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La guerra y la oposición

Huevos y bombas

Aunque las izquierdas y los nacionalistas han tenido que “tragar” –pues ya se ve que lo han hecho a disgusto– una transición y una democracia organizadas desde el franquismo, y una Constitución hecha, por primera vez, por consenso, siempre han estado al acecho de la ocasión de romper los pactos. Cada poco recordaban cómo habían aceptado “olvidar” los crímenes del régimen anterior, dando a entender que la democracia no sería completa en tanto no se “aclarase el pasado” y se les diese plena satisfacción. Mientras el PSOE gobernó, la cosa se mantuvo como un chantaje sobre el PP, sometido a constantes alusiones a su legado franquista. Tales referencias provocaban en la derecha el reflejo condicionado de una bajada de pantalones.

Pero desde la subida del PP al gobierno, esas majaderías, tan típicas y peligrosas, han cuajado en una campaña permanente, destinada a socavar la legitimidad de la derecha para gobernar. La satanización absoluta y obsesiva del franquismo, desvirtuando salvajemente la historia –con la colaboración del propio PP–, recuerda a la campaña sobre la represión de Asturias en los años 30, que tanto ayudó a crear el clima de guerra civil. Su objetivo directo es paralizar al PP, como en los años 30 paralizaban a la CEDA con la acusación de “fascista”; y el indirecto desacreditar la transición como una salida impuesta desde el régimen anterior, salida provisional pero necesitada de “superación”. Habría llegado el momento de “superar la Constitución” y entrar en la “legitimidad” de un régimen al estilo de la catastrófica II República, cuyas loas no se cansan de entonar las izquierdas… y parte de las derechas.

El pretexto soñado se lo ha dado la guerra de Irak. Como un solo hombre han saltado al ruedo los Ibarreche y Anasagasti, los Llamazares, los Mas y los Maragall, los Elorza y los Zapatero. Juntos, como en las grandes ocasiones del pasado. Complicados directa o indirectamente en guerras, genocidios y dictaduras, los comunistas, los socialistas, los protectores del terrorismo y causantes de la gran merma de los derechos y libertades cívicos en Vascongadas y, en medida menor, pero grave, en Cataluña, salen hombro con hombro a rentabilizar las víctimas del ataque a Sadam y embestir no sólo al PP, sino a la estabilidad de la democracia y la unidad de España. Siempre les ha pedido el cuerpo el aplastamiento de la libertad ajena mediante la “toma de la calle”, la huelga política, los apedreamientos y cócteles molotov, mediante el clima de opresión y temor que han logrado imponer en Vasconia. La guerra contra Sadam, les ha traído la gran oportunidad. O eso creen.

Nada más indicativo que la argucia batasunesca con que ha respondido el PSOE a las denuncias del PP: “se quejan de los huevos que les han tirado, pero ¿y las bombas que matan a niños y víctimas inocentes?” La demagogia grosera de la comparación se intuye a la primera, pero no es tan fácil de entender su mecanismo y replicarle. ¿Es que sólo hay víctimas en Irak? Las hay en gran parte del mundo, ¿por qué no protestan igualmente? Las hay aquí mismo, incluidos numerosos niños, asesinadas a cientos por el terrorismo nacionalista vasco. ¿Dónde está el sentimiento y la furia que despiertan los muertos de Irak? ¿Cómo es que Zapatero grita al lado de Anasagasti o Llamazares, encubridores y protectores del terrorismo nacionalista vasco? En Irak hay guerra y hay dictadura, ¿es que quieren traer ambas aquí, con su demagogia histérica, los socialistas, comunistas y nacionalistas –juntos como en las grandes ocasiones– ?

Los huevos y las pedradas han cedido el paso a las botellas de gasolina y las bombas. La derecha casi nunca ha sabido responder a estas oleadas de demagogia y victimismo, de las que está cuajada la historia de los juntos-en-las-grandes-ocasiones; no ha sabido desenmascarar ante la opinión pública el fondo y el trasfondo de ellas. Su reacción más habitual ha sido acoquinarse frente al griterío. Su falta de energía en estos casos equivale a complicidad con los liberticidas, y eso es mucho más grave que las simples pérdidas materiales o en votos. Es más, sólo con una réplica enérgica, insistente y bien razonada ganará esos votos que el vocerío parece quitarle de momento. De otro modo, en la historia de España volverían a triunfar la histeria y la violencia. El PP tiene ahora mismo una responsabilidad histórica de primer orden.

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