
Demi Moore estuvo casada con Bruce Willis entre los años 1987 y 2000. Tuvieron tres hijas. Tras la ruptura, ambos reemprendieron su vida sentimental con otras parejas, pero no perdieron nunca el contacto. El actor de tantas películas de acción, demostró sensibilidad y, sincero, admitió que quizás no fue ni un buen esposo ni un padre responsable. Cuando hace dos años los médicos diagnosticaron que Bruce padecía afasia, demencia frontotemporal irreversible, Demi Moore procuró celebrar encuentros periódicos con su ex, en compañía de las tres hijas de ambos, que se unieron en el hogar que Willis mantenía con Gemma Heming, su esposa desde 2009, y las dos hijas de ese segundo matrimonio. Ahora que el final del popular actor se acerca, y ya no reconoce a nadie de su entorno, Demi Moore visita muy a menudo al enfermo, aunque él no dé señales de saber quién es ella. Y ha dicho que permanecerá a su lado hasta que acontezca ese definitivo adiós, que la tiene suida en un profundo dolor. Lo sorprendente es que la actriz acude al domicilio de Bruce en el estado de Idaho, en presencia de la esposa de este, Gemma, quien acepta de buen grado que Demi se desplace tan a menudo para permanecer junto al lecho de Willis. Analizando el comportamiento de ambas mujeres, sin duda, cada una en su papel, demuestran una gran comprensión hacia el infortunado actor, solidaridad, ternura, lo que comparten con las cinco hijas de quien espera la muerte sin ser consciente de cuanto le sucede, con su mente perdida y su estampa de duro galán ya irreconocible.
La primera hija que tuvo Demi tras casarse en 1987 con Bruce Willis, fue Rumer. La segunda, Scout. Estando embarazada de ella es cuando apareció desnuda, con la evidencia de su vientre, en la portada y páginas interiores de Vanity Fair, cuya publicación fue considerada escandalosa en buena parte de la comunidad cinematográfica de Hollywood como también entre los lectores y miles de admiradores de la estrella. Lo anecdótico fue que quien hizo aquel reportaje gráfico, la muy acredita Annie Leibowitz, no pensaba tomar con sus cámaras aquellos desnudos, sino mostrar a Demi luciendo espectaculares modelos del modista Isaac Mizrahi. Pero de improviso, mientras ella iba cambiándose de vestidos, cambió de idea, convenció a la actriz que mostrándola sin ropa y en su estado de buena esperanza sería una exclusiva sensacional. Y sin duda lo fue, a pesar de las críticas adversas. La revista vendió un millón de ejemplares. En la portada figuró este titular: "More Demi Moore". Curiosamente, un año después, Demi Moore volvió a ser portada en la misma revista esta vez con su cuerpo sin ropa alguna, pintado como si llevara un traje,

Demi Moore nunca tuvo reparo en aparecer en pelota picada en más de una ocasión. Antes de la mentada portada de Vanity Fair, de acuerdo con su marido, Bruce Willis, estando embarazada de su primera hija, Rumer, año 1988, Annie Leibowitz ya la había captado en esa situación, totalmente desnuda. Pero aquellas imágenes no eran para publicarse, sino de carácter particular, para el álbum familiar de la pareja.
La verdad es que Demi Moore siempre ha sido una fémina original a la hora de promocionarse. O a la de firmar contratos que la obligaban a cambiar su físico por exigencia del guion. Fue lo ocurrido en 1997 cuando se rapó totalmente su cabeza para rodar G.I, Jane. Una mujer también extremadamente caprichosa que llegó a exigir a la productora que pusiera a su disposición un par de aviones, uno para su exclusivo uso y otro para su equipo. Cuando asistió al Festival Cinematográfico de Deauville en 1990 a promocionar su película más importante, Ghost, acudió con su masajista, guardaespaldas, peluquero, maquillador, modista y secretaria. A la vuelta de uno de sus viajes, comentó lo siguiente a Bruce Willis: "Pienso vivir mucho". Y éste, le retrucó: "Pero ¿para qué, querida? ¡Cuando lleguemos a viejos nadie nos contratará en el cine!"
Ambos actores siempre tuvieron muy alta cotización. Demi cobraba doce millones de dólares por película en la década de los 90, pero con el nuevo siglo sus emolumentos descendieron. Bruce, con sus películas violentas, era considerado uno de los mejores en ese género y mantuvo su "status" hasta que la enfermedad lo fue retirando del cine, ya incapaz de aprenderse un guion.
Muy generoso siempre con su mujer, Bruce compró una casa de tres pisos para vivir allí con Demi e hijas. Uno de los rincones preferidos de ella lo llenó de muñecas, muchísimas, colección desde que era niña, valorada en un millón de dólares. En el fondo, ella ha retenido siempre ciertos rasgos infantiles, aunque su carácter en líneas generales responda a un ser sin prejuicios, que ha hecho casi siempre lo que le venía en gana. Tuvo una niñez difícil cuando su padre abandonó el hogar. Y ya en su juventud se planteó vivir a lo grande. Ganó dinero a espuertas en los años 80 y sobre todo los 90. Esa avaricia por el vil metal le hizo ganar con toda justicia este mote que le endilgaron en Hollywood: "Gimme Moore", que significa "Dame más". En 1996 lo tuvo muy claro cuando la contrataron para ser protagonista de "Striptease", otra de sus más conocidas películas. La colocó en las listas de las actrices mejores pagadas.
¿Por qué a Demi Moore le importaba un pimiento "el qué dirán"? Quizás porque recordaba el horror de su adolescencia: fue violada con quince años, asegurando que su madre lo había consentido a cambio de quinientos dólares. Madre que era una inmoral: posó desnuda en 1993 para la revista W"High Society" parodiando la escena de amor que rodó Demi en Ghost. Era alcohólica, fue arrestada varias veces por la policía, Demi la ingresó en una clínica de rehabilitación, pagando los gastos, hasta que en 1998 murió a causa de un cáncer.

La vida de Demi Moore no ha sido en general un ejemplo de sensatez. No sólo por esos escándalos que desde jovencita protagonizó apareciendo desnuda en las páginas de "Playboy", "Penthouse" y "Oui", sino por consumir cocaína a edad temprana. Llegaron a echarla de un rodaje. Sabiendo esas adicciones, un director la eligió como protagonista de "Jules". No le fue difícil representarla, pues era una drogata.
Se casó tres veces. La primera con el músico Freddy Moore (1980-1985) de quien tomó su apellido artístico, pues en realidad se llama Demetria Gene Guynes. La segunda con Bruce Willis, con quien convivió trece años, los más felices de su vida. Fue sin dudarlo su gran amor. La tercera boda sucedió en 2005 hasta 2013, con el también actor Ashton Kutcher.
El año 2007 acudió invitada al Festival de Cine de San Sebastián. Causó sensación. Fue a presentar su película Un plan brillante, historia de una mujer decidida a enfrentarse a un mundo de hombres en los negocios. Y aunque en su última etapa no ha tenido el mismo éxito que en los ya citados años 90, no ha dejado de trabajar. Así, en mayo último acudió al Festival de Cannes, donde se estrenó su último filme: The substance. Dejó una estela de admiración por su elegancia. A sus sesenta y un años, su atractivo continúa siendo su arma más poderosa para continuar bien en la gran pantalla o en series de televisión.
Su carácter agresivo parece haberse calmado un tanto. La enfermedad de Bruce Willis la ha llevado a pensar en la fugacidad de la vida, en esa relación con la muerte que ahora no se le va de su mente contemplando muchos días al hombre que más amó: "Estaré a su lado hasta el fin", ha dicho.