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Yolanda, eternamente a la OIT que sea

Alguien puede subir más alto de lo que su competencia permite porque el criterio de su ascenso no es el rendimiento sino la lealtad, el parentesco, la ideología o el favor político.

Alguien puede subir más alto de lo que su competencia permite porque el criterio de su ascenso no es el rendimiento sino la lealtad, el parentesco, la ideología o el favor político.
Yolanda Díaz, durante una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, a 21 de julio de 2026, en Madrid. | EUROPA PRESS

Cómo una persona, sea cual sea, se eleva en la vida laboral, social y política sin que el Principio de Peter caiga sobre ella como una maldición apropiada, es un enigma. O no. Ya saben que ese famoso principio expresa que en una organización jerarquizada, como lo es la política, uno asciende hasta que demuestra ser incompetente para el puesto alcanzado. ¿Cómo es que ese Principio tan realista no ha terminado con la vida política de Yolanda Diaz después de todas las sandeces, simplezas y dislates que le hemos escuchado y conocido?

Podría ser un enigma pero no lo es. ¿Por qué? Porque el famoso principio puede ser desplazado hacia arriba, que no anulado, por los enchufes, favores, concesiones y favoritismos ideológicos. Alguien puede subir más alto de lo que su competencia real permite porque el criterio de su ascenso no es el rendimiento sino la lealtad, el parentesco, la afinidad ideológica o el favor político. Al subir a un nivel mucho más alto del que merecería, el daño de su incompetencia es igualmente más alto.

De su trayectoria ya podían haberse inferido anomalías. Pasar de ser una abogada comunista y sindicalista (CCOO) para llegar a ser la Primera Dama Roja de la izquierda transanchista, tras traiciones y abjuraciones varias, en plena descomposición de Podemos e Izquierda Unida, da una idea de cómo ha sido su escalada sin freno ni principio de Peter en muy pocos años.

Me parece que puede haber un cierto consenso en considerar que Yolanda Díaz ha demostrado su incompetencia en cuatro flancos, cuando menos, de la acción política. Primero, el de la lealtad. Xosé Manuel Beiras —histórico líder nacionalista gallego y antiguo aliado— dijo con toda claridad: "Fue la primera persona que me traicionó", aludiendo a su papel en Marea y AGE para hacer carrera en Madrid y luego abandonarlo no sin antes haber ensalzado al tirano Hugo Chávez, en quien reconocía al autentico libertador de América.

No fue el único. El mismo Pablo Iglesias que la promocionó, la culpó de haber trabajado "con mafiosos" para destruir a Podemos. O sea, la acusó de traición. Lo mismo hizo Irene Montero en su último libro: "Lo que no calculamos es que Yolanda Díaz se prestaría, igual que lo había hecho Íñigo Errejón antes, a esta operación política… El resultado de esta operación política fue regalar a Pedro Sánchez un gobierno de facto en solitario…". O sea, que de instrumento de Podemos pasó a ser instrumento de Pedro Sánchez manteniendo el cargo, claro.

Pero su incompetencia manifiesta se ha demostrado en otras lides. Digamos que intelectualmente nos ha obsequiado con dichos y escenas que abochornan. Recuerden aquello de "autoridades y Autoridadas" o lo de las más "debilas" para referirse a las perjudicadas por la DANA de 2024, a la que calificó de "pandemia". Fastuosa fue su ignorancia cuando atribuyó el dicho de que "el dinero público no es de nadie" a un dirigente del PP cuando es manifiesto que la autora de tal barbaridad fue la socialista Carmen Calvo en 2006. Y lo hizo en el mismo acto en que aseguró que iba a haber un gobierno de corrupción para rato en España, en lo que acertó, aunque se refería a un gobierno de coalición.

Cualquiera puede acudir a las hemerotecas y comprobar cuál es el nivel de incompetencia que ha mostrado en diferentes ocasiones, no solo en el uso del lenguaje sino en el uso de conceptos, por ejemplo, cuando aludió a la economía española regida por Pedro Sánchez como a una economía horizontal, que te abraza, feminista, etc., que causó la perplejidad de los especialistas y del público letrado.

Pero lo más llamativo de este análisis "irrelevante" —los relevantes sólo son los de Zapatero, al que no ha exigido explicaciones contundentes ni ha afeado comportamiento alguno, ni siquiera en el caso de las joyonas encontradas en su despacho de Ferraz—, es cómo ha demostrado su incompetencia política para aunar un proyecto de la extrema izquierda, motivo por el cual fue designada como gran "dama roja". El análisis relevante de Zapatero la confirmó como un "activo para la izquierda". Que sepamos, este informe no lo cobró.

Lo cierto es que habiendo obtenido infrecuentes apoyos para su misión histórica –hasta la recibieron Mohamed VI y el Papa Francisco— y tras haber traicionado a Pablo Iglesias —Luis María Anson, que sabe de esas cosas, la llamó Yolanda Díaz Iscariote—, ha logrado en muy pocos años el eclipse casi total de Podemos y de toda la izquierda extrema española en beneficio de Pedro Sánchez. O sea, su fracaso es absoluto y su incompetencia verificada.

Hay quien cree que no, que ha sido muy competente destrozando a la izquierda del sanchismo, que ha sido y es su lealtad principal. Hypotheses non fingo. Lo cierto es que ahora parece empeñada en culminar su desastre exigiendo una "salida" a su debacle política: secretaria general de la OIT, léase Organización Internacional del Trabajo, a cuya sede encaminará su ya legendaria incompetencia incrementando el daño por incumplirse el Principio de Peter, aplicándose el cual apenas habría salido de su Coruña natal.

No es que esa OIT sea muy superior a otras posibles como la Oficina de Intrigas y Traiciones (OIT) o la Organización de Incompetentes Tóxicos (OIT) u Oficina de Intervencionistas Totalitarios (OIT). Pero no comprendemos cómo el desalmado Sánchez se apresta a descalabrar a los trabajadores del mundo para pagarle sus favores o quitársela de en medio, que quién sabe. Bueno, sí.

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