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Sarah, Amy y las fembots

Fox había ofrecido un contrato a Palin como analista política pero no había quien se la tragase. Como en el retrato que hace de ella en Game Change.

Rosa Belmonte
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A Sarah Palin le han pagado 15,85 dólares por palabra pronunciada mientras ha durado su contrato en Fox News. Y no se puede decir que las palabras de la excandidata a la vicepresidencia con John McCain en 2008 hayan sido de calado. Pero cada uno con su dinero hace lo que quiere. Y una cadena privada puede pagar a Belén Esteban o a Sarah Palin. Otra cosa, por los fondos públicos, son los 0,16 euros por carácter, con espacios incluidos, de doña Amy Martin, reencarnación del Bel Ami de Maupassant y ejemplo peliteñido y con patas de lo escrito por Maurice Joly en El arte de medrar ("la charlatanería es la mitad del arte de medrar", también por escrito).

Al parecer, Fox había ofrecido un nuevo contrato a Palin como analista política que ya no era tan generoso como el anterior. Vamos, que era una fracción del millón de dólares anuales que estaba recibiendo desde 2009. La contrataron por guapa y porque daba audiencia. Pero ahora que la influencia del Tea Party ha menguado y que la propia Fox se ha suavizado, Palin, según Howard Kurtz en el Daily Beast, era más que nunca la interpretada por Julianne Moore en Game Change. El retrato de la película de HBO es demoledor pero no muy alejado de la realidad. Es cierto que hizo el ridículo en la entrevista con Katie Couric. Y también que superó el debate con Biden ("Obiden", le llamaba) porque no metió la pata, aunque guiñara un ojo. Pero a esta señora no ha habido por donde cogerla. A su lado, el muy venerado ahora Ronald Reagan era Thomas Jefferson. O Lincoln. Viendo la película de Spielberg, una tiene la misma sensación que con cualquier episodio de El ala oeste. O sea, lo de repetir "pero qué gente más lista".

Lincoln es una cinta soberbia por muchas razones pero no deja de ser como un episodio de El ala oeste con trajes de época. Uno de esos episodios especiales de las series en los que lo mismo les da por hacer un musical que una recreación histórica. He leído en algún sitio que Ben Affleck ha hecho con Argo una película muy peliculera. Pues Spielberg ha hecho una muy televisiva. Y ninguna de las dos cosas es mala. Como en El ala oeste, en Lincoln la densidad de las conversaciones sobre conseguir el voto de no sé qué congresista es apabullante. Una no se imagina a Sarah Palin en una de esas conversaciones sin que le estallara la cabeza. Y eso es reconfortante para los que no tenemos ni tales cerebros ni tal elocuencia. Pero también es deprimente porque se trata de alguien que se postulaba para la Vicepresidencia (y alguien a quien han estado pagando un millón de dólares anuales por ser ella misma). En aquel debate entre Biden y Palin, por el rollo aprendido que esta soltaba le preguntaran lo que le preguntaran, me recordó a las fembots, los robots con forma femenina que salían en El hombre de los seis millones de dólares y en La mujer biónica (años después, Austin Powers las recuperó e hizo más guapas). Amy Martin también tiene mucho de fembot. La duda está en si Carlos Mulas, como en el programa de televisión, lo sabe o no lo sabe.

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