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LA LUCHA POR LA IGUALDAD

El día que Cleveland hizo historia

No hay un solo momento histórico que pueda dar completa cuenta de la promesa americana de igualdad. Pero si hubiera que elegir una fecha, no estaría mal decantarse por el 7 de noviembre de 1967. Aquel día, Carl B. Stokes, tataranieto de un esclavo, se convirtió en el primer alcalde negro de una gran ciudad estadounidense (Cleveland). Para ello hubo de vencer a Seth Taft, nieto del presidente William Howard Taft.

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En la actualidad, la Conferencia de Alcaldes Negros tiene medio centenar de miembros, entre ellos los primeros ediles de Filadelfia, Detroit, Washington, Atlanta y Memphis. Hoy en día, cuando un senador negro se postula como candidato a la Presidencia, el Departamento de Estado está en manos de una mujer negra (que, a su vez, sucedió en el cargo a un militar de raza negra) y Massachusetts tiene por gobernador a un negro que se crió en el South Side de Chicago, el hecho de que una ciudad del Rust Belt elija un alcalde negro puede parecer una nadería, pero en 1967 no lo era.
 
Hace cuarenta años, los negros seguían siendo ciudadanos de segunda en los EEUU. Las leyes relacionadas con los derechos civiles ya estaban en vigor, pero el racismo seguía ahí, pisando fuerte. En numerosas ciudades, los disturbios raciales desembocaron en "largos y tórridos veranos". En la propia Cleveland, el distrito de Hough ardió por los cuatro costados entre el 18 y el 23 de julio de 1966, mientras que la barriada de Glenville correría la misma suerte en julio de 1968. Aquí y allá, había políticos negros desempeñando cargos legislativos o judiciales, pero ninguno había conseguido hacerse con el bastón de mando de una ciudad de primer nivel.
 
Stokes era un abogado cortés y carismático. "Guapo a rabiar", según el número del 17 de noviembre de 1967 de la revista Time, lucía "costosos trajes de raya diplomática hechos a medida y camisas con sus iniciales bordadas", y era aficionado a los puros de la marca Antonio y Cleopatra. Pero en su infancia conoció la pobreza de primera mano.
 
No era más que un chaval cuando se quedó huérfano de padre. "Durante los siguientes once años –podía leerse en aquel número de Time–, Carl, su hermano mayor (Louis) y su madre compartieron cama y dormitorio con las ratas. Como la señora Stokes trabajaba de criada, era la abuela quien se hacía cargo de los críos".
 
Stokes, en la portada que le dedicó TIME en noviembre del 67.A Stokes le llevó su tiempo decidir que lo que quería era ser político. Tras servir en el Ejército, se desempeñó como inspector de bebidas alcohólicas, agente de la condicional y ayudante del fiscal. En 1962 saltó por vez primera a la arena electoral... y se convirtió en el primer demócrata de raza negra en conseguir un escaño en la Legislatura de Ohio. Tres años más tarde se postuló para la Alcaldía de Cleveland: a punto estuvo de desbancar a Ralph Locher, que optaba a la reelección.
 
Por aquel entonces, Cleveland era la décima ciudad más populosa de la nación, y el 65% de sus habitantes era de raza blanca. Que Stokes hubiera estado a un tris de hacerse con la victoria llenó de alegría a la comunidad negra. Un día, Stokes y su mujer participaban en un desfile a bordo de un descapotable. "Unos chavales negros nos gritaban y saludaban –escribió tiempo después el propio Stokes–. Uno de los más pequeños empezó a dar saltos y a exclamar: '¡Es de color! ¡Es de color!'. Acto seguido, cruzó la calle a la carrera, saltando, aplaudiendo y gritando: '¡Es de color!, ¡Es de color!'. Aquel día ese pequeño se sintió, quizá por primera vez en su vida, orgulloso de ser negro".
 
Dos años después, durante las primarias demócratas, que habrían de enfrentarle de nuevo al alcalde Locher, la estrategia de Stokes consistió en buscar el voto masivo del electorado negro y, a la vez, garantizar a los blancos que no se trataba de la toma del poder por parte del Black Power. En 1965 prácticamente se había limitado a hacer campaña en las zonas negras del East Side; en el 67 se esforzó por buscar votantes en el West Side, abrumadoramente blanco. Los militantes negros también pusieron su granito de arena: corrieron la voz de que se enfriaran los ánimos "por el bien de Carl"; es decir, trataron de evitar que se produjeran estallidos como el que había asolado Hough en 1966.
 
En cambio, los demócratas reaccionarios estaban que echaban chispas. El comité de un condado llegó a distribuir unos planfletos en los que se advertía de que si ganaba Stokes, el verdadero alcalde de la ciudad sería Martin Luther King, al que se describía como "destacado racista". El propio Stokes no renunció a jugar la baza racial. Así, publicó en la prensa anuncios a toda página que decían, en caracteres enormes: "NO VOTE A UN NEGRO". El mensaje continuaba, ya en letra más pequeña, como sigue: "Vote a un hombre. Vote por la capacidad".
 
Llegó el día de las primarias demócratas, y Stokes venció a Locher. Ahora le esperaba Seth Taft, un caballeroso republicano procedente de una distinguida familia política.
 
Fue una elección reñidísima y, cuando se contaron los votos, histórica: los votantes, blancos y negros, habían colocado a un afroamericano al frente de una de las mayores ciudades del país; una ciudad, además, habitada muy mayoritariamente por gentes de raza blanca. "Puedo aseguraros –dijo Stokes a sus seguidores cuando se supo vencedor– que hasta ahora no conocía el significado profundo de las palabras Dios bendiga a América".
 
Aún queda mucho por recorrer para alcanzar la más perfecta unión. Pero hace cuarenta años, en Cleveland, se dio en paso decisivo.
 
 
JEFF JACOBY, columnista del Boston Globe.

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