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Internet y libertad

Yo soy cliente de Megaupload

Es posible que Internet y sus posibilidades de comunicación hayan sido el reino de la libertad más real para los ciudadanos de todo el mundo desde... desde nunca, o siempre. Un sueño. Es la primera vez, probablemente, que cada ciudadano se ha sentido libre de expresar, de comunicar, de compartir y de aprender, entre otras cosas, con muy escasas limitaciones. Yo, personalmente, me siento muy enriquecido por Internet y sus posibilidades. Tengo perfectamente claro que toda circulación libre por el mundo exige una formación moral, además de técnica, científica y humanista. Pero Internet, la universidad de la calle de nuestros días, nos ha hecho a todos más libres. Naturalmente, tanta libertad tenía que resultar insoportable para quienes desean controlarlo todo. No les basta con los tribunales. Necesitan nuevas leyes que limiten esta libertad antes que proceder a agudizar el coco para ver cómo aprovechar el inmenso mercado de miles de millones de personas sin limitar sus libertades.

Yo soy cliente de Megaupload. Sé que habré tirado el dinero si es destruida, pero quiero explicar por qué me hice cliente de esta empresa que me permitía intercambiar archivos con otras personas de todo el mundo. Primero, fue la curiosidad. ¿Podía un amigo argentino pasarme el archivo sonoro del tango Cambalache cantado por Carlos Gardel en un teatro del puerto de Buenos Aires hace así cien años? Sí, podía. ¿Podía otro pasarme el archivo escaneado de un libro que no encontraba? Podía. En el tiempo de las cintas magnetofónicas, venían amigos de Madrid y nos permitían copiar las canciones que habían grabado en los conciertos. Poníamos el acento en compartir libremente lo que era nuestro porque lo habíamos comprado y en su precio ya estaba incluido el concepto "derechos de autor".

Fue poco después cuando renové mi condición de socio con mala leche. Cuando comenzaron en la Sociedad General de Autores a defender el derecho de los autores frente y por encima del derecho de los consumidores y sus libertades, empecé a cabrearme. Cuando empezaron a cargarme sin motivo ni razón una cantidad, el canon, por si acaso yo era un ladrón de derechos, mi cabreo fue absoluto y entonces decidí que si se me trataba como a un ladrón de manera indiscriminada, actuaría sin el más mínimo remordimiento no sólo ya en Megaupload sino en todas las empresas que se dedican a lo mismo, que son muchas.

Creo que es un error la Ley Sinde y que, si es necesaria una ley para que todos nos sintamos respetados –pero dentro de un universo de libertades y no de prohibiciones–, el ministro Wert debería escuchar mucho y a muchos antes de tomar partido, como ha hecho, sin más explicación.

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