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Los dos vetos que más han dolido a Máximo Valverde

Lo suyo con Isabel Pantoja no pasó de ser un bonito romance. Pero algo ocurrió después.

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Lo suyo con Isabel Pantoja no pasó de ser un bonito romance. Pero algo ocurrió después.
Máximo Valverde | Gtres

Ha cumplido setenta y cinco años Máximo Valverde el pasado 14 de noviembre y exhibe en los últimos tiempos un físico de galán con bigote blanquecino sin perder el atractivo con el que ha conquistado a cientos de mujeres. Si se decidiera a contar sus secretos de cama en una hipotética autobiografía necesitaría un grueso volumen. Aunque lo suyo con Isabel Pantoja no pasó de ser un bonito romance, más alimentado por él, fue una de las que figuran en su mente y en su corazón. Pero si bien el actor sevillano guarda gratos recuerdos de cuando paseaban asidos de la mano o se besaban como dos enamorados, su paisana en cambio no quiere saber nada de él.

Muy divulgado fue el incidente surgido en julio de hace un par de años. Ella actuaba en la plaza de toros de Murcia, rompiendo su promesa, aunque no era la primera vez que hizo cuando murió "Paquirri" de no volver a cantar en ningún coso taurino. El caso es que Máximo Valverde quería hablar con ella, no lo consiguió por teléfono y se plantó en la capital pimentonera, sacó su localidad y, finalizado el concierto, fue hacia el camarín habilitado para la artista. Llamó a la puerta, se identificó e Isabel Pantoja no le franqueó la entrada. Aquello le sentó muy mal a Máximo. ¡Tántos recuerdos, tántas anécdotas sentimentales a su vera para que su amistad acabara de esta manera...! ¿Por qué?, se preguntaba el actor. Las razones estaban en la obra teatral que escrita por él mismo pensaba estrenar en fecha próxima, titulada Mi querida Maribel. A la Pantoja le habían llegado noticias de ese proyecto, en tanto Máximo Valverde pretendía mostrarle el libreto, simplemente, a la par que obsequiarla con un recuerdo. Ni lo uno ni lo otro fue posible darle a conocer. Y llegó el día en el estrenó aquel espectáculo contando intimidades de sus contactos con Isabel Pantoja, como asímisimismo de otras estrellas, Mi querida Maribel, que ya ha tenido un montón de representaciones en pueblos y algunas capitales, las últimas días atrás. Máximo se encarga de contarle al respetable todos sus recuerdos con las mujeres que han marcado su vida, en tanto la cantante Eva Santamaría desgrana algunos de los éxitos de las antes mencionadas figuras de la copla.

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Máximo Valverde y Eva Santamaría | Gtres

Isabel Pantoja sigue sin perdonar a Máximo que se haya atrevido a difundir públicamente asuntos que sólo a ambos les pertenecía de cuando vivieron su idilio. Llegaron también a representar un par de funciones escénicas en los años 1978 y 1979, antiguos sainetes costumbristas de los hermanos Álvarez Quintero: Ganas de reñir y Sangre gorda. Decíamos que en Mi querida Maribel Máximo Valverde ha recreado otros episodios vividos junto a Rocío Jurado. Fueron dos en diferentes épocas: una cuando ella seguía muy enamorada de su representante, el valenciano Enrique Vernetta, que fue el primer gran amor de su vida; y otra ya rota esa relación, que aprovechó el actor sevillano para tener un romance calificado por él mismo como "corto pero intenso". Juntos, por cierto, protagonizaron una película. El resto de los amores y amoríos de Máximo Valverde, de los que puedan contarse pues él, caballeroso, calla los que mantuvo con algunas señoras casadas, ya han sido suficientemente publicitados: el más apasionado con Amparo Muñoz. Cuando ya les fue imposible continuar su convivencia y ella entró en una vorágine a merced de las drogas, Máximo se portó con la bondad que siempre le ha caracterizado, pagando de su bolsillo las facturas de algunas clínicas de desintoxicación a las que llevó a la que fue Miss Universo. Su muerte, fue un mazazo para el actor. Porque él mismo ha reconocido muchas veces que Amparo fue la mujer que más quiso.

¿Las demás mujeres de Máximo Valverde? Para pasar el rato. Fugaces amores que no dejaron huella en él, a saber, y sólo como meros ejemplos, pues de otro modo el artículo se haría interminable: la cantante Jeanne Manson, la actriz italiana Marisa Mell (su compañera en la película El taxista de las señoras), Tere Velázquez, asimismo estrella del cine mexicano, que estuvo casada con Espartaco Santoni. Y en un ejercicio del seductor que se lía con otra mujer del mismo seductor, Santoni, Máximo rizando el rizo se llevó de calle a la rica y hermosa venezolana Nati de las Casas. Todo eso pertenece a un pasado ya lejano, porque nuestro buen amigo nunca dimitió de sus conquistas. Al fin y al cabo, siempre ha sido sincero con ellas, sabiéndolo un constante mujeriego: nunca les prometía matrimonio ni compromiso de noviazgo. O sea, ninguno de sus amores, cuando él las iba dejando por otras "a lo don Juan Tenorio", podían llamarse a engaño.

Para añadir a esa interminable lista citemos a Esther Doña, ahora pareja del marqués de Griñón, a quien Máximo conoció cuando sólo era una jovencita de dieciocho años. Hasta que cumplió veinte, Esther era el amor del sevillano. Fue en Málaga durante un desfile de ella como modelo cuando el actor se fijó en la hoy marquesa consorte, a la que definiría como simpática, guapísima y con un cuerpo escultural. Y así podríamos alargar más y más las conquistas de las féminas que iban cayendo en las redes del galán.

Pero sólo una, y de ello doy absoluta fe, le tomó el pelo. Rosa María apareció en su vida como tantas otras. Le dijo ser licenciada en Filosofía y Letras. Y que estaba locamente enamorada de él. Máximo se lo creyó. Al punto que, tras muy pocos meses de salir juntos y conocerse íntimamente, planearon la boda. ¡Cuando él siempre había sido alérgico a pasar por la vicaría...! Publiqué la exclusiva de aquel rápido e impetuoso noviazgo. Lo mejor vino pocas semanas después cuando me cité de nuevo con él, lo más urgentemente posible. Le dije que tenía una noticia bomba. Y me recibió en seguida en su modesto piso de la calle de Alcalá, allá por la zona del metro de Quintana. "Tu novia, la tal Rosa María, ¡está casada!" Con el rostro demudado, me hizo prometerle que eso era cierto. Producto de mis investigaciones y de una casualidad periodística. Máximo, no es que se pusiera a llorar, pero muy serio se pellizcaba sin saber qué decir. Ya recuperado del soponcio me contó que su madre, de avanzada edad, ya había encargado en Sevilla un traje para el enlace, pues iba a ser la madrina del evento en el Monasterio de El Escorial. Las invitaciones de boda estaban a punto de imprimirse. Pasados unos minutos, Máximo tomó el teléfono, llamó a Rosa María y sólo le dijo esto, con actitud de pocos amigos: "Cariño, tenemos que vernos inmediatamente". Aquella "boda" no se celebró, por supuesto. De nuevo publiqué la exclusiva.

Un colega tituló su crónica: "Máximo Valverde seducido y abandonado". Parecía el título de una comedieta italiana o de un vodevil francés. ¿Puede decirse que aquello fue una broma? Por mi parte, no. Por la de Máximo Valverde, tampoco. Fue aquella Rosa María la que por razones que no llegué a saber dejó al galán en la estacada. ¿Estaba en sus cabales? Nunca llegué a saberlo. Después de aquello, Máximo Valverde anduvo con pies de plomo, pero no cejó en sus ligues. Ahora tiene a su lado a la anteriormente mentada cantante Eva Santamaría. Una guapa intérprete que debería haber tenido más suerte y popularidad, al tratarse de una excelentre artista. Máximo Valverde tuvo hace tiempo con ella relaciones íntimas durante un par de años. Ahora dice que simplemente son buenos amigos. Y compañeros, pues vienen representando la citada obra Mi querida Maribel y Harto de reir, obra escrita también por él, a la que han dado más de quinientas representaciones. Siendo descendiente de una familia acomodada, de nueve hermanos todos abogados, menos él, que abandonó la carrera de Derecho cuando le quedaban sólo para aprobar cuatro asignaturas, ha vivido, ahora que puede hacer recuento a sus setenta y cinco años recién cumplidos, una existencia plena de aventuras, éxitos, épocas de paro y desaliento...

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Máximo Valverde | Archivo

Quería ser torero mas tenía que pagarse los novillos si quería aparecer en los carteles, hasta que siendo ya un popular actor se dio el gustazo de tomar la alternativa, que le otorgó Manuel Díaz "El Cordobés", en presencia de Cristina Sánchez, el 7 de agosto de 1996, televisada por Antena 3, que corrió con todos los gastos. Había dejado Sevilla, se plantó en Madrid "con lo puesto", trabajó de albañil , de empapelador de paredes, de "extra" de cine... Por pura chamba, sin tener idea de actuar ante las cámaras, sustituyó a un enloquecido entonces Juan Luis Galiardo, como protagonista junto a Emma Penella de Fortunata y Jacinta. Y desde aquel 1969, hace por tanto ahora cincuenta años, se ha ganado la vida como actor de alrededor de ochenta películas; de comedias teatrales, a partir de 1951 cuando junto a Rocío Jurado encabezó el reparto de "Cancionera", hasta compartir compañía nada menos que con un maestro como Alberto Closas. En televisión trabajó en varias series, pero una de ellas le supuso un ingrato, desagradable recuerdo: La casa de los líos, en 1997, donde sólo pudo intervenir en cuatro capítulos. Su protagonista, Arturo Fernández, lo vetó, según aseguraba Máximo.

Le he conocido varios lugares de residencia en Madrid: por lo corriente pisos modestos, de alquiler, en zonas lejanas al centro de la capital, de familias de clase media baja. Y eso siendo uno de los galanes más importantes del cine español. No le sobraba nunca el dinero. Como lo invitaban a fiestas constantemente, se ahorraba muchos gastos alimenticios. Me contaron que supo ahorrar lo suficiente para invertir en algunas propiedades. Ahora vive en Lora del Río, porque aunque su vida artística siempre ha girado en torno a Madrid, él es un sevillano de pro. Y buena gente. ¡Felicidades por tus setenta y cinco "tacos", amigo!

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