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La trágica muerte de Kiko, el hijo de Ira Fürstenberg

El primogénito de Alfonso de Hohenlohe falleció tras un problema con las autoridades en Bangkok. Su madre Ira Fürstenberg nunca lo superó.

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La familia al completo. Ira y su hijo Kiko, a la derecha | Corbis

Marbella en verano es un paraíso ideal para las vacaciones. Quien pueda pagárselas, claro. Ha perdido, no obstante, parte del gran "glamour" de pasadas décadas cuando el verdadero impulsor de su "boom" turístico, Alfonso de Hohenlohe, dirigía su emporio, el Marbella Club. El segundo de sus dos hijos, Hubertus, de cincuenta y seis años, lleva ahora las riendas del negocio familiar, "El Patio". Por aquel complejo hotelero, ahora remodelado, desfilaron a mediados los años 60 y durante más de un decenio las más grandes celebridades de las finanzas, la vida social, las estrellas de cine.

La familia Hohenlohe se había instalado en Marbella después de la Segunda Guerra Mundial. El príncipe Maximiliano de Holenhohe, casado con la española Piedad Iturbe, fue quien primeramente emprendió negocios turísticos en Marbella, junto a un familiar, Ricardo Soriano. Y luego fue su hijo Alfonso, como decíamos, quien se ocupó de engrandecer la obra de su progenitor, creando en 1954 el mencionado Marbella Club. Su título principesco obedecía a una tradición de la aristocracia centroeuropea, de carácter más bien honorífico, cuando es sabido que en las monarquías reinantes sólo es utilizado por los hijos de reyes.

Casó Alfonso de Hohenlohe en 1956 con una bella quinceañera emparentada con los Agnelli, Ira de Fürstenberg, con quien tuvo dos hijos, Christopher y el ya citado Hubertus. Aquel matrimonio duró sólo cinco años. Lograron la nulidad eclesiástica. Y el príncipe, burlando lo dispuesto en el acuerdo de ambos, haciendo caso omiso de que su exmujer disponía durante seis meses al año de la custodia de los niños en Brasil, donde vivía con el "play-boy" Baby Pignatari, logró traérselos sin su permiso a España.

Alfonso e Ira | Cordon Press

Ira de Fürstenberg ya no pudo recuperarlos, aunque de vez en cuando se encontraba con ellos fugazmente. La princesa, en una de las varias entrevistas que le hice, me diría: "Aquello fue muy duro para mí porque Alfonso no cumplió la sentencia de los tribunales". De vez en cuando los cuatro se reunían en el Marbella Club. Yo mismo les hice algunos reportajes. La princesa aparecía con frecuencia en las revistas del corazón, sobre todo cuando en la segunda mitad de los años 60 debutó como estrella de la pantalla. Ella misma me comentó que no tenía aptitudes artísticas, pero que se divertía mucho en los rodajes y encima le pagaban muy bien. Una de las películas que rodó en Madrid fue No desearás al vecino del quinto, junto a Alfredo Landa, que dio un dineral en taquilla a su productor, José Frade (que fuera el último marido de Norma Duval).

La vida de Ira de Fürstenberg transcurrió en décadas siguientes entre distintas aventuras sentimentales y una intensa vida de sociedad que la situaban periódicamente entre las mujeres más habituales en los grandes salones europeos. Acertó a diseñar joyas con gran aceptación.

Precisamente se encontraba en una fiesta organizada en su honor por el éxito de sus últimas creaciones en el hotel de París, en Montecarlo, cuando recibió una llamada desde Bangkok. Era el 29 de julio de 2006. A su primogénito, Christopher, lo habían detenido y estaba encarcelado por las autoridades thailandesas, acusado de falsificación de documento público. La princesa voló inmediatamente junto a su otro hijo, Hubertus, y logró tras arduas gestiones en medios diplomáticos, acceder a la prisión donde se hallaba Kiko, que es como lo llamaban familiarmente.

¿Qué había hecho para hallarse en esa situación? Sencillamente que al presentar su pasaporte en el aeropuerto de Bangkok, cuando iba a volver a España, le dijeron que su visa estaba caducada. Sin pensárselo un segundo, delante de todo el mundo, Kiko manipuló el documento, estampando de su puño y letra la fecha que le convenía. Acto seguido fue esposado y conducido a una cárcel de máxima seguridad, rodeado de maleantes, drogadictos, gentes del hampa. Permaneció una semana entre rejas hasta que fue ingresado urgentemente a un hospital, donde le diagnosticaron –se cree- una infección en los pulmones y un nivel alto de azúcar. Falleció tras un fallo multiorgánico. Se dijo también que la causa de su muerte se debió a una septicemia. Tenía sólo cuarenta y nueve años.

Christopher (Kiko) Hohenlohe había crecido a la sombra de su padre, que lo envió en su adolescencia y juventud a estudiar en distintos colegios selectos. Tenía una educación exquisita, el comportamiento digno de una familia de raigambre aristocrática, como pude comprobar en algunas ocasiones. Pero al no tener cerca a su madre, siendo él de naturaleza sensible, acusó con el tiempo su ausencia. Tampoco su progenitor fue extremadamente severo. Crecido en libertad fue poco a poco en sus últimos tiempos cayendo en el consumo de drogas. Viajaba por medio mundo, sobre todo a Nueva York, Honolulú y a Hawai. Y a Manila, donde la ex primera dama, Imelda Marcos, le dispensaba un gran cariño. Precisamente estuvo allí un mes antes de su trágica muerte. Había ganado bastantes kilos y, preocupado, se marchó a Bangkok para ingresar en una clínica especializada en adelgazamiento. Llegó a rumorearse que hasta se sometió a una operación quirúrgica relacionada con su sobrepeso. Y que tomaba anabolizantes; que tal vez padecía diabetes, puede que sin saberlo él mismo. La familia no hizo público parte médico alguno y ello dio paso a distintos comentarios y suposiciones sobre su misteriosa muerte.

Su madre, Ira de Fürstenberg, no ha conseguido recuperar desde entonces la sonrisa de sus mejores tiempos. Aún la atenaza el recuerdo, el inmenso dolor por la pérdida de su querido hijo.

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