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Los tres hijos de Rocío Dúrcal preparan un espectáculo en su memoria

Rocío Dúrcal, fallecida en 2006, dejó su recuerdo angelical en el mundo del cine y la música.

Rocío Dúrcal, fallecida en 2006, dejó su recuerdo angelical en el mundo del cine y la música.
Rocío Dúrcal y Junior | Archivo

En la tarde del sábado 25 de marzo de 2006 fallecía en su casa madrileña de Torrelodones la actriz y cantante Rocío Dúrcal. Contaba sesenta y un años. Había remontado un cáncer de pulmón cinco años antes. Se le reprodujo en 2004. Y ya no pudo vencerlo. Lo afrontó con la mayor dignidad y disposición, sin perder aquella sonrisa de ángel con la que triunfara en el cine. El recuerdo de sus películas y sus canciones no se ha desvanecido para tantos como la quisimos, los que la llamábamos Marieta. Ahora, sus tres hijos quieren preparar un espectáculo que sirva de homenaje a su memoria, cuando se cumplen quince años de su desaparición. Las circunstancias que atravesamos hacen que ese proyecto se posponga hasta cuando sea posible.

María de los Ángeles de las Heras Ortiz vino al mundo en Madrid el 4 de octubre de 1944. Marieta era el apelativo familiar, con el que empezó a ser llamada cuando se fue con los suyos a Valencia unos años siendo ella niña, y una vecina acordó motejarla así. Llevada por su espíritu alegre y sus ganas de cantar desde la adolescencia sería descubierta para el cine por un cazatalentos llamado Luís Sanz, productor y representante de actrices. La bautizó como Rocío Durcal, tras desestimar ser conocida como Rocío Benamejí y Rocío Fiestas. Ella nunca pensó ser estrella cinematográfica: "Cuando empecé cantando en la radio en programas de aficionados lo hacía porque mi familia lo necesitaba". En efecto: era de condición modesta, con un padre chófer y mecánico que llevaba un pobre sueldo a casa. Considerada la otra niña prodigio del cine español, en comparación con Marisol, que ya le llevaba unos años de delantera, Rocío Dúrcal, rodó catorce películas, desde la primera en 1962, Canción de juventud hasta la última, Me siento extraña, en 1977. Estrenó tres obras teatrales y dos series televisivas. Su última etapa, a partir de 1978, hay que situarla en México, donde interpretando rancheras y baladas compuestas por Juan Gabriel alcanzó un récord difícil de igualar hasta la fecha por ninguna de las cantantes españolas de música ligera y popular: cuarenta millones de discos vendidos.

La vida sentimental de Rocío Dúrcal no tiene resquicios secretos. De una relación más bien platónica con el cantautor gallego Juan Pardo, pasó a enamorarse totalmente del compañero musical de éste, Antonio Morales (Junior). Ella fue quien se le declaró en un coche, según confesión propia, casándose en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial el 15 de enero de 1970. Tuvieron tres hijos: Carmen María Guadalupe Dolores, Antonio y Shaila. Al fallecer Rocío Dúrcal, los tres hermanos, más en concreto los dos mayores, se enfrentaron a su progenitor en demanda de la herencia que les correspondía. Lamentable asunto que dio rienda suelta a los tertulianos de los programas rosa de televisión y las revistas del ramo, enzarzados en las miserables trifulcas en pos de unos bienes y unas cuentas bancarias, sin esperar prudentemente un tiempo, como les hizo ver su padre. El varón es quien no le hacía caso, enfrentado a él de una manera sórdida, patética. Junior sufrió mucho ante esa actitud, ya de por sí dolorido por la desaparición de Marieta. Acabó en una depresión, que combatía a su manera con pastillas y alcohol. En septiembre de 2014 encontró la muerte que esperaba para reunirse con quien fue el gran amor de su vida, tras su triste viudez de ocho años.

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Rocío, junto a Bárbara Rey en la gran pantalla | Archivo

Entre aquella enamorada pareja nunca hubo escándalos ni celos. Junior cometió en los últimos años de su existencia la innecesaria confesión en sus memorias cómo, estando casado, la engañó con una actriz cuando estuvo una temporada rodando una película en Filipinas. Que sepamos, sólo hubo también otro suceso que vino a revelar cómo Marieta quería a Junior. Hacia 1985 estuvo ingresada en un Centro de Rehabilitación en Los Ángeles (California). En el aeropuerto de aquella macrociudad norteamericana la policía encontró cierta cantidad de marihuana en un bolso que Rocío dijo ser de su propiedad. Substancias que parecían ser, en realidad, para el uso y consumo de Junior. Ella cargó con "el mochuelo", consciente de que si su marido iba a prisión, éste no lo soportaría, Y ella se inculpó, corriendo con la pena, no muy grave, que la retuvo privada de libertad unos meses. Asunto que los interesados ocultaron a la prensa española cuanto tiempo pudieron, y mucho más tarde se conocería a través de las declaraciones de dos allegados de la actriz-cantante. En mi memoria queda cierta gala inaugural de una serie de actuaciones que dio en la antigua sala Florida Park del Retiro madrileño, donde apareció con síntomas extraños, tambaleándose.

Son algunas lagunas que en modo alguno ensombrecen una de las carreras artísticas más importantes de Rocío Dúrcal, siempre querida por los periodistas, que tuvimos con ella un trato amistoso. Recuerdo como nimio detalle que al saludar, si lo hacía sin mediar un beso, era apretando fuertemente la mano derecha. Era muy valiente: "Soy de otra pasta, no tengo miedo". Por eso afrontó las desgracias y constantes entradas y salidas del hospital con absoluta entereza. Nos dio un gran ejemplo al enfrentarse así a su enfermedad mortal: creyó siempre que la vencería. Era un poco como Rocío Jurado, su tocaya, que guardaba un autógrafo de la estrella madrileña de los tiempos en los que ésta trabajaba en el tablao "Gitanillo´s". El día que se conocieron, la Jurado lloró, emocionada. Y cuando se encontraba hospitalizada en Houston, tenía apagada la televisión de su cuarto: su familia le impidió así que se enterara de la muerte de su tocaya. Entre la de Rocío Dúrcal y la de Rocío Jurado, posterior, sólo mediaron dos meses.

Si a Rocío Jurado se le tributó una multitudinaria despedida en Madrid y posteriormente en su pueblo natal, Chipiona, en cuyo cementerio descansa, a Rocío Dúrcal no fue posible, si descartamos un funeral en su memoria. Porque había dispuesto que la mitad de sus cenizas quedaran aventadas desde los jardines de su casa de Torrelodones, y las otras depositadas en un cofre en la Catedral de México de la plaza del Zócalo. Donde sí un enjambre de admiradores, alrededor de dos mil, patentizó el cariño que los mexicanos prodigaron a nuestra compatriota.

Los hijos de la Dúrcal han llevado caminos diferentes y no siempre han estado unidos. La primogénita, Carmen, de cincuenta años, fue actriz pero, poco a poco, aunque reunía facultades, se fue despegando de la farándula. De su relación con Óscar Lozano tuvo un hijo, Christian; luego se casó con el empresario de una cadena de gimnasios, Luis Guerra, para emprender negocios relacionados con la organización de eventos de empresas. Antonio, el varón del trío de hermanos, el que más genio tiene de ellos, ha padecido meses atrás la enfermedad del coronavirus. Estudió en los Estados Unidos unos cursos empresariales; de vuelta a Madrid los puso en práctica invirtiendo en varios restaurantes. Se casó dos veces, con Edurne González y luego con Bárbara Suances, padre de dos mellizos con la primera y una niña con la segunda. Tiene en la actualidad cuarenta y seis años. Cinco más que la benjamina, Shaila, dicen que la más parecida, en carácter y físico, con Rocío Dúrcal. Ha desarrollado su carrera musical prácticamente en México, donde está muy reconocida. Casada con Dorio Ferreira, el matrimonio ha residido los últimos años entre Miami, Los Ángeles, Houston, Ciudad de México, Barcelona y Madrid, adonde pasó hace meses una larga temporada antes de iniciar una gira de actuaciones, menguadas, dada la pandemia.

Shaila Dúrcal es la principal valedora de ese espectáculo que pergeña junto a sus dos hermanos, del que no desean anticipar su contenido. Es previsible que, amén de proyectarse imágenes de su madre, Shaila versione sus mayores éxitos y Carmen, como actriz en el pasado, intervenga en el escenario. Antonio, se encargaría de los asuntos económicos de ese montaje. ¡Ojalá pueda celebrarse! Rocío Dúrcal merece que la sigamos teniendo en la memoria, como lo que fue: una mujer maravillosa, sencilla, simpática a más no poder, notable actriz y estupenda cantante de amplios registros y géneros.

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