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Marbella y la Costa del Sol: el auténtico relax es el lujo

La Costa del Sol sigue siendo un destino idóneo para el viajero más exigente... y con mayor poder económico.

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La Costa del Sol sigue siendo un destino idóneo para el viajero más exigente... y con mayor poder económico.
Lujo en la Costa del Sol

Marbella o Puerto Banús, son nombres que todos asociamos con el más lujoso de los turismos, con viajeros llegados en aviones privados o miembros de la familias reales árabes con maletas llenas de petrodólares y dando propinas casi millonarias.

¿Qué hay de cierto en todo ello? Quizá no todo, pero sí una parte: por supuesto, hay turismo en Marbella o Puerto Banús que no es de lujo y huelga decir que no todo son jeques, pero lo cierto es que si Málaga se presenta como un destino cultural y hay también una Costa del Sol para las familias, también hay otra que sigue siendo un lugar idóneo para el viajero más exigente y, una cosa suele llevar a la otra, con mayor poder económico.

Barcos, coches y tiendas

Turistas a los que nos podemos encontrar, o al menos a sus medios de transporte, en un Puerto Banús en el que, y no tenemos que avergonzarnos de ello, nos quedaremos extasiados ante los deportivos y los inmensos yates.

Hasta centenares de euros puede llegar a valer el amarre de un día de uno de los grandes yates que contemplamos boquiabiertos mientras paseamos por el muelle, o tomando un helado o un café, con leche y sin bromas, en uno de los muchos lugares que nos ofrecen comida, bebidas o copas en la primera línea junto al agua.

Muchos de nosotros no podremos, como algunos afortunados con los que nos cruzamos, bajar del supercoche para entrar al superbarco, pero sí que podremos asomarnos a las tiendas de lujo que pueblan la segunda fila del falso pero muy agradable pueblo de pescadores que es el núcleo central de Puerto Banús, alrededor del puerto deportivo. Se puede pasar lista a las mejores marcas internacionales de moda, o de lo que sea, y creo que no faltaría ninguna.

Un pequeño pueblo andaluz

En Marbella el lujo está más disperso, y vamos viendo muestras aquí o allá según nos desplazamos por la ciudad: un gran hotel de cinco estrellas, la mansión del rey Fahd... pero el verdadero tesoro es el casco viejo de la villa, un precioso conjunto de calles encaladas y tranquilas, con ventanas enrejadas y un pausado e inconfundible sabor andaluz.

Paseo por esas calles estrechas al mediodía, sorprendido por esa Marbella que no conocía y que, lamentablemente, no suele ser la que vemos en los medios de comunicación. Ya es verano, pero no hace calor: la ciudad tiene un maravilloso microclima, igualmente benigno cuando se huye del sol como cuando se quiere evitar el frío.

La caminata me lleva, les llevará a ustedes, a la preciosa Plaza de los Naranjos, donde está el que es, al menos según me cuentan, el ayuntamiento más antiguo de España, en un palacio del s. XVI, junto a otros edificios de la época formando un conjunto delicioso. No duden en pararse y disfrutar del lugar desde una de sus terrazas, vale la pena.

Desde allí, muy cerca, encontraremos más plazas, más edificios bellos, iglesias, restos de la antigua muralla... una Marbella que quizá no esperábamos, pero que sí nos espera a nosotros y que, se lo aseguro, vale la pena.

La otra cara del lujo

Por último, hay otra cara del lujo que se vive algo más hacia el interior, en los fantásticos resorts que ofrecen al viajero europeo, y por supuesto al español, la mejor experiencia para unas vacaciones en cualquier época del año.

Al fin y al cabo, en buena medida son estos resorts lo que decide definitivamente a cierto tipo de turista, que sólo viajará cuando está seguro de encontrar un establecimiento que pueda satisfacer su altísimo índice de exigencia.

Visito uno de estos hoteles, que en el verano de 2010 saltó a la fama a todos los niveles al tener como ilustres huéspedes a dos féminas de la familia Obama: Michelle y una de sus hijas. Se trata del Villa Padierna, en Benahavís, un paraíso en medio de fantásticos campos de golf.

En pocos lugares he llegado a sentirme rodeado de una sensación de lujo como la que te embarga simplemente con pasear por los pasillos del Villa Padierna, repletos de obras de arte, ya que el hotel es un verdadero museo gracias a la impresionante colección artística y arqueológica del propietario. Quizá les parezca un poco cursi, pero no hay NADA tan lujoso como poder acariciar una estatua romana con la yema de los dedos.

Pero como eso no lo es todo -e incluso para algunos será lo de menos- ahí están los restaurantes, los tres campos de golf de 18 hoyos, el spa con los mejores tratamientos y, claro, las habitaciones, las suites y, cómo no, las villas.

Me llevan a ver la villa en la que estuvieron los Obama, cuál si no, rebautizada ahora para honrar a tan ilustre familia. De nuevo lujo, pero no un lujo apabullante de dorados y paredes abarrotadas, sino uno confortable, cómodo, en el que dan ganas de quedarse a vivir.

Quizá les parezca un tópico, pero lo cierto es que, aunque también hay mucho más, Marbella, Puerto Banús y la Costa del Sol pueden seguir siendo sinónimos de lujo, un lujo que atrae a viajeros de todo el mundo y que nosotros tenemos la suerte de tener ahí, a unas horitas de coche o de AVE.

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