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Katy Mikhailova

Tenemos 'Vuittones' en oferta

Un 54% de las falsificaciones que intentan adentrarse en la UE pertenecen a productos de moda y de lujo.

Katy Mikhailova
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Un 54% de las falsificaciones que intentan adentrarse en la UE pertenecen a productos de moda y de lujo.

Hace unos cuantos meses, Facebook –con su inteligencia a la hora de detectar por palabras qué gusta a sus usuarios- me recomendaba pinchar en un banner de publicidad que anunciaba bolsos de lujo con interesantes descuentos. Al entrar en la web, me encontré con Vuittones, Guccis, Versaces, etc. a precios de risa: entre 50 y 100 dólares.

Es evidente que auténticos lo que se dice auténticos –esos que tienen una cajita, dentro de la cual hay una bolsita, después una fundita, y la fundita a su vez incluye otra fundita más mona aún, que es la que roza con delicadeza el producto; vamos, el packaging de las grandes marcas de lujo-, pues bien, auténticos no parecían.

Aunque, total, un Louis Vuitton con el clásico anagrama de plástico duro no debe ser mucho mejor que una imitación buena. Aunque éstas minan la economía; de no ser así, en más de una ocasión recomendaría una buena falsificación –porque cuando los materiales son malos, total, qué más da-. Pues eso, uno auténtico no da más, no ofrece.

No olvidemos que, aunque Louis Vuitton comprara Loewe –o más bien lo comprara el conglomerado LVMH-, aquél no llega ni a las cajas de la firma española de origen alemán. Loewe trabaja con piel, LV con plástico -en la mayoría de las veces-. Tal vez el modelo ‘alma’ de LV se salve por su diseño original. ¡La calidad es, en suma, lo que marca la diferencia! Un Loewe se evidencia solo con tocarlo; un LV confunde.

De hecho, para detectar cuándo un LV es auténtico o no, lo mejor es fijarse si lleva o no iniciales de su dueño. Desde plaquitas que se ponen, hasta letras grabadas en la propia "piel" del bolso –entrecomillo piel, pues, repito, es plástico-. Y quien paga ya un mínimo de 600 euros –que se dice pronto- no le importará pagar unos 200 más, aproximadamente, para personalizarlo, añadiendo bandas de colores. Esto lo sé muy bien gracias a aquella clase "magistral" que recibí de Carlos Delso, el que fue el director general de Louis Vuitton en España, Portugal y Marruecos hasta 2013; una clase, que más bien parecía un "cómo sobornar a tus alumnos para que se auto-regalen un Vuitton". En fin. Poco resultado obtuvo. Espero que si sigue dando "charlas", ahora bajo el permiso Joyería Suárez, que es donde está ahora, no siga la misma línea didáctica. Aunque en aquella clase, no estaría exagerando si afirmara que una cuarta parta de las chicas fardaban de ir acompañadas de su ‘amigo del alma’, un Louis Vuitton –y me arriesgo a añadir que más de la mitad de esa cuarta parte traían uno falso-.

Pues bien y, retomando los bolsos de imitación, acabamos de conocer que un 54% de las falsificaciones que intentan adentrarse en la UE pertenecen a productos de moda y de lujo. De hecho, tal como indica la Comisión Europea, la piratería de tales artículos supera los 200.000 millones de euros anuales, una cantidad similar a la del tráfico de estupefacientes.

Con el ‘European Union Customs Action’ plan 2013-2017, se está intentando poner algún remedio a todo este tráfico ilegal de imitación de productos de lujo. Así, este plan intenta controlar la llegada de mercancías a través del correo postal. Además, la Comisión Europea regulará con mayor eficacia la protección de la propiedad intelectual.

Por añadidura, no creo que tenga que ver con las falsificaciones, sino más bien con la crisis económica y cómo nos tienen asfixiados con tanto impuesto, el índice de TC-Street –encargado de controlar el tráfico peatonal de las calles más comerciales de España-, apunta a que las principales vías comerciales de España han perdido un 6,2% de su tráfico peatonal, respecto a las cifras de las mismas fechas del año pasado.

Con peatones o sin éstos, los manteros siguen anclados en las calles y en las estaciones de metro, ofreciendo ya no sólo las clásicas firmas de lujo de ‘toda la vida’, sino también marcas algo más económicas que las primeras. Por ejemplo, cada vez veo más imitaciones de Bimba&Lola e incluso de Purificación García.

Lo más reflexivo de todo esto es que las falsificaciones de estas dos marcas gallegas, propiedad de la familia de Adolfo Domínguez, no perjudican a las ventas de éstos, sino más bien a las ventas de esas otras empresas cuyos bolsos rondan entre los 20 y 50 euros: véase Blanco –que va de culo cuesta abajo, y Mango que no hace nada por ayudarle-, o las omnipresentes H&M y Zara, así como el pequeño comercio de la esquina que también ofrece bolsos por precios similares.  

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