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La imposible ambición de Luis Alfonso de Borbón

Cumple este lunes 42 años. Mantiene su doble nacionalidad hispano-francesa.

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Luis Alfonso de Borbón | Cordon Press

Cuarenta y dos años cumple este lunes, 25 de abril el llamado Luis Alfonso Gonzalo Víctor Manuel Marco de Borbón Martínez-Bordiú, a quien apearemos aquí de su larguísima identidad, llamándolo simplemente Luis Alfonso de Borbón. Lo que le gusta es ser conocido como Duque de Anjou, pero salvo cuando el título lo utiliza en Francia, aquí no tiene validez donde tampoco se le reconoce como Duque de Tourane y mucho menos Duque de Borbón, como bien quisiera. Son títulos en todo caso también discutibles en el vecino país, porque en España el único tratamiento al que tiene derecho es el de "excelentísimo señor". Ni siquiera puede usar el de Duque de Cádiz, que ostentó su progenitor y luego su madre. El caso es que antes incluso de fallecer el Duque cuando practicaba esquí en unas pistas de Colorado, el Gobierno español determinó en 1987 que ese título no era hereditario. Recordemos que lo otorgó el Jefe del estado, general Francisco Franco "a petición de su Alteza Real el Príncipe de España" (su primo hermano don Juan Carlos de Borbón, según se hizo constar en el decreto). Fue una manera diplomática para calmar la ambición de don Alfonso, poco menos que decidido a que lo nombraran Príncipe de Borbón con sus nada ocultas pretensiones de sentarse algún día en el Trono.

Pero su hijo ya no puede ser Duque de Cádiz. Por eso insiste en ser tratado como Duque de Anjou cuando visita el país galo. Por ejemplo en diciembre del pasado año, hace tan sólo cuatro meses, para asistir a la boda de su hermana Cynthia Rossi. En ¡Hola! apareció un titular, dándole ese tratamiento compartido con su esposa, María Margarita Vargas Santaella. Y es que, aunque por un lado tenga la doble nacionalidad, española y francesa (con su legal carta de identidad) Luis Alfonso sigue manteniendo, como una herencia irrenunciable sus aspiraciones a ser Rey de Francia. En cuyo hipotético, lejano y surrealista caso, sería elevado al trono como Luis XX. Que ya es soñar…

Tonto no es el interesado, pues reconoce en privado que eso no es fácil. Pero así cumple con el mandato paterno, quien le hizo saber que seguía el dictado de su conciencia, el legado de sus antepasados, a los que no podía renunciar. Ni su heredero, él, Luis Alfonso, cuando ya el primogénito Francisco, había fallecido en aquel accidente fatídico del 7 de febrero de 1984, en una clínica de Pamplona. Y así, según esa carta de identidad francesa, Luis Alfonso tiene derecho a ostentar el título de Alteza Real, pues todos los Borbones son príncipes desde una Pragmática dictada por Luis XIV. En Francia, sólo en Francia. ¿Quién en Madrid va a hacerle ver lo contrario? Pero, sépase (y él no debe ignorarlo) que su lejanísimo antepasado, el primer Borbón que reinó en España, Felipe V, renunció al ser coronado nuestro Rey a sus derechos al trono francés. Renuncia extensiva a sus herederos.

Legitimada está, sin embargo, la dinastía de los Orleans, representada en la actualidad por Juan de Francia, hijo del Conde de París y Beatriz de Orleans (ella exquisita dama que vive en Madrid representando a una gran firma de perfumes). Este descendiente de los Capetos es quien legítimamente puede ser considerado aspirante a ser Rey de los franceses y no Luis Alfonso de Borbón, por mucho que un grupo de quienes se hacen llamar legitimistas lo aclamen como su Soberano, halagándolo con esos títulos, como el de Anjou, que no le corresponde, pero sí, repetimos a su rival, a ese hijo de Beatriz de Orleans (separada por cierto ya hace tiempo de su marido el Conde).

Con su esposa Margarita Vargas y sus hijos | Cordon Press

Debe resultarle muy duro a Luis Alfonso repasar su dramática vida, su trágico pasado: el hermano muerto en accidente, el mismo del que él sobrevivió, aunque no pueda olvidar jamás aquellas escenas espeluznantes; la desaparición de su querido padre esquiando en una estación norteamericana, decapitado como lo fueron sus antepasados bajo la guillotina. Fue consciente Luis Alfonso de las diferencias que llevaron al divorcio a sus progenitores. Y también vivió otra tragedia sangrienta, la de una hermanastra, hija de quien fue esposo de su madre, el anticuario Rossi, que sufrió un accidente mortal cuando iba en una lancha motora.

La adolescencia, la juventud de Luis Alfonso de Borbón, transcurrieron para él de un modo diferente al de un chico de su edad. No hay más que contemplar fotografías suyas de esos años donde rara vez se le ve sonriendo. Vivió mucho tiempo en casa de su abuela, la Duquesa de Franco. Bisnieto del General, tampoco ahora se explaya mucho en público. No se le conocen muchas comparecencias en espectáculos ni fiestas, salvo por ejemplo acompañando en algún hipódromo a su mujer, que es una excelente amazona y a su hija mayor, Eugenia, que cumplirá nueve años.

También es padre de dos gemelos, Luis y Alfonso, de seis años. A su boda, celebrada en 2004 en Santo Domingo, no asistió absolutamente nadie de la Familia Real, por mucho que enviaran a sus miembros las oportunas invitaciones, gestionando, sin éxito, la presencia de alguno. Es que ni siquiera después, desde que el matrimonio se instaló en Madrid en el otoño de 2010, han mantenido relaciones ni con los Reyes entonces, ni con los actuales de ahora. Al fin y al cabo, Luis Alfonso es primo segundo de Felipe VI. Claro está que ni desde el palacio de la Zarzuela ni desde el de Oriente o palacio Real se han cursado nunca invitaciones para los Duques de Anjou. Ni han coincidido en ágapes de ningún tipo. En esa situación, se puede comprender mejor que si Luis Alfonso quiere darse, de vez en cuando, eso que se llama "baño de popularidad" se va a París para que sus oídos puedan escuchar halagos y algunos vítores por estrafalarios que resulten de sus seguidores legitimistas, que no tienen rubor alguno en agachar sus posaderas para honrarle con protocolarios saludos principescos. Y entonces, él vuelve a Madrid, a su despacho del Banco Occidental de Descuento, henchido de ¡vivas a Luis XX! Es la entidad de su suegro, el banquero venezolano Víctor José Vargas Irausquin, de quien cuentan que se llevaba muy bien con el mandatario bolivariano Hugo Chávez y hasta le prestaba generosamente asistencia monetaria para sus delirios; prócer separado de su mujer, luciendo novia muy jovencita, que presume de tener un yerno encantador (lo es, sin ninguna duda) que ha convertido a su hija Margarita en Alteza Real en Francia y a sus tres nietos en Duques. De Borgoña lo es Luis, a quien poco a poco, igual que hiciera su padre, Luis Alfonso de Borbón adiestrará como futuro rey galo. Y así, de generación en generación. Y colorín, colorado…

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