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Zapatero ausente de la manifestación

Un gesto hacia la ETA

Lo más significativo de la manifestación convocada por la AVT, ha sido la ausencia del presidente Rodríguez y, por supuesto, del famoso jacobino Peces Barba, que se ocupa precisamente –es un decir– de las víctimas del terrorismo (la presencia de Sevilla no pasa de un mal intento de cubrir el expediente). La AVT dice no entender cómo son posibles tales ausencias, cuando la cosa se vuelve muy inteligible tan pronto tenemos en cuenta el contexto. Desde hace meses el PSOE se inclina por contentar de alguna manera al PNV, el cual a su vez se esfuerza de mil modo por contentar a la ETA, y el propio gobierno no para de lanzar globos sonda en torno a conversaciones con los asesinos etarras, acercamiento de presos, etc. Es el “buen talante” hacia esos amigos de la libertad y de España, que implica un pésimo talante hacia el PP y hacia las víctimas.
 
El PSOE se ha encontrado con una excelente situación tanto en el plano económico (“las arcas llenas”) como en el del terrorismo, con la ETA acorralada como nunca lo había estado. Qué ocasión tan excelente para, mediante concesiones “generosas” y aprovechando la debilidad etarra –mérito del PP– lograr algún acuerdo que acabe con la plaga a satisfacción de muchos, o de algunos. El problema radica en las concesiones y en el hecho desagradable de que el buen talante hacia los asesinos significa automáticamente mal talante hacia las víctimas, hacia el conjunto del pueblo español, en definitiva.
 
Así, en tal contexto, el rechazo implícito de los socialistas a la manifestación de la AVT tiene el significado de un gesto hacia la ETA, una exhibición de “talante” al estilo Rodríguez, demostración de alejamiento de la política del PP, cuyo buen talante se dirigía precisamente a las víctimas y no a los victimarios. La manifestación se convocaba bajo la consigna de Memoria, Dignidad y Justicia, y ¡nada puede resultar menos oportuno que estas tres cosas para la política actual del PSOE!
 
Por ello ha sido a la vez significativo e insignificante el incidente de Bono, en el que se centra puerilmente la atención de los medios. Su presencia en la manifestación, al igual que algunas declaraciones suyas, podría interpretarse como un desmarque de la postura de su gobierno, pero los desmarques de Bono han sido hasta ahora poco o nada efectivos y acompañados de una demagogia ambigua que los asimila a las ocasionales bravatas de Ibarra. Al final todo queda en simples salidas de tono incapaces de alterar una línea de acción política de la que él, le guste o no, es corresponsable. Comparado con Rodríguez, para quien España no significa gran cosa y la democracia poco más, Bono sería un mal menor, pero si al final éste resulta una comparsa del primero, nada adelantamos, y parece que muchos manifestantes así lo han sentido. Esto es lo significativo. Lo insignificante fue el incidente en sí.
 
Soportar abucheos de vez en cuando entra en el oficio de un político. La agresión ya pasa a otro nivel. Según unos, Bono fue agredido, según otros, sólo abucheado. En todo caso él debe recordar que los abucheos, insultos mucho más graves de los recibidos por él, y agresiones violentas, los ha practicado masivamente su partido en connivencia con la extrema izquierda y los separatismos. Si considera su incidente como un ataque a la libertad, ya sabe de dónde vienen tales ataques.
 
Más allá del incidente en sí, nos encontramos con un serio problema: el PSOE ha estado rompiendo en los últimos años muchas reglas implícitas o explícitas del juego democrático, radicalizando con ello a la sociedad. El efecto más grave de sus demagógicas campañas tipo Prestige o guerra de Irak ha sido extender el sucio ambiente de las Vascongadas por el resto del país. Resulta fácil, aunque cierto, decir que empieza a recoger un poquito de lo que ha sembrado, pero la cuestión real es: ¿Cómo replicar a quien juega sucio y hacerlo de manera que el juego no se venga abajo? De ningún modo puede consistir la respuesta en paños calientes o recomendaciones como los de la propia AVT aquí denunciados por Javier Ruiz Portella el otro día. La experiencia prueba que los jugadores de ventaja tienden a abusar cada vez más si no se les paran los pies con energía. ¿Cómo reaccionar con energía, pero sin venganza, a fin de evitar una espiral destructiva? No se puede hacer lo mismo que ellos, pero tampoco permitirles seguir por esa vía. Cosa nada fácil, por cierto.

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