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El padre de los hermanos Lumière

Lo de Kate Moss deja entrever una evidencia: en todos los trabajos hay gentuza.

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Kate Moss | Cordon Press

Kate Moss se portó mal en un avión y la echaron. Teniendo en cuenta que el avión ya había llegado a Luton (ese infierno en la tierra), me da envidia lo de ser escoltada a la salida. Abandonaría el avión antes que nadie. Easy Jet ha enviado un comunicado explicando que no tolera el mal comportamiento. Varios pasajeros contaron al Mirror que el de la rubia fue perturbador. Según el Telegraph, la modelo insultó al piloto mientras la sacaban. Y una persona reveló al Daily Mail que estaba borracha, discutió con otro pasajero, le negaron el alcohol y se sacó una botella de vodka de su equipaje de mano. Ole. Como la televisión de Castilla-La Mancha sí parecer tolerar el mal comportamiento, Victoria Vigón, la directora de informativos, no ha sido desalojada.

Oídas las grabaciones que se le han hecho (lo que yo le he escuchado es llamar de todo a gente que no estaba presente) me cuesta trabajo ver el trato vejatorio del que habla la inspección de Trabajo. Que no digo que no exista. Desde luego que yo no querría trabajar a las órdenes de un orco semejante, pero tampoco sé cómo son esas entradillas de las que se quejaba o el trabajo que criticaba. Que lo mismo sí hay trato vejatorio (vejar es maltratar, molestar, perseguir a alguien, perjudicarle o hacerle padecer), pero eso no está en las grabaciones publicadas. Dice cosas de gente malhablada e histérica, pero no son tan extrañas. Durante el rodaje en Madrid de El mayor espectáculo del mundo, a Henry Hathaway el equipo lo llamaba Japutaway por su insoportable carácter. Me lo imagino como a José María Caffarel en El viaje a ninguna parte cuando, después de comprobar lo malísimos que eran los actores (Fernán Gómez diciendo aquello de "¡Señoriiiiito!"), suelta: "¡Corten o me corto yo los huevos. Me cago en el padre de los hermanos Lumière!". El director interpretado por Caffarel estaba inspirado en Luis Lucia. Fernando Fernán Gómez contó en La silla de Fernando que durante un rodaje el director valenciano le dijo: "Fernando, vente conmigo que me apetece pegar a alguien". Y le pegó a un tío en un bar.

Ahora también pasan esas cosas. David O. Russell, el director de Tres reyes (1999), pateó, gritó y arrastró a un extra. George Clooney intentó pararlo pero el director cogió al actor por el cuello y acabaron a golpes. Peor era Werner Herzog, que en Aguirre o la cólera de Dios terminó obligando a Klaus Kinski a actuar a punta de pistola. En todos los trabajos hay hijos de puta. Y gentuza. Claro que en un mundo ideal a esta crazy cunt no deberían dejarla relacionarse con otras personas en posición de superioridad (si acaso en posición de estar encerrada en una jaula), pero todos esos improperios son desgraciadamente normales. Otra cosa es que se graben (estamos en lo del tampax de Camilla y Carlos de Inglaterra: a ver quién supera una conversación privada hecha pública). Que vale, que si esos malos modos son sancionables deben sancionarse. "Ha muerto un hijo de puta", dijo Jack Nicholson del muerto en el funeral de Steve McQueen. Vivimos rodeados de ellos. Supongo que cuando hablan de amenazas se refieren a líneas de diálogo como esta: "No llega este sinvergüenza. Y yo le mato. ¡Te juro que le mato! Le mato, te lo juro, salgo de aquí y le mato, le despellejo. ¡Con mis manos!". Lo dicho, una loca del coño (ahora en español). Sin gracia. Prefiero a Kiti Mánver en Mujeres al borde de un ataque de nervios: "Pepa, te voy a meter un puro por lo de los tres chiítas que te vas a cagar".

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