Menú

Las dos bodas de Ana Belén y Víctor Manuel durante décadas de amor

Ana Belén presenta los Goya en calidad de mito del audiovisual español.

Ana Belén presenta los Goya en calidad de mito del audiovisual español.
Ana Belén y Víctor Manuel | 'Cordon Press'

Ana Belén es una de las pocas, admirables artistas, que ha sabido compaginar con excelencia su doble faceta de actriz y cantante. No le gusta que haya periodistas, críticos o no, que ensalcen más su segunda condición. Le da más importancia a la primera. En cualquier caso, ambas las desarrolla con maestría. Circunstancialmente fue también directora, una sola vez: firmó la realización de Cómo ser mujer y no morir en el intento. Y no quiso repetir la experiencia, a pesar de que tras la cámara también obtuvo, al menos, su reconocimiento, siquiera con la nota de aprobado. Y ahora, este sábado 10 de febrero, afronta algo nuevo para ella: la de presentadora de la trigésimo octava edición de los premios Goya, junto a los Javis. Será en las instalaciones de la Feria de Valladolid.

Setenta y dos años tiene, aunque en algunas enciclopedias y biografías, erróneamente, aparezca como nacida uno antes, siendo lo cierto que vino al mundo en Madrid el 27 de mayo de 1951. Vivía con su familia, de clase media, en una vivienda en las merindades del Rastro, calle del Oso, donde su madre ejercía de portera, siendo su padre uno de los cocineros del hotel Palace.

María del Pilar Cuesta Acosta decía, siendo niña que "yo iba para artista". De la mano de su madre se recorría algunas emisoras madrileñas, a la edad de diez años, allí donde se convocaran concursos musicales para noveles, el primero en el que participó Todo vale. Emulaba con el repertorio de sus ídolos, Joselito y Marisol, las canciones de estos niños prodigios. Pilarín Cuesta, como era anunciada, así parecía ser también una de ellos, razón por la que el productor José Luis Dibildos la contrató para tres películas, aunque sólo rodó una, Zampo y yo, en la que fue coprotagonista con el veterano Fernando Rey. Transcurría 1965 y a la neófita actriz-cantante la bautizaron como Ana Belén, a quien nunca le gustó ese doble apelativo. Aquel filme fue un fracaso. Y las canciones de la banda sonora jamás las interpretaría en público. El contrato se deshizo. Y fue a partir de entonces cuando tras ingresar en el TEM (Teatro Estudio de Madrid) que dirigía el escenógrafo y ambientador de Zampo y yo, Miguel Narros, Ana Belén fue preparándose para iniciar la que iba a ser su brillantísima carrera de actriz, debutando en el teatro Español con la obra de Miguel de Cervantes "Numancia".

Cuanto siguió después ya es conocido en líneas generales, y lo condensamos así: en aquella compañía del Español estuvo cuatro años, representando una selección de teatro clásico, siendo la inocente Inés del Tenorio, cobrando la irrisoria cifra de quinientas pesetas mensuales. Momentáneamente se olvidó de la canción, también del cine, hasta que en 1970 le propusieron ser la protagonista de Españolas en París, su trampolín para triunfar en la pantalla, hoy con una abundante filmografía. En cuanto a su discografía, fue muy discreta en esa década, hasta el final de la misma, cuando fechado su álbum "Ana" en 1979, triunfó con "Agapimú", amor, en griego, la primera de su luego larguísima lista de canciones de éxitos, muchas alcanzando los primeros lugares de las listas.

Y así, ya en la década de los 80 podría asegurarse que Ana Belén era una actriz-cantante de primera fila, consagrada en ambas actividades en escenarios, salas de fiestas, estadios o plazas de toros. Quien en la faceta musical contó desde el primer instante con el apoyo de quien se convirtió en su marido, Víctor Manuel.

Se conocieron en 1971 cuando ella representaba por toda España una comedia dramática, "Sabor a miel", donde destacó sobremanera. Compartía la cartelera con Lali Soldevila, a la que luego sustituyó Trini Alonso. Ésta, cuando la compañía se encontraba en La Coruña, le presentó al mencionado cantautor asturiano, quien estaba de gira junto a Julio Iglesias. Simpatizaron pronto Víctor Manuel y Ana Belén, acrecentada su íntima amistad gracias a dos películas que rodaron a las órdenes del imaginativo guionista y realizador astur Gonzalo Suárez: "Morbo" y "Al diablo con amor". Nada del otro jueves.

Lo cierto es que en ese tiempo, primeros años 70, sin que Satanás tuviera nada que ver si nos referimos al segundo de los filmes citados, Ana y Víctor congeniaron tanto que acordaron su convivencia. Las familias de ambos estaban al corriente, los animaron a casarse. Y dado que en España no existía todavía el divorcio (sólo faltaban unos pocos años para legalizarlo), por si acaso, los novios aceptaron contraer matrimonio, pero por lo civil. Y el sitio más cerca que encontraron fue en Gibraltar. A la ceremonia asistieron los padres de los contrayentes. Aquel enlace no tuvo certificación alguna en la península, al no poder legalizarlo: ellos no quisieron pasar por la vicaría. Y así transcurrieron cuarenta y ocho años. Seguían solteros para cualquier efecto oficial. Y en 2021, tal vez por si se perjudicaban ellos mismos o a otros, en cuestiones que afectaran a sus dos hijos, o en las declaraciones el Fisco, decidieron casarse. Ya civilmente pudieron hacerlo en España. Salvo sus más allegados, nadie se enteró de esa segunda boda de la pareja.

En 1976 tuvieron su primogénito, David, músico, compositor y a veces cantante, que ha convertido en abuelos a sus padres. Y en 1983 les nació Marina, que ha seguido como actriz las huellas de su madre. De ahí que sea más conocida que su hermano, a quien físicamente apenas se le conoce, porque en pocas ocasiones lo han captado las cámaras de los reporteros gráficos. Cuando nació, para evitar la persecución de los "paparazzi", sus progenitores resolvieron regalar tres fotografías de su nacimiento a cuatro revistas del corazón. Yo trabajaba en una de ellas, Semana y recibí una llamada telefónica de Ana Belén, participándome el envío gratuito de esas imágenes. Jamás la pareja, tan unida siempre, ha especulado con su intimidad y los semanarios del corazón. O sea, nunca vendieron exclusiva alguna, aunque se lo propusieron. Ello les honra.

Ana Belén recordará este sábado, en su interior, mientras transcurre la gala de los Goya, que a ella no le otorgaron ninguno, a pesar de que se lo mereciera más de una vez. La Academia de Cine, en compensación, la reconoció como galardonada con un Goya de honor en 2017.

Se ha lamentado que desde 2004 no le hayan ofrecido en el cine papel alguno de protagonista. No obstante sí que ha aparecido en varias películas aunque no figurase encabezando el reparto. Así sucedió en la coproducción hispano-argentina La Piedad, de Eduardo Casanova, a mayor gloria de Ángela Molina, aunque la cinta no haya trascendido. En la escena, Ana Belén no ha tenido problemas para continuar representando piezas, como en la actualidad sucede, en la gira de Romeo y Julieta despiertan, imaginativa comedia sobre cómo reaccionaría la mítica pareja si, de repente, volvieran a la vida.

Recientemente, Ana Belén confesaba en una entrevista televisada con Jordi Évole, que hace años fue violentada por un conocido director cinematográfico, empujándola contra una pared y besándola en la boca. No quiso denunciarlo, siendo una víctima más de esos tipos que abusan de su fuerza, o bien los que pueden contratarlas, para conseguir sus sucios propósitos.

Temas

En Chic

    0
    comentarios