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La vida de decepciones de Constantino de Grecia

Al retrasarse la boda de su hija Teodora, Constantino no podrá festejar por todo lo alto sus 80 años.

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Al retrasarse la boda de su hija Teodora, Constantino no podrá festejar por todo lo alto sus 80 años.
Constantino de Grecia y Juan Carlos | Gtres

Malos tiempos para Constantino de Grecia que, a su triste pasado se une ahora su deteriorada salud junto a la tristeza y uno diría enorme decepción respecto a la aplazada boda de su hija Teodora y a la celebración de su ochenta cumpleaños, que pretendía este martes 2 de junio.

Ya la boda de su citada hija se pospuso el pasado año, disponiéndose que tendría lugar en primavera de este 2020. Pero los propios novios, Teodora y Matthew Kumar comprendieron que con la aparición del Covid 19 el evento tendría que celebrarse en condiciones precarias, con mínima presencia de familiares, cuando se preveía que asistieran representantes de todas las casas reales europeas. Por el mismo motivo, el ochenta aniversario del monarca tampoco será festejado como él había soñado para tan simbólica fecha, en presencia de reyes, príncipes y aristócratas. Imaginamos que aunque en Grecia se hayan suavizado las medidas de alerta por la pandemia, Constantino tendrá que apagar las correspondientes velitas sólo delante de sus familiares más cercanos.

No son, por otra parte, momentos muy felices para Constantino de Grecia, obligado a usar silla de ruedas. En 2016 sufrió una embolia pulmonar. Y sus males se extendieron más tarde impidiéndole moverse con normalidad. Incluso hubo periodos en los que le resultaba difícil articular algunas frases seguidas. Parece haber mejorado algo en las últimas semanas, feliz en febrero por haber reunido a su alrededor, amén de su querida esposa, Ana María, a los cinco hijos del matrimonio, que reside desde 2014 en un palacete situado en Porto Jeli, localidad costera del Peloponeso, que les costó cinco millones de euros.

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Constantino, su hermana Sofía y su cuñado Juan Carlos | Gtres

Constantino de Grecia y Ana María de Dinamarca contrajeron matrimonio el 18 de septiembre de 1964 en la catedral de Atenas. Siete reyes reinantes, tres en el exilio y ochenta y siete príncipes de ambos sexos asistieron al enlace. Todo un acontecimiento para ambas dinastías monárquicas que las revistas del corazón de Europa contaron en toda su amplitud. Fue el año en el que Constantino había subido al trono tras la muerte de su padre, el Rey Pablo. El 29 de junio de 1973, pronto hará cuarenta y siete años que la Familia Real griega hubo de salir huyendo de su país. El régimen de los coroneles, que en un contragolpe militar había intentado Constantino para desalojarlos del poder, significó la caída de la monarquía en el reino de los helenos. Se cuenta que la influencia de la reina madre Federica sobre su hijo el Rey fue nefasta: no era muy querida en muchos sectores, por su carácter vehemente, enérgico, tratando de imponer medidas poco populares. Y Constantino pagó muy caro sus últimos movimientos y ya no pudo volver, ni los suyos tampoco, al país que nunca dejó de añorar y querer. Se estableció en Londres con su esposa e hijos, dos de los cuáles vendrían al mundo en la capital británica, en cuyas afueras fijó su temporal residencia. Estuve muy cerca de él en el vestíbulo de un elegante hotel donde solía reunirse con sus amistades. De no muy elevada estatura, vestía como puede suponerse con elegancia, muy clásico en su terno así como su peinado: siempre llevó sus cabellos, ahora ya cenicientos, con una raya a la izquierda.

En Londres mantuvo una vida dedicado a los negocios que pudo emprender, puesto que sus propiedades en Grecia le fueron expropiadas. Añádase que él y sus familiares salieron de Atenas "con lo puesto", sin tiempo para llevarse nada, valores o alhajas con las que sobrevivir. Ni eso les fue permitido. En el año 1981 se produjo la muerte accidental de la reina madre. Federica de Grecia, que esos días se encontraba en Madrid, en el palacio de la Zarzuela, se sometió a una sencilla operación de estética en su rostro, concretamente en los párpados, en ausencia por cierto de don Juan Carlos y doña Sofía, que pasaban un fin de semana en una estación de esquí leridana, Baqueira Beret. Un rechazo de la anestesia que le aplicaron precipitó el inesperado final de la regia paciente. Era sabido por sus deudos que su deseo último consistía en ser enterrada en el palacio de Tatoi, donde tantos años viviera con su amante esposo. Gracias a las gestiones de don Juan Carlos, el gobierno heleno permitió que la comitiva mortuoria pudiera llegar a Atenas y permanecer únicamente unas pocas horas, "hasta la caída del sol". Parecía la misma cláusula que existe para los notarios a la hora de someter las letras impagadas al denominado protesto bancario. Las imágenes de aquella lúgubre ceremonia eran patéticas. Sobre todo la de los rostros de Irene, Sofía, Constantino, hijos de la finada.

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Constantino en el año 2014 | Cordon Press

Constantino de Grecia siempre se llevó muy bien con sus dos hermanas. La reina doña Sofía nunca ha ocultado el cariño que siente por Tino, como lo han llamado siempre. Frecuentes fueron sus viajes a Londres para verlo y abrazarlo junto a toda la familia. Como desde 2013, cuando se les permitió regresar a Grecia, doña Sofía se ha desplazado a menudo a Atenas, coincidiendo con su periodo más triste, ante las constantes infidelidades de don Juan Carlos. Constantino siempre ha sido "un paño de lágrimas" para doña Sofía. Si en tiempos de un lejano pasado, Constantino y don Juan Carlos eran "uña y carne", esa relación fue enfriándose cuando el ex monarca heleno se hartó de las veleidades amatorias de su cuñado cerca de la voluble Corinna. Sus razones tenía: no soportaba ver el sufrimiento de su hermana, cuya soledad sólo era algo mitigada por la presencia desde hacía años en el palacio de la Zarzuela de su hermana Irene.

Constantino ya no viajaba tanto a España, para no encontrarse con su cuñado. Pero obvió esa situación un día de noviembre de 2018, con ocasión del octogésimo cumpleaños de doña Sofía, y se desplazó hasta el palacio de la Zarzuela, tan conocido para él en muchas ocasiones. No en vano, aquí vive su hija Alexia, casada con el español Carlos Javier Morales, padres de varios hijos, que lo convirtieron en feliz abuelo. Y luego, no se le ha visto más entre nosotros, coincidiendo también con su delicada salud. Es más que probable, imaginamos, que doña Sofía pueda devolverle este martes aquella visita, para compartir con Tino ese ochenta cumpleaños también.

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