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Réplica a Campmany

Gibraltar, de nuevo

Un artículo de Emilio Campmany sobre Gibraltar concluye:

Lo que no sabe el príncipe es que quizá no sean los ingleses los más reacios a resolver el conflicto, sino los españoles (...). Los británicos desean conservar la colonia por una cuestión de prestigio. Pero son muchos los españoles a los que interesa que la sigan conservando por poderosas razones económicas. ¿Puede alguien dudar de lo mucho que tiene que ver Gibraltar con la prosperidad de la Costa del Sol? Por eso no estaría de más que alguno de esos diplomáticos tan listos destinados en la Zarzuela le explicara a Don Felipe que quizá no sea conveniente insistir tanto en que los ingleses nos cedan Gibraltar no sea que un día vayan a hacerlo y seamos nosotros quienes les digamos que preferiríamos que las cosas siguieran como están.

El señor Campmany da a entender que los españoles seríamos incapaces de desarrollarnos económicamente por nuestra cuenta y que necesitaríamos la tutela inglesa para ello. Quizá comparta el profundo pensamiento de Rajoy "la economía lo es todo" y que, por tanto, cosas como la dignidad nacional, la soberanía, etc., planteen para él problemas "más aparentes que reales". O puede que el articulista ignore hechos básicos como que la Costa del Sol tomó forma como núcleo de prosperidad en los años 60, con pleno empleo –no como ahora–, precisamente tras haberse aislado al Peñón. Quizá ignore también que Gibraltar es un nudo de contrabando y de negocios ilícitos y lo ha sido siempre, así como de actividades subversivas (varios pronunciamientos militares salieron de allí en el siglo XIX). Aunque, claro, eso no importará a quienes en el lado de acá sacan ganancias de esos chanchullos. Creo que el oficioso fervor anglómano del señor Campmany sorprenderá a los propios ingleses, que tienen un concepto de la dignidad y la soberanía mucho más claro y no siempre gustan de tales actitudes en otros aunque, desde luego, las aprovechen.

El artículo afirma que España y Gran Bretaña tienen profundos intereses comunes y que, en cambio, debemos alejarnos de Francia y Alemania. La alternativa estaría en someternos a los ingleses o a los francoalemanes y él, no explica por qué –parece que por razones geográficas–, prefiere a los ingleses (nos arrepentiríamos si los expulsáramos del Peñón, pues ¿qué sería de nosotros sin ellos?). Debe de ser otro problema de ignorancia, pues compartimos con Francia, Alemania, Suiza, Suecia, Irlanda, Polonia o Gran Bretaña los mismos intereses básicos de defensa de Occidente. Y diferimos en otros muchos intereses, empezando por el dato de ser el único país europeo que soporta una colonia en su territorio, símbolo de una larga abyección que al señor Campmany le parece muy bien, pero que exagera al presentarla como un interés nacional. Por lo demás, Portugal ha sido tradicionalmente gran aliado-satélite de Gran Bretaña. Se ve que Campmany lo considera el modelo a seguir para España.

Creo que también deben achacarse a mera ignorancia ideas del señor Campmany como su pintoresca identificación de la política exterior de Felipe González con la de Franco. O desconoce la política de Franco o la de González, o ambas.

En fin, la defensa de una mala causa exige siempre distorsionar la realidad, y reconozco que llevaba tiempo sin ver un ejercicio de distorsión como el de este artículo.

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