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Baltasar y el esmoquin azul

Los niños están acostumbrados a un Baltasar con betún o lo que demonios se pongan para llevar la cara negra.

Rosa Belmonte
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El Baltasar de la cabalgata madrileña | Efe

Al Johnson en El cantor de Jazz es más oscuro que Denzel Washington en cualquiera de sus películas. A vueltas con el rey no negro de Ana Botella en la cabalgata de Madrid, conviene recordar que un Baltasar negro no siempre resulta convincente. En Madrid los reyes son los concejales y mientras no haya concejal negro no hay más que hablar. Y pobre si lo hubiera, ya lo veo esclavo de la cabalgata anual, sin rotar. Por negro. Cuatro años de esclavitud por lo menos (contando una sola legislatura). En la cabalgata de Murcia, el tercer rey ha sido este año Eddy Silvestre Pascual Israfilov, centrocampista del Real Murcia (21 años) que gana 1.500 euros al mes. Desde luego, nombre regio sí que tiene. Nacido en Almería, su padre es de Togo (aunque alguna fuente dice que de Angola). O sea, como el tizón. Su madre, de Azerbaiyán. Bastante blanquita. Eddy Silvestre, que podía haber acabado en José Fernando si no hubiera sido reconducido hacia el fútbol, es bastante oscuro. ¿Quién mejor para hacer de Baltasar?

Llegó el día de la cabalgata, Eddy se tuiteó con sus galas de rey. Con una capa azul que parecía un manto de virgen. Con una túnica verde. Con un fajín y una corona dorados. Los niños esperaban ansiosos. Pero cuando lo veían de cerca, muchos se desilusionaban. "Mamá, Baltasar no es negro", decía la pequeña Sara con mohines de decepción. Y otros críos, igual. Era la comidilla de la cabalgata. Aquello era como cuando Charles Chaplin se presentó a un concurso de imitadores de Charlot y quedó segundo. Y si es una leyenda, da igual, me sirve para el relato. Pobre Eddy, no es lo suficientemente negro para ser Baltasar. Pero no lo es porque los niños están acostumbrados a un Baltasar con betún o lo que demonios se pongan para llevar la cara negra. Igual que cuando ven uno pollo con las plumas puestas no lo reconocen. Y podríamos estar toda la vida discutiendo sobre lo real, lo que parece real y lo que uno cree que es real. O sobre las concesiones que a veces hay que hacer. En la serie ‘Isabel’, al principio pretendieron ser muy fieles en el vestuario. Cuando vieron al reparto bien vestido, adecuadamente, como en los cuadros, como en las crónicas de la época, se dieron cuenta de que aquello parecía el auto de los Reyes Magos. "Que salgan guapos", fue la consigna. Una licencia que el espectador no tiquismiquis aprecia. Aunque no lo sepa.

Ese Baltasar que no resulta convincente en su negritud verdadera es como un esmoquin de color negro. Cary Grant, como el duque de Windsor, como Fred Astaire, como los hombres elegantes, llevaba el esmoquin azul oscuro. Porque con la luz artificial resulta más negro que el negro.

Veo que en la cabalgata de Barcelona, Baltasar también era un señor negro sin betún. Parecía escapado de Raíces. O de Django desencadenado cuando este se disfraza de azul. Quiero decir que era negro-negro. Melchor y Gaspar eran blancos. Uno, el concejal Antoni Vives y el otro, Màrius Serra. El pelo y las barbas de ambos eran, eran… ¿Qué niño se puede creer que esos tirabuzones, que parecen la cabellera de Nellie Oleson, son barbas de verdad? Pero es que el artificio forma parte de este tinglado. No es obligatorio que Baltasar sea un señor pintado de negro pero a veces ayuda que lo sea. ¿A qué rey Juan Carlos nos creemos? ¿Al del ‘Hola’ o al de la Pascua Militar?

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