
Tres décadas después del estreno de 'Tesis' sus principales protagonistas, Eduardo Noriega, Fele Martínez y Ana Torrent han vuelto a reunirse con ocasión del Festival Ópera Prima de Navarra celebrado recientemente en homenaje al director Alejandro Amenábar. Aquella película significó el despegue como realizador de ese thriller, rodado con un mínimo presupuesto, y el lanzamiento de unos jóvenes actores como el cántabro Eduardo Noriega, quien desde entonces ha desarrollado una intensa presencia en la pantalla.
Si su filmografía contiene títulos importantes del cine español, ha procurado que su intimidad no trascienda en las revistas rosas. Siendo un galán en muchas de sus películas no ejerce como tal en su vida real. No ha sido un mujeriego y mucho menos desde que se enamoró de quien es su esposa desde hace catorce años, a quien conoció sentado en un banco del aeropuerto Madrid-Barajas y ella pasó por su lado; quedó mirándola y surgió el flechazo, corroborado después, sorprendentemente, con un reencuentro profesional. Les contaremos esa romántica historia.
Es el menor de siete hermanos nacidos en Santander, uno de ellos político, Javier, diputado del PP, y otro periodista, Íñigo, director de "El Diario Montañés". En principio, a Eduardo Noriega le atraía tanto la música de adolescente que, cuando le llegó el momento de elegir una carrera, se inscribió en un Conservatorio. En esa época participó casualmente en una representación teatral, nada menos que "Yerma", de García Lorca como es harto sabido. Y fue entonces cuando ese gusanillo de aficionado, encantado de la vida de representar el oficio de vidas ajenas, le hizo repensar su futuro y se estableció en Madrid, ingresando en la Real Escuela de Arte Dramático.
En esos primeros meses en la capital madrileña residía en un Colegio Mayor de la Ciudad Universitaria, donde entre muchos otros compañeros hizo amistad con quien más adelante le permitiría convertirse en un actor conocido: Alejandro Amenábar. Pero, antes de que rodara 'Tesis', su plataforma profesional, debutó en un filme inspirado en la novela de igual título, 'Historias del Kronen', del joven escritor José Ángel Mañas. Un nuevo cine llegaba a las pantallas españolas y, enrolado en ese grupo juvenil, Eduardo Noriega fue convirtiéndose en un dúctil y eficaz intérprete, de buena presencia, naturalidad, dotado de excelente pronunciación, que es una de las virtudes poco habituales en las últimas generaciones de actores.
Después del thriller ya mencionado, 'Tesis', acerca de unos estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Información encargados de un trabajo fin de carrera sobre la violencia en el mundo audiovisual, que obtuvo siete de las ocho nominaciones a los Goya, Noriega volvió a ser dirigido por Amenábar, en una surrealista historia, "Abre los ojos", que lo situó con dos actrices, Najwa Nimri y Penélope Cruz. 'Lobo', 'Nadie conoce a nadie', 'El espinazo del diablo', 'Alatriste', son cintas sobresalientes de una ya larga filmografía de este actor de cincuenta y dos años, que ha tenido la suerte de empalmar un trabajo tras otro, en la gran pantalla o en televisión. Talento no le falta pero bien sabido es que otros colegas suyos, con méritos, se pasan meses y meses con una mano delante y otras detrás pendientes de que les llegue un contrato, a través del móvil.
Sus películas más recientes son: "La ahorcada", junto a Amaia Salamanca, que se estrenará el año próximo, un "thriller", género al que está muy acostumbrado, como lo es también el último que ha rodado junto a Blanca Suárez en el papel de un escritor, "Parecido a un asesinato". En sus apariciones televisivas, una de la más interesante fue en "Reina Roja".
De atractiva presencia, Eduardo Noriega, de soltero tuvo algunas aventuras y la que más trascendió fue con la actriz Ana Álvarez, con la que convivió durante un par de años, tras compartir reparto en la película "Cha, cha, cha".
Aquel noviazgo fue para Eduardo Noriega una bendición pues otro anterior le supuso un trauma cuando una chica de la que estaba prendado rompió la relación. Él se había ilusionado con ella, que era madre de un niño. Y de repente, todo aquel sueño se desmoronó de la noche a la mañana dejándolo más solo que la una. Tardó en recuperarse de aquella crisis sentimental. Cuando un primer amor se rompe suele suponer un desgaste emocional para quien lo sufre, por lo común muchachos algo ingenuos que creen que el mundo se acaba para ellos mientras la chica de sus sueños se aleja. En la historia vivida por Eduardo Noriega pasó algo peor, y es que al cabo de un tiempo de su infortunio, coincidió con aquella chica en un ascensor. "Fue horroroso", contaría el actor, recordando aquella escena muy propia de un culebrón televisivo.
La ruptura con Ana Álvarez la sobrellevó Eduardo mejor que su anterior experiencia amorosa. Y como suponemos tenía ya más historias sentimentales en su vida le dio menos importancia. Siendo un tipo serio, esperaba el momento de encontrar a la mujer soñada. Encontrándose un día esperando un vuelo en el aeropuerto Madrid-Barajas, que se había retrasado, entreteniéndose mirando a su alrededor el trasiego de otros viajeros, detuvo la vista al paso de una guapa morena que llamó su atención. Retuvo la imagen de la desconocida. Le hubiera gustado decirle lo guapa que era. Y lo que son las cosas, el destino, volvieron a encontrarse: en un festival extremeño de cine. Pura casualidad, aunque no tanto pues ella pertenece a la familia cinematográfica, en calidad de diseñadora de vestuario. Y allí sí que Eduardo Noriega no dejó pasar la oportunidad de intimar con ella.
Cordobesa, Trinidad Otero pasó a ser su pareja un tiempo hasta que en 2011 contrajeron matrimonio civil y tres años más tarde fueron padres de una niña. Su romántica historia parece haber sido inspirada por un guionista. Pero es muy real, aunque Eduardo Noriega no sea partícipe de contarla con más detalles.

