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Katy Mikhailova

El barroco ostentoso de la crisis

Se ha ‘puesto de moda’ el Barroco. Y podemos intuir que es ‘lo que se lleva’ o lo que ‘se debe llevar’ para formar parte de la comunidad fashionista.

Katy Mikhailova
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Se ha ‘puesto de moda’ el Barroco. Y podemos intuir que es ‘lo que se lleva’ o lo que ‘se debe llevar’ para formar parte de la comunidad fashionista.

El barroco ostentoso de la crisis

El estilo barroco es ya un reclamo imprescindible en las editoriales de las revistas de moda. Sin ir más lejos, la revista ELLE abría su segunda propuesta con "Ponte Barroca" proponiendo joyas al más puro estilo rococó. Nos olvidamos –o quizá lo modificamos- que el término Barroco, ese movimiento artístico del s.XVII, se usaba de manera peyorativa a modo de representación de lo recargado, lo pedante, el exceso. Barruecas eran las perlas deformes en portugués, según dicen los libros de historia.

España se encontraba con miedo al triunfo de la reforma Protestante -tendencia que fue muy bien acogida por César Vidal en su adolescencia-; el mismo miedo –o desagrado- que podemos tener ahora ante el deseo independentista de los catalanes –no compren más en Mango, por si acaso-.

Aunque nada tiene de relación el Barroco del s.XVII con una tendencia ‘de moda’ para el otoño-invierno de 2012/2013. Entonces el incipiente capitalismo que paulatinamente se perfeccionaba con la ascensión de la burguesía y el absolutismo de los monarcas, cuya culminación la tenía la ‘divinidad’ del Rey Sol de Francia –que, por cierto, fue el primero en llevar pequeños tacones para elevar su altura, era un tema que le tenía acomplejado- generó un deseo en la alta sociedad de todo lo que fuera monumental, sorprendente, deslumbrante, rico, para engrandecer aún más al monarca y a la iglesia católica.

Pero España se encontraba en bancarrota; vamos, parecido a lo de ahora que aún estamos pendientes de si habrá rescate o no, porque al parecer Mérkel no tiene mucho interés en dárnoslo, temerosa de perder sus propias elecciones; por no hablar de que socavaría el orgullo español –un sentimiento parecido como el que tuvimos al perder nuestras dos últimas colonias-. Como dice Don César, la historia de España se repite.

Y aunque a priori sea ridículo comparar un Barroco como el de entonces con el barroco de imitación de ahora, también podría haber cierto paralelismo. Quizás un deseo de diseñar esa opulencia que en las cuentas bancarias ya no existe. Tal vez una manera de alegrar la vista. O simplemente una moda impuesta por unos pocos que otros muchos, a través de revistas de moda y escaparates, deciden copiar.

Seguimos con el debate, ¿existen las tendencias?

Como decía el sociólogo Guillaume Erner, "por más que se diseccionen las tendencias, no se encontrará en su corazón ninguna esencia que permita justificar las elecciones de una época determinada". Vamos, hablando coloquialmente, no hay una regla que explique el nacimiento de las tendencias en la moda, a pesar de que deseemos fielmente creer en ello los más idealistas.

Y esta idea ya la entendí bastante bien cuando realicé en agosto aquel estudio para Libertad Digital sobre la influencia socioeconómica en el nivel inspiracional de los creadores de la MB-FWM. ¡No plasmaban ni la crisis ni la realidad! Inventaban tendencias, aunque no todos lo dijeran así – aunque algunos se salven- o directamente mostraban colecciones comerciales.

Ahora se ha ‘puesto de moda’ el Barroco. Y podemos intuir que es ‘lo que se lleva’ o lo que ‘se debe llevar’ para formar parte de la comunidad fashionista.

En las revistas de moda, después del sumario y la carta de la directora –y reclamos interminables de publicidad- suele haber 5 ó 6 páginas dedicadas a una tendencia y en la que se presentan prendas y accesorios de diferentes marcas, agrupadas dentro de este estilo que proponen. Es interesante porque cada 2 años, muestran un estilo parecido bajo un nombre diferente. Que si el estilo "British" -¿por qué hay que vestir al estilo londinense teniendo una historia española que contar?-, que si el multicolor aunque sea invierno, o si se le antoja a la redactora jefa, rescatar los sesenta, los setenta o cualquier década que haya.

En primavera, "la década de la margarita"; en invierno, las pieles; en verano el "animal print". Ya no quedan fuentes para inventar inspiración. La moda es el mundo en el que todo vale y el "nunca" son palabras imposibles para el creador.

El estilo rococó francés lo vemos ahora muy bien en las joyas –la mayoría, bisutería pura y dura, pues si jugamos a poner pedruscos de esmeraldas de verdad, no calaría en las masas-. También se ha puesto de moda, si hablamos de piedras preciosas, los diamantes sin pulir –más baratas y con formas confusas-. En general podemos hablar de anillos gigantescos en los que destaca la combinación de cristales o piedras de diferentes formas y diferentes colores. Los tocados, otro rescate de un pasado ostentoso, a los que además le podemos añadir plumas.

Verde con dorado, granate con negro, marrón con plateado... Y en formas de los tejidos de la ropa: movimiento, formas, brocados de seda, encajes, pedrería... Elementos que sí se pueden tomar de aquel barroco para modernizarlo en éste otro, aunque en pasarelas, diseñadores como Alexandra McQueen y otros tantos, se atreven con todo. Tenemos un ejemplo de una nueva diseñadora que reside en Francia, que no tiene miedo a experimentar: Ulyana Sergenko, quien se atreve presentarse en los eventos con vestidos diseñados por ella misma como si viviera atrapada todavía en un tiempo pasado.

Loewe también está apostando por un estilo barroco, con el bolso amazona al estilo barroco en color negro, en donde el emblema de la firma abarca una de las caras del bolso casi ‘tallada’ sobre esa napa de cordero a modo de flor curvilínea y extensa como si de ramas de flores se tratara, ramas que parecen crecer hacia el cielo. Cinco personas, tres días y horas incansables de trabajo para crear semejante obra maestra que, como ya decíamos en un editorial anterior, está en venta en España desde octubre.

"El mundo de la moda vive bajo la influencia de una fábula [...] según la cual una vanguardia sería la encargada de descubrir [...] las tendencias del mañana", asegura el sociólogo francés Guillaume Erner. Dicho de otra forma, las tendencias en la moda no son una consecuencia real e inmediata sino un antojo de un diseñador o fruto de la mercadotecnia que persigue renovar la moda a cualquier precio.

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