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La intensa vida sentimental de Máxima, Reina de los Países Bajos

Máxima de Holanda es una de las "Royals" europeas más destacadas. Su vida arroja datos interesantes.

Máxima de Holanda es una de las "Royals" europeas más destacadas. Su vida arroja datos interesantes.
Máxima de Holanda. | Archivo

El pasado miércoles, 19 de junio, se inició la programación en Antena 3, en horario preferente, la serie Máxima, relativa a la vida de la Reina de Holanda, casada con Guillermo Alejandro, de los Países Bajos, padres de tres hijas. Consta de seis episodios de cincuenta minutos cada uno. Previamente se estrenó en una cadena de televisión holandesa. No ha tenido la aprobación de la Familia Real, tampoco su rechazo. Simplemente fue emitida basándose en las investigaciones de una periodista de ese país, Marcia Luyten. La audiencia reflejó la división de opiniones sobre la aceptación de la serie, a favor y en contra. Una de las críticas más contundente partió de uno de los diarios de mayor circulación, acerca de unas escenas subidas de tono en las que Guillermo y Máxima estaban en la cama.

Cuanto escribimos a continuación, sin haber contemplado la serie, está fundamentado en la vida de Máxima, una mujer independiente, quien antes de conocer a quien es su feliz esposo, el monarca holandés, tuvo una vida amorosa muy activa.

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La serie Máxima | Archivo

Máxima Zorreguieta Cerrutti nació en Buenos Aires hace cincuenta y tres años. Hija de un político, Jorge, y una dama de la alta sociedad argentina, María del Carmen. Sus progenitores no estaban casados cuando ella vino al mundo: el padre, quince años mayor que la madre, no había disuelto su matrimonio anterior, del que tenía tres hijas. La familia de María del Carmen Cerrutti, desaprobaba aquella relación y hasta que Máxima no alcanzó los dieciséis años, no se pudo legalizar en un matrimonio de carácter civil. Siendo educada ella en la religión católica, quizás pudo sentirse afectada por aquella situación en el hogar donde vivía.

Probablemente también Máxima tuvo una educación flexible que, unida a su carácter abierto, determinó que en su juventud no encontrara demasiados impedimentos paternos a la hora de relacionarse con chicos, y ya independizada, pudo mantener unos cuantos noviazgos con absoluta libertad. Quien luego, al casarse con el heredero de la corona holandesa, se presentó como una mujer prudente, sin un pasado escandaloso, tuvo que aceptar que en la corte neerlandesa se maquillara, por decirlo así, su biografía sentimental.

Ignoramos, al escribir las presentes líneas, si en la serie Máxima saldrán a relucir cuantas relaciones sostuvo. Son las que, de modo muy abreviado, reseñamos a continuación, partiendo del primero de sus enamorados, Tiziano Iachetti, un condiscípulo de la escuela secundaria. Los amores en la adolescencia serán todo lo románticos que se quiera pero, en general, se marchitan cuando se inaugura la juventud. Periodo en el que Máxima mantendría un idilio con el chef de un programa televisivo, de nombre Max Casá.

Máxima siempre fue desde muy joven muy decidida y enamoradiza. Y por su formación académica y la posición social elevada de su familia, procuraba fijarse en varones del mismo rango, si no superiores, incluso, millonarios o con "pedigree", que se dice con respecto a los ancestros. Dio con el descendiente de un lejano virrey, llamado Federico de Alzaga con quien estuvo retozando un tiempo, hasta que, a la vista que él no le proponía un futuro en común, lo conminó con estas palabras contundentes: "O nos casamos… o me voy". Y se fue.

Pero, ¿adónde? Eligió Nueva York, donde no está muy claro si trabajó en alguna empresa que pudiera contratarla por sus estudios universitarios de Economía. Pero allí hizo en seguida amigos. Cuéntase que, por temporadas, vivió en varias casas, como en la de la rica familia Hamptons y en otras, donde a veces simpatizaba con los hijos solteros de sus anfitriones, en un ambiente amistoso, familiar, puede que de absoluta camaradería Vivió cierta bohemia, asimismo, en el barrio neoyorquino de Chelsea. Hizo amistad con una compañera de piso, Cynthia Kauffman, muy relacionada con personajes de la realeza europea, quien cierto día, en conversación desenfadada sobre el futuro sentimental de ambas, le propuso a Máxima cuanto sigue: "¿A quién preferirías conocer, a un príncipe guapo o a otro rico?" No tenemos la respuesta de quien es hoy reina consorte de Holanda, pero ahí puede suponerse cuanto le respondió a Cynthia. Aquellos dos príncipes que le sugería ésta para presentárselos eran Federico de Dinamarca y Guillermo de los Países Bajos.

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Un viaje a Sevilla, durante su famosa fería, iba a dilucidar la decisión de Máxima en connivencia con la citada Cynthia. Encontrándose las dos en una de las casetas más concurridas por la aristocracia, la del Real Club, fue cuando se produjo un encuentro que, con el tiempo, tendría consecuencias históricas. Fue allí donde Cynthia Kauffman acudió con su amiga a la mesa ocupada por el entonces príncipe holandés. Y entre Guillermo y Máxima surgió el flechazo que, con el tiempo, culminaría en boda. Hay otra versión, menos consistente, que asegura que ambos ya habían cruzado anteriormente algunas cartas.

Si el encuentro sevillano sucedió en 1999 el principesco enlace tendría lugar el 2 de febrero de 2002, de carácter civil. Previamente, siguiendo las normas protocolarias, se anunció el compromiso nupcial el 30 de marzo de 2001. Hubo tiempo para que el Parlamento holandés autorizara esa boda. Que alcanzó bastantes controversias y estuvo a punto de no celebrarse. Entre otras cuestiones por la prohibición de que el padre de la novia estuviera presente. ¿Las razones? Jorge Zorreguieta había ostentado la secretaría de Agricultura y Ganadería del Gobierno argentino presidido por Jorge Videla, periodo en el que se constataron cientos y cientos de asesinatos, muertes y desaparecidos.

La víspera del principesco enlace la pasó Máxima entre nervios y sollozos, transida de dolor por la ausencia de sus padres, ya que la señora Zorreguieta hizo causa común con su marido. Un año después, más o menos, ella sí que viajó a Amsterdam para conocer a su primera nieta y permanecer junto a su hija, la princesa de los Países Bajos como fue declarada.

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El matrimonio de Máxima y Guillermo sería estable, acrecentada su felicidad por el nacimiento de sus tres hijas: Amalia, hoy con veintinueve años, Alexia, de dieciocho, y Ariane, de diecisiete. La abdicación al trono holandés de la muy querida por sus súbditos, Beatriz, supuso que su hijo Guillermo la sustituyera al frente del país, lo que llevaba a Máxima ser reina consorte. Se fue ganando poco a poco el cariño de su pueblo. Disfrutó como es natural de su nueva vida, aceptó obligaciones que le eran desconocidas con absoluta entrega. Pero también hubo de enfrentarse a dos dramas, sobre todo, que le han amargado un tiempo su existencia; dolor que es difícil pueda olvidar.

El principal, la muerte por suicidio de su querida hermana Inés, hace seis años, con quien estaba muy compenetrada. Tenía treinta y tres años y decidió quitarse la vida en su casa de Buenos Aires, al parecer por una ruptura sentimental. Un paralelismo con lo que le acaeció también a nuestra reina Letizia.

El otro preocupante suceso tiene por protagonista a la primogénita de los reyes, la princesa Catalina Amalia, a la que un grupo mafioso relacionado con el tráfico de drogas amenazó con secuestrar y matarla. Tuvo que buscar lugares donde estar lejos de tal banda, entre ellos Sevilla, donde tiene buenas amistades.

Máxima tiene ascendientes vascos, los Zorreguietas del pasado con raíces en el pueblo guipuzcoano de Elduayen. Con nuestros monarcas, Felipe y Letizia, los reyes de los Países Bajos mantienen una entrañable relación. Se nota en los documentos gráficos, en las imágenes por televisión, la simpatía y naturalidad que muestran en público Guillermo y Máxima. En una gira el pasado año por el Caribe, la reina se puso a bailar en plena calle, imitándola en seguida su marido e hija Amalia. En un reciente viaje a los Estados Unidos también se han mostrado cercanos a cuantos los saludaban. Tiene Máxima no sólo una innata afición al baile, bromeando con su esposo por lo poco apto para ello; también es mujer valiente que se ha atrevido a lanzarse en paracaídas. Y de puertas adentro del palacio Huis ten Bosch, de La Haya, a veces se adentra en las cocinas y prepara algún plato que le recuerde su Argentina natal. Una mujer admirable que entre sus virtudes, destaca por su sencillez y simpatía.

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