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Michael Caine: continúa su dura lucha contra el cáncer

Michael Caine cumple 85 años vivo y coleando pese a los rumores, pero con una salud un tanto quebradiza. 

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Michael Caine y su esposa, en 1974 | Cordon Press

Rastreando estos días por Internet encuentro una web, Necropedia, que daba por muerto a Michael Caine el pasado 6 de marzo. Por supuesto no lo creí, suponiendo que, de ser cierto, dada la notoriedad del gran actor británico, el óbito se hubiera conocido en cualquier medio de información. Pero esa página de incalificable conducta, desde luego rayana en lo punible, sin código ético alguno, se burla de los mortales insertando notas necrológicas sobre personajes que, ciertamente, padecen alguna enfermedad incurable. Y sin reparo alguno los dan por fallecidos antes de tiempo. Con absoluta impunidad. ¿Cómo es posible que ello ocurra y nadie ponga coto? ¿No tiene Google responsabilidad alguna?

Desgraciadamente la salud de Michael Caine es muy quebradiza, pero él sigue aferrándose a la vida y no ha dejado de trabajar en los últimos tiempos, aunque el pasado año declarara a un periódico inglés que sus días estaban contados. Lleva ya tiempo comentando que gracias a su actual esposa, Shakira, él está vivo. Por el apoyo constante que le brinda, la vigilancia a la que lo tiene sometido para que no cometa los excesos del pasado y siga una estricta medicación y dieta. Michael Caine llegaba a beberse diariamente una botella de vodka, y a fumarse dos o tres cajetillas de cigarrillos. Hubo una época en la que se reunía con los actores más borrachines de su generación: Sean Connery, Oliver Reed, Peter O´Toole, Richard Harris, Terence Stamp, reconocidos bebedores, quizás alcohólico alguno, de los que más de uno ya no está en este mundo, por culpa de sus constantes libaciones.

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Michael Caine cumple 85 años este miércoles, 14 de marzo. Vino al mundo en un barrio obrero de las afueras de Londres. Su padre era estibador en el puerto, descargador de pescado. No pudo proporcionarle comodidad alguna en la vivienda que ocupaban: sin calefacción, sin cuarto de baño. Las gentes allí hablan "cockney", que supone manejar un vocabulario vulgar, repleto de obscenidades si cabe, con un acento muy marcado. Nuestro gran actor resulta que lo conservó, por supuesto eliminando los vocablos y frases inconvenientes. Mas nunca ha podido distinguirse con la sonoridad "british" de un Laurence Olivier o un Red Harrison, impecables a la hora de recitar a Shakespeare. Ello le dio a Michael Caine, como paradoja, una singular manera de expresarse, muy personal. Nadie lo tendría muy en cuenta si les dijéramos que en realidad se llama Maurice Joseph Micklewhite, nombre que impuso cuando la Reina Isabel II lo nombró Caballero y, por tanto, usuario del título de Sir. Para el actor supuso un reconocimiento por su carrera, pero sobre todo teniendo en cuenta de dónde procedía, de quiénes eran sus ancestros, gente humilde de un barrio tenido por peligroso, a cuenta de las numerosas bandas de delincuentes. En una de ellas, como cabecilla, estuvo el joven Maurice, con tal de salir de la miseria. Hasta que se dio cuenta que ése no era el camino para sus sueños. A los veinte años comenzó a dedicarse a la interpretación, gracias a lo cual pudo salir de aquel sórdido ambiente en el que se hallaba. Su representante le hizo ver que con su nombre real le sería complicado abrirse paso en el mundo de la farándula. Y eligió el seudónimo de Michael Scott. Hablaba con ese mánager en una cabina pública, cuando fue advertido que tampoco ese sobrenombre era el adecuado, al existir ya un actor así llamado. La contrariedad apenas le duró unos segundos porque, mirando frente a donde se hallaba, leyó en la cartelera de un cine el anuncio de la película El motín del Caine, protagonizada como recordarán por Humphrey Bogart. Y en ese instante dio con el apellido buscado: sería en adelante Michael Caine.

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En 1955 contrajo matrimonio con Patricia Haines, que le dio una hija, Dominique, nacida el año siguiente. El matrimonio duró poco tiempo, sólo siete años. Michael, a pesar de su aspecto aparentemente flemático, imperturbable, como un auténtico "gentlement", volvía más de una vez a casa tambaleándose, consecuencia de alguna de sus habituales "cogorzas". Tardó años en encontrar a la que iba a ser "la mujer de su vida". Imaginamos que hasta ese día vivió encuentros amorosos que no dejaron huella en su corazón. Ni siquiera han llegado a divulgarse, por lo que no tendrían ninguna importancia en sus sentimientos. Todo hasta que contempló un "spot" televisivo con una exótica belleza asiática, a quien buscó por todas partes en Londres hasta dar con ella. Llamaba a su lugar de residencia, tomaba el teléfono su madre y Michael no lograba concertar una cita. Ni siquiera identificándose, habida cuenta que ya era un galán reconocido en medio mundo, uno de los actores ingleses de mayor prestigio; probablemente continuador de ese estilo de comediante impuesto años atrás por su compatriota Cary Grant. Pero, como el viejo refrán, aquel que reza "El que la sigue, la consigue", Michael Caine logró, por fin, que aquella guapísima modelo, accediera a salir un día con él. Y el actor desplegó todas sus artes seductoras para convencer a Shakira Baks, que había sido antes coronada como Miss Guayana y participante en el concurso de Miss Mundo que anualmente se celebra en la capital londinense, de que no podía vivir sin ella. Se casaron en 1973, formando una de las parejas más estables del universo cinematográfico. Fueron padres de una niña, Natasha, nacida ese citado año. Shakira no se ha apartado casi ningún día de su marido pues cuanto éste viajaba para algún rodaje, ella lo acompañó siempre. No sabemos si es que es celosa, pero con esa actitud estaba claro que Michael Caine no podía jamás caer en la trampa de ninguna admiradora. Fama tenía de soltero. Tal vez porque en algunas de sus películas ejercía de ello, caso por ejemplo de una de sus más renombradas, Alfie, donde se metía en la cama de cuantas mujeres caían en sus redes, lo mismo que su personaje de Un trabajo en Italia, que no dejaba a ninguna sin atraerla a sus brazos.

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Michael Caine y su esposa Shakira, en 2002 | Cordon Press

Y eso que de jovencito no parecía iba a ser un tipo atractivo. A causa del hambre que pasó, hubo de llevar unas botas especiales, confeccionadas para los raquíticos. Y usando gafas también por esas carencias alimenticias padecidas. Con un metro y ochenta y ocho centímetros de estatura, Michael Caine ha sido uno de los hombres más adorados del cine de los últimos decenios. No sólo triunfó en el cine europeo: logró abrirse paso en el nada fácil mercado norteamericano, que mira con lupa a cuantos de fuera tratan de desplazar a los de siempre en Hollywood. Su filmografía rebasa los ciento veinte títulos. Ganó dos "Óscar" de interpretación: en 1986 con Hanna y sus hermanas y en 1999 por Las normas de la casa de la sidra. La popularidad que ha disfrutado fue causa de que el, en otro tiempo, conjunto musical Madness, que cultivaron el ritmo ska, le dedicara la canción "Mi nombre es Michael Caine", al que le pidieron permiso y favor de que grabara con su voz eso mismo, el título. Más adelante, encontrándose en una tienda de discos de Miami, dio con otra grabación, que desconocía, del grupo Bottomflies (literalmente, Las Moscas del Culo), que tomaron su apelativo para otra pieza musical.

En la actualidad, Michael Caine disfruta de su vivienda londinense en el barrio de Chelsea, y de una casa de campo. Se ocupa de mantener a punto su jardín. No bebe, no fuma, ha perdido una quincena de kilos. Y dice esperar la muerte con serenidad. Cuando le llegue… y no como se ha adelantado esa miserable web de la que les escribíamos al principio.

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