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Joaquín Sabina, en la hora de su despedida: las mujeres más importantes de su vida

Las mujeres que inspiraron al artista en sus veinticinco álbumes y recopilatorios de éxitos.

Las mujeres que inspiraron al artista en sus veinticinco álbumes y recopilatorios de éxitos.
Joaquín Sabina, durante su concierto en Madrid | LD/Agencias

Le ha llegado a Joaquín Sabina la hora de retirarse. Lo hace este mes de noviembre en Madrid. En el Movistar Arena, donde en principio iba a cerrar su gira "Hola y adiós" el 12 de este mes otoñal. La solicitud de entradas cuando el billetaje estaba ya agotado movió a los organizadores a fijar el 30 de este mismo mes la fecha definitiva.

Sabina deja de actuar después de más de cuarenta años de presencia en la música, donde deja las huellas de su inspiración en letras de contenido poético, social, costumbrista, propias de un cantautor siempre comprometido con la sociedad de su tiempo. Por cierto: nunca le ha gustado ese término que une las facetas de un cantante que interpreta sus propias composiciones.

Su vida se ha contado ya infinidad de veces, en casi una decena de libros, de los que destaco los firmados por Javier Menéndez Flores, su más completo y brillante biógrafo. De ahí que, en este tramo final de su carrera, nos detengamos en un ligero repaso sobre su existencia y su obra.

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Joaquín Sabina y Jimena Coronado

Las mujeres que inspiraron a Sabina

Veinticinco son sus álbumes, uno más o menos, puede que tres o cuatro ya como recopilatorios de sus éxitos.

No queremos olvidarnos de la primera de las muchas mujeres de las que se enamoró, cuando Joaquín estrenaba juventud: su paisana Virtudes Antero, "Chispa". Le dedicó "Una de romanos". Un idilio imposible, porque el padre de ella, notario de Úbeda, quiso impedirlo. La envió a Granollers, a un colegio, él la siguió, y terminaron fugándose durante una breve temporada.

A su primera esposa, Lucía Correa, con quien se casó en 1977 cuando él cumplía el servicio militar en Palma de Mallorca con el fin de obtener el pase pernocta para no dormir en el cuartel.

Isabel Oliart, bella hija de Alberto Oliart, que fue ministro de UCD de varias carteras, llenó el corazón de Joaquín Sabina unos años. Nunca se plantearon casarse. Y tuvieron dos hijas, Rocío y Carmela, a quienes dedicó varias canciones. Nunca se desentendió de ellas, ocupándose de que figuraran en una sociedad que administra negocios relacionados con el mundo del espectáculo.

El cantautor andaluz es hincha del Atlético de Madrid, al que compuso un himno. En su trayectoria, ha vendido más de diez millones de discos entre España e Hispanoamérica. Es autor de canciones para otros artistas, como Ana Belén, Miguel Ríos, Andrés Calamaro... Una de ellas, por sevillanas, la compuso en honor de su amigo Jesús Quintero "El Loco de la Colina": "Ratones coloraos", como el título de uno de los programas de este recordado comunicador. Con Leiva ha colaborado en varias ocasiones; tienen muchas visiones en común.

Dibuja muy bien y de ello ha dejado constancia en varios libros. Además de sus libros de poemas y, sobre todo, de sonetos.

Joaquín ha sido desde su juventud un bohemio, ácrata, nada creyente aunque en más de una de sus letras se haya referido a cuestiones religiosas. Ha llevado una vida alejada de todo convencionalismo. Adquirió un edificio de tres pisos en el centro de Madrid, en los aledaños del Rastro y la plaza de Tirso de Molina. Su vivienda, en su conjunto, estaba repleta sobre todo de libros. Allí se ha corrido durante años descomunales juergas, donde abundaban el alcohol y las drogas, acompañado de amigos de todo pelaje, a algunos de los cuales les dejaba copias de sus llaves para que entraran a cualquier hora en su interior. Costumbre que ya revela su forma de entender la vida y su trato con quienes eran de su cuerda.

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Como contraste, nunca se pone al teléfono, no usa el móvil y es "la Jime", su compañera desde 1999, fotógrafa peruana que lo encandiló y asume el papel de secretaria para transmitirle cualquier recado. Joan Manuel Serrat intentó comunicarse con él en distintas ocasiones, sin que Joaquín atendiera esas llamadas.

Fidel Castro era en política su "gurú". Pasó horas con él hablando sin desmayo. Hasta que un día se cayó del guindo para convencerse de que en Cuba la población pasa hambre y miseria. No ha sido el único de los líderes izquierdistas que lo han desilusionado por completo. "Pasa" últimamente de los políticos.

Desengañado de tantas cosas, ha llegado a la vejez con el convencimiento de que ya le aporta poco o nada. Escéptico al fin y al cabo y siempre con ganas de vivir a su manera, como cantaba Sinatra. Hace tiempo que dejó las drogas, moderó la toma de alcohol y aunque también se alejó del tabaco, ya ha visto cercana la muerte en más de una ocasión. En 2001 sufrió un infarto cerebral, del que se recuperó; no obstante pasó después por una severa depresión. En 2020, tras la caída al foso del escenario del Wizink Center donde actuaba junto a Serrat, un aparatoso accidente, lo que le causó varias fracturas y un derrame cerebral. En 2018 fue hospitalizado también a consecuencia de una trombosis venosa. Diríase que está "hecho de otra pasta"; un superviviente, con salud de hierro, pese a su mala vida. Jimena Coronado es un ángel a su lado: lo cuida, lo vela. Y él, que nunca había pensado repetir boda, se casó con ella en 2020, decisión tomada de la noche a la mañana, sin comunicárselo a nadie, aunque ya le pudiera rondar la cabeza hacía tiempo por si ella enviudaba y él no regularizara el papeleo de su legado. Porque ha ganado millones, pulido muchos también y, desinteresado en términos generales de cuánto gana; declaró haber cumplido con el Fisco cuando le reclamaron dos millones y medio de euros.

Se ha especulado sobre su patrimonio y hay quien en su entorno se ha atrevido a cifrarlo en alrededor de siete millones de euros. Es un capital elevado, pero inferior a lo ganado en tantos años de carrera. Porque él no ha sabido administrarlo. Preside tres sociedades. Además de su vivienda, Joaquín posee otras en alquiler y un chalé en Rota (Cádiz), donde veranea. "Yo he ganado lo que quería y me marcho sin deudas con la vida", sentencia el cantante.

La gente, en general, lo quiere. Sobre todo las mujeres, por ese punto canalla que lo adorna. Un ídolo imperfecto que en privado ha perdido a veces la paciencia emprendiéndola con alguno de sus sorprendidos invitados. Pero luego, se ha mostrado afectuoso y generoso. Ni él mismo, creemos, sabe valorar lo que ha sido y lo que representa para la cultura de nuestro país, a lo largo de tres generaciones.

"Yo, de no ser quien soy, hubiera sido, acaso, profesor de instituto, o autor de alguna novela que no leería apenas nadie". Hasta que un día tomó una guitarra, se puso a musicar versos propios y ajenos, y le cambió la vida. ¿Qué será de él a partir de ahora, lo echaremos de menos, mostrará acaso nuevas canciones que interpretarán otros, pero no él? El futuro de Joaquín Sabina no está escrito, o, simplemente, no lo sabemos. Solo él. Y "la Jime", claro.

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