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Columna publicada el 31-10-2003
La reacción pública que José María Aznar ha mantenido, desde São Paulo, ante el anuncio del Alcalde Ruiz Gallardón de subir de impuestos en Madrid, es cuando menos sorprendente. Un Aznar sigiloso, ambiguo, diciendo sin decir y hablando en voz baja en una cuestión que para su Gobierno ha sido capital, nos deja al descubierto una novedad, hasta ahora, impensable. En un momento, además, en el que el presidente del Ejecutivo se encuentra en clara retirada, se muestra relajado y dice lo que piensa sobre cualquier cuestión con absoluta sinceridad.
El presidente Aznar ha sido preguntado precisamente en la rueda de prensa final de su visita oficial a Brasil. Y él, que se puede considerar el gran valedor del equilibrio presupuestario y de la bajada casi constante de impuestos, se ha mostrado demasiado escurridizo, en algo que contradice sus directrices de política económica. Aznar dice, ahora, que los Ayuntamientos son autónomos en sus cuentas, que el "gratis-total" del PSOE no ha engañado a nadie y que las cosas cuestan dinero y eso la gente lo sabe. Además, añade que son los Ayuntamientos los que deben explicar sus decisiones. Eso sí, al menos ha acotado que el Gobierno, que él preside, mantiene sus objetivos de equilibrio presupuestario y su interés de que esos objetivos se respeten por todas las Administraciones.
Estarán conmigo que este Aznar no es el que conocemos. El que defendía con pasión sus grandes logros económicos. El que razonaba con contundencia las líneas básicas de su política económica. El que ponía encima de la mesa una catarata de datos y cifras que demostraban sus aciertos en las políticas fiscal y presupuestaria. En fin, una de dos: o Aznar ha cambiado, o es que pretende convertirse en el primer valedor de Alberto Ruiz Gallardón. Conociendo mínimamente al presidente del Gobierno, la decisión del Alcalde de Madrid no le puede parecer bien. Rompe de cuajo y de raíz con unas políticas, unas maneras y unos mensajes que fueron y son el estandarte político del PP. Gallardón, como tantas otras veces, vuelve a ir por libre, pero ¡oh! sorpresa, Aznar esta vez no se ha enfadado, como otras veces en el pasado sí lo hizo. ¿Qué está pasando, qué ha cambiado?
Es evidente que cuando Aznar está en la recta final de su mandato no quiere más problemas, también hay que pensar que la presencia de Ana Botella en el Consistorio madrileño influye para que Aznar se mueva entre dos aguas, y por supuesto un gesto de preservar de la polémica a Ruiz Gallardón, que sigue siendo uno de los políticos que más cuentan para el futuro del PP. Estas son algunas de las razones que pueden sugerir las circunstancias; pero desde luego son simplemente razones. Lo que no encontramos es una explicación coherente para actuar de esa manera. Aznar, sin renunciar a sus principios económicos, ha dado una cierta muestra de debilidad con el que, durante años, fuera la oveja negra del PP. Aznar ha bajado la guardia en algo capital para los populares. Es un precedente que puede abrir la puerta a otras iniciativas en un año electoral en el que estas polémicas no benefician al Partido Popular. Un Aznar con una respuesta gallega ¡Lo nunca visto!

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