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Katy Mikhailova

Putin o el bótox

El bótox engancha, pero ojo -y nunca mejor dicho- con esta sustancia.

Katy Mikhailova
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El bótox engancha, pero ojo -y nunca mejor dicho- con esta sustancia.
Putin toca la copa en la final del Mundial de Rusia | Cordon Press

El tito Putin es mucho Putin y mucho tito. Y lo lleva demostrando durante muchos años. Demasiados, quizá. Salvo por un pequeño detalle: el bótox. O alguna sustancia similar que le han inyectado en el rostro para "frenar" el paso del tiempo.

Aparecía el tito Putin en la tribuna al lado de Macron glorioso y encantado consigo mismo y su selección, y una presidenta de Croacia, Kolinda Grabar, con esas ondas barrocas en unos cabellos de color rubio platino y una simpatía y naturalidad que brillaba por su ausencia en los líderes de Francia y Rusia.

Kolinda, enfundada en la camiseta de la selección que no se ha quitado en ningún partido, demostraba cómo su elegancia daba una lección de humildad y sencillez al mundo entero. Es mujer. Es sabia. Y está entregada al fútbol. Y no como ese ministro que tuvimos durante 7 días que aseguraba detestar el deporte.

Pero Vladimir seguía hinchado y sonriente. Los minutos pasaban, la tensión aumentaba, y cada vez que la cámara enfocaba la tribuna presidencial, el tito Putin nos regalaba una sonrisa. Con los mofletes colorados y con cara de haberse hinchado a hamburguesas la última semana -cual Renée Zellweger preparándose para hacer de Bridget Jones-, el presidente de Rusia mandaba un mensaje al mundo entero con su lengua no verbal: la arruga no es bella, contradiciendo así el famoso eslogan, ya casi lema, de Adolfo Domínguez.

Para qué engañarse: ni la arruga excesiva es bella, ni la cara de sapo brillante y "brill-oso" es atractiva. Existe un concepto abstracto que algunos filósofos han denominado como "término medio", que es el punto entre un extremo y otro.

El bótox engancha, sí. Pero ojo -y nunca mejor dicho- con esta sustancia. Existe una visión generalizada de algunos cirujanos de imponer la misma cara a todo el mundo. ¿No se han fijado en que todos los que se someten a retoques terminan con la misma cara y la misma expresión? En verdad esto se debe a que uno se pone en manos de profesionales poco profesionales.

Yo tengo que confesarles que he caído rendida al bótox para prevenir el envejecimiento. Tengo los ojos claros, y cada vez que me da el sol en cara, frunzo el ceño. Me paso la vida frunciendo el ceño -en parte porque malgasto parte de mi vida gruñendo-, y ese espacio que queda entre ceja y ceja termina dejando una arruga vertical muy desagradable. Una arruga de expresión pero fea. He caído en manos de un magnífico profesional conocido en la industria como el Doctor Amselem. No es como aquel "cirucomplejín" del que escribía hace 4 años en este mismo espacio. Un pinchazo nada más. Ha bloqueado esa zona y ahora intento forzar el entrecejo y no me sale. ¡Brillante! Así bloqueamos esa zona y evitamos que se siga arrugando más.

Un tema es este y otro muy diferente es ponerse bótox como si no hubiera un mañana: modificar la expresión de uno, traducirla en una vulgaridad, y eliminar por completo de la personalidad del individuo. El bótox no es ni el enemigo ni tampoco un amante al que debamos entregarnos con pasión desenfrenada. Es simplemente un aliado.

Mi querido amigo Putin se ha pasado tres pueblos, pero es así de "expansivo" e intenso. Quizá podamos no tenerlo en cuenta, y perdonarle esto, la homofobia que no frena y ese pequeño gran matiz de haber apoyado a los independentistas. Aun así, grande Vladimir, vela por Rusia, los rusos y su nación ante todo.

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