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Espectro político

La derecha antidemocrática

En la España del siglo XX se dio el caso de que la bandera de la democracia fuera enarbolada por las izquierdas mesiánicas y los separatismos, es decir, por las fuerzas más antiliberales. Y por tanto más antidemocráticas: se puede ser liberal sin ser demócrata, pero no demócrata sin ser liberal. Una consecuencia, relacionada también con la frivolidad e inconsistencia de los intelectuales regeneracionistas, fue que la derecha liberal asimilara la democracia a la violencia demagógica.

Así, la derecha en España se dividió en dos sectores: la abiertamente antidemocrática y la a-democrática. La segunda, ya hablaremos de ella, no es entusiasta de la democracia, pero la acepta y trata de acomodarse a ella. En la II República vendría a ser la CEDA. La primera está anclada en una concepción tradicionalista que nunca entendió el naufragio del Antiguo Régimen y sigue, aún hoy, apegada a una concepción religioso-política que le hace ver en sus desventuras la mano negra del Anticristo, en forma de masonería o de sionismo. Su pensamiento político casi siempre concluye ahí.

Por ello tampoco ha entendido la Guerra Civil: no la ve como la quiebra del intento democrático republicano por las izquierdas y separatismos, y percibe que Franco salvó la unidad de España y la civilización cristiana, lo cual es verdad, pero no habría tenido por qué ocurrir sin la quiebra anterior. Así coincide con la izquierda en considerar la guerra como un choque entre la reacción y la democracia, aunque se alegra de la supuesta derrota de esta. Lo mismo cuando aborda la transición posfranquista como la suma de todos los males desde su misma concepción. Quisiera mantener el franquismo o algo muy parecido, sin llegar a entender por qué sus posiciones fueron arrolladas tan fácilmente por las izquierdas y otras derechas: lo atribuyen a traiciones y manejos masónicos. Naturalmente hubo mil manejos en la sombra, como siempre en política, pero la derecha antidemocrática perdió con tanta facilidad porque no comprendió que el franquismo había creado las condiciones para una evolución distinta (aunque esta, en parte importante se malograse luego, como he estudiado en La Transición de cristal).

Todo ello ha venido muy bien a las izquierdas y separatismos para construir el espantajo de "los fachas", "la caspa", etc., a la que achacan una violencia y tiranía que evidentemente no tienen, aunque solo sea porque carecen de fuerza y decisión para llevarlas a cabo. Por ello esa derecha no es un peligro para la democracia, al revés que la izquierda y el separatismo, que con tanto éxito han practicado el terrorismo y la colaboración con él, atacado la independencia judicial, conculcado la Constitución, etc.

En fin, esa derecha, sin duda patriótica, no logra entender que hoy la idea de España y la de la democracia liberal deben ir juntas, si no queremos que la propia unidad de España y las libertades se vayan por el desaguadero.

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