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Katy Mikhailova

Un suspiro para Adolfo

En Adolfo Domínguez parecen estar saliendo paulatinamente de la crisis. Algo estarán haciendo mejor.

Katy Mikhailova
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En Adolfo Domínguez parecen estar saliendo paulatinamente de la crisis. Algo estarán haciendo mejor.
Un desfile de Adolfo Domínguez | Efe

Adolfo Domínguez parece salir paulatinamente de su crisis. Pero muy paulatinamente. Poco a poco, y con mucho trabajo y esfuerzo, me reitero. Siguen con pérdidas, pero estas van a menos, o eso indica la objetividad de los números. Y es que, pasado el mes de agosto, la empresa gallega concluía los primeros seis meses de su ejercicio fiscal con unas pérdidas que alcanzaban los 5 millones de euros. Sin embargo, esos 5 millones representan una reducción del 45% frente a los 9 millones de euros del mismo periodo del año pasado. Algo estarán haciendo mejor.

Una de las salidas por las que han optado ha sido la reducción de tiendas, cerrando un total de 14 establecimientos en el país y 12 en el extranjero, que, sin embargo, tiene como consecuencia una caída en las ventas. Antes de expandirse a lo loco, hay que pensar si tiene sentido la presencia de tiendas físicas en ciertas ubicaciones. Muchas empresas tienden a seguir el modelo de Zara, pensando que el éxito reside en tener la ropa a pie de calle, pero la realidad es muy diferente. Y Blanco, ahora en manos de un par de árabes, ha sido un ejemplo de ello.

A pesar de la reducción, la compañía sigue contando con una red de tiendas importante, que alcanza los 623 establecimientos. Y el extranjero parece ser la clave del éxito de muchas firmas que en España ven cómo su clientela se va reduciendo.

¿Qué pasa? ¿Que a las españolas ya no nos gusta Adolfo Domínguez? ¿Que las mujeres que compraban en los 80 en esta firma, han envejecido y, por ende, no compran ropa? ¿Que firmas internacionales han sustituido a la española? ¿Que Mango y Zara se reparten a la consumidora de Adolfo? ¿Que la ropa que hacen es cara y poco atractiva? Tantas preguntas que no tienen una clara respuesta.

Seguimos anclados en la trampa del ciclo anual. Pocas colecciones, y muy caras. Seguimos con unos precios altos -que sin embargo no pueden ser otros, puesto que la mano de obra en España y la calidad tiene un valor económico importante-. Continuamos con la escasa diferenciación -por no decir ninguna-. La música clásica de sus tiendas y el aroma que desprende sus espacios cuando una se pasea por delante de ellos no es suficiente. Hace falta algo más. De lo que estoy segura es que es una gran empresa, una marca que ha sabido captar la esencia española para representarla fuera de sus fronteras, para enamorar a tantas mujeres; una empresa que ha generado tantísimos puestos de trabajo y que ha contribuido, en suma, a la riqueza del páis. No podemos permitir que se hunda.

Adolfo Domínguez ha sido una de esas compañías que ha luchado por la autenticidad, por los valores, por la belleza de lo antiguo. Con ese eslogan "la arruga es bella" hacía concienciar a esta sociedad de que lo artificial que ofrecen otras marcas no es más que un marketing barato aunque inteligente. Con todo esto y con más, por el trabajo y el esfuerzo de Adolfo, démosle tantas oportunidades como se merecen, para que la empresa española -recordemos los orígenes de las marcas a la hora de elegir dónde comprar- salga de los números rojos de aquí a 2018, y siga creando modas. Porque las crisis, según cómo se mire, también tienen su belleza, en tanto en cuanto persiguen el fin de reinventarse. Un suspiro para Adolfo, por favor.

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