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Katy Mikhailova

Imitaciones españolas

La crisis está empujando a los españoles a sumarse a esta práctica ilegal y desagradable de los manteros.

Katy Mikhailova
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La crisis está empujando a los españoles a sumarse a esta práctica ilegal y desagradable de los manteros.
Manteros en la playa | Efe

La semana pasada tuve unos días de desconexión por el Mediterráneo. Pero entender el concepto de playa española sin manteros huyendo de la policía brilla por su ausencia, como es de imaginar. Había por doquier. Tanto en la playa como en las calles más transitadas de la zona. Pues bien. ¡Qué estragos hace la crisis! Si bien todos adivinamos el origen de los clásicos manteros, la crisis está empujando a los españoles a sumarse a esta práctica ilegal y desagradable.

Iban con cajas, a diferencia de los sacos blancos de los manteros que provienen de África. Y ofrecían también imitaciones. Me paré a palpar el género que vendían, muy a mi pesar, por curiosidad profesional y para contarles a ustedes.

Me fascina, sin embargo, cómo intentan los fabricantes de los productos, que después se venden en la calle, captar el imaginario social de la moda. Dicho en cristiano, saber qué se lleva. Como los coolhunters que contrata Inditex para estudiar el street look –o el estilo de la calle- y aquello que más abunda en los blogs de moda así como en las pasarelas más importantes del mundo.

Pues bien, aquellas dos manteras españolas, de unos 30 años, ofrecían bisutería de Tous, imitando a su valiosísimo oso; además del clásico colgante de Bulgari, ese que tiene forma de moneda y que viene acompañado de una cadena de cuero. Les pregunté por el precio: rondaba todo en torno a los 10 euros. Quizá se pregunten por la calidad. Bueno, mucha no tenía, como es de esperar. Pero lo cierto es que el nombre de la marca estaba grabado en el metal, lo cual lo hacía más creíble si se ve con cierta distancia. Ahora bien, cuatro horas con una cosa de esas en la mano o en el cuello amarilleará aquella parte del cuerpo que la porte. De los pendientes ni les cuento el picor que puede provocar.

Todo aquello me hizo reflexionar sobre la situación de ciertos españoles. Me hizo pensar si aquello podría de alguna forma ser legítimo. Después me invitó a recordar que eso es economía sumergida pura y dura, pero pensé en el alto número de paro que Zapatero nos dejó, y que siguió agrandándose, a pesar de la bajada en el mes de agosto.

Acto seguido, dejando a un lado esto, en lo más profundo de mis pensamientos y de mi agonía pensé en los compradores, casi todos españoles, pues no era una zona precisamente colonizada por los famosos "guiris". Elegían bolsos, gorritas, gafas, relojes… evidentemente un 90% de esos productos eran productos de imitación de marcas importantes. Me di cuenta de que ya no hablamos de fashion victims sino de branding victims. Estos últimos, las víctimas de las marcas, difieren con aquellas, víctimas de la moda, en que los adictos a la moda compran ropa en Zara también; los adictos a la marca, solo van a eso: al logotipo y al estampado más vistoso. Pero, encima, ejerciendo, sin darse cuenta, el mensaje de "quiero y no puedo". ¿Para qué comprar imitación? ¿Para que la gente crea que tienes un bolso caro?, ¿acaso no piensan en el trabajo que hay detrás que es el de montar una empresa generando riqueza y empleo?

¿Cuál es el origen, la razón de todo esto? ¿El desempleo, la crisis o la pasión pura y dura por las marcas? Desde el punto de vista del ofertante "ilegal" español, la crisis; desde el enfoque del consumidor, me decanto más por lo segundo.

Directora y presentadora de esModa y colaboradora de Es la Noche.

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