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Suspiros de España, Estrellita Castro (1938)

El que para muchos es o debería ser el verdadero himno nacional nació sin letra, como la Marcha Real, que es el himno oficial español, pero un siglo largo después.

Fue compuesta en Cartagena, la antiquísima capital ibérica de los cartagineses que acabaron bautizando los romanos como Cartago Nova. Nació como paso-doble que en su origen era la típica marcha de paseo de la Real Infantería. Y su autor fue el maestro Antonio Álvarez Alonso, que la compuso en un café llamado La Palma Valenciana, en la Calle Mayor. Tras tocarla al piano para sus amigos, que la celebraron mucho, le faltaba el título. Y mientras una noche volvía de paseo camino de su casa vio en el escaparate de una pastelería llamada España unos dulces –avellanas caramelizadas- que allí llaman suspiros. De ahí el título.

La estrenó el Día del Corpus Christi de 1902 en la Plaza cartagenera de San Sebastián la Banda de Música del Tercer Regimiento de Infantería de Marina (más tarde, Tercio de Levante) dirigida por Ramón Roig y Torné que ocupó el lugar del compositor, buen amigo suyo, que no podía dirigir la banda por no ser militar. Tuvo enseguida mucho éxito. Pero no se le puso letra hasta 1938, para que la cantara Estrellita Castro en la película "Suspiros de España". Junto a la protagonista, está el actor cómico más famoso de aquella época, Miguel Ligero.

La nostalgia de la patria hizo de Suspiros de España el himno de todos los emigrantes, exiliados o viajeros españoles. La máxima figura de la copla, Concha Piquer, que empezó muy joven actuando en Broadway, le dedicó "Nochebuena en Nueva York", obra de su Pigmalión el maestro Penella. Y tuvo tanto éxito –tiene aún, aparece en REC2- que muchos aún la llaman Suspiros de España. La primera letra la compuso para la película de Benito Perojo en 1938 Juan Antonio Álvarez Cantos, sobrino del compositor. Se han escrito, al menos, otras dos letras, cantadas por Rocío Jurado y Dyango. Carlos Saura la utilizó en "Ay, Carmela" y el descubrimiento para los más jóvenes vino de Diego "El Cigala", en la película Soldados de Salamina (2002). Es una tarde de lluvia, en plena huída del ejército republicano, al final de la Guerra Civil: un joven soldado tararea y baila con su fusil, como en las fiestas de su pueblo, al que quizás nunca volverá, la canción más popular de nuestra nación. Lo dice Concha Piquer: "eran nuestros suspiros, / Suspiros de España".

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