un vuelo de Los Ángeles a Nueva York.


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