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Katy Mikhailova

La pesadilla del acoso comercial

En ocasiones, el chantaje emocional para vender un producto sobrepasa las buenas maneras.

Katy Mikhailova
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El incordio de que te paren por la calle para vender un producto, servicio o una idea resulta en algunos casos muy incómodo, llegando a emplear el chantaje emocional e incluso a las malas formas. Yo no sé si ustedes lo han vivido, bien sea por teléfono o físicamente. Sin embargo, y aun siendo la pescadilla que se muerde la cola, pues los propios comerciales son víctimas de las empresas de marketing que les contratan, ello no deja de ser desagradable, quedando desamparado el derecho de la persona de evitar ese acoso comercial.

Y es que hace unos días leía una noticia de que la firma americana de cosméticos AVON registraba unas pérdidas de 340 millones de euros en 2014, una cifra bastante alejada de los 54 millones de euros del año anterior. Lo que indica que la marca va de mal en peor, coincidiendo con un proceso de reestructuración de la compañía. Recordemos que AVON es una empresa famosa por tener "amigas" o "expertas" -no recuerdo bien cómo se hacen llamar- que son las que te acercan los productos, incentivando a la compra de los mismos. Y de entrada, es un sistema que me parece respetable.

Pero el respeto desaparece cuando se pasa de ofrecer un servicio y un producto a la insistencia que se convierte fácilmente en acoso. La Real Academia Española define el acoso como la persecución de una persona con molestias. Y es que la técnica de la insistencia en el mundo del maquillaje y demás "potingues" de belleza no son exclusivos de esta firma sino que hay otra muy famosa por hacer esto mismo, Mary Kay. Aunque hay que destacar que a esta última no le va tan mal como a la primera. Compitiendo ambas firmas en el mercado del low cost, tienen en común la venta a domicilio escondida bajo el gancho de "las clases de belleza". Antes de seguir, quiero dejar claro que no tengo nada en contra de las especialistas en belleza de ambas firmas, siempre cuando respeten a la clienta. He conocido mujeres encantadoras que trabajan para AVON y Mary Kay, y también todo lo contrario. Pero la cuestión reside en que las técnicas empleadas para conseguir ventas pueden llegar a ser abusivas.

Concretamente he tenido la experiencia con 6 señoritas que trabajaban para Mary Kay, de las cuales 4 me han llegado a importunar. Por despiste e inconsciencia, he dejado mi teléfono en manos de tales profesionales que me llamaban hasta 10 veces al día, en horarios de lo más sorprendentes, para ofrecerme un servicio gratuito. Un servicio que no es más que una especie de clase de cómo maquillarse o aplicarse las cremas sobre el rostro, con su posterior opción a la compra del producto. Si bien, entre todas estas profesionales que trabajan para Mary Kay hay expertas especializadas en este sector, también hay mucho intrusismo. Y nada me resulta más molesto que el hecho de que la ignorancia coincida con la soberbia y el acoso. El "gracias; pero no, gracias" en ocasiones resulta insuficiente.
El chantaje moral puede derivar en tal incomodidad del interlocutor, que éste llega a obrar por pena y termina por comprar un producto que no necesitaba, al tiempo que la agresividad verbal y las malas formas resultan ofensivas. Todo, por favor, en su justa medida. Tacto, educación y respeto hacia las personas son las claves del éxito de un buen comercial. No vayan por el otro camino, pues el fracaso les espera a la vuelta de la esquina.

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