
Hay personas que tienen una flor en el culo. Y luego están las que tienen el Jardín Botánico entero.
Pedro Sánchez, por ejemplo, pertenece a esa categoría. Carlo Ancelotti, capaz de abandonar el Real Madrid dejando una vitrina llena de títulos y la sensación de que ganar era algo tan sencillo como pedir un café. Y también José Luis Rodríguez Zapatero, que además de una flor parece haber encontrado un joyero entero.
Les escribo desde el Hotel Son Xotano de Mallorca, una antigua granja convertida en un hotel de lujo de 22 habitaciones de la mano de la cadena Annua. Un paraíso del silencio en donde sin wifi no hay conexión.
En medio de esta —casi— nada, concluyo. Hay gente que atraviesa la vida; y hay gente a la que la vida parece apartarse educadamente para dejarle paso.
Todos conocemos a alguien así. Ese amigo que nunca estudió y aprobaba. Ese compañero que llegaba tarde a todo y acabó siendo jefe de algo. Ese ex que era un absoluto desastre emocional y hoy posa en Instagram, renegando de esta red en nombre de la intelectualidad y la sencillez, mientras da lecciones de equilibrio y amor a la patria.
Mientras unos convierten cualquier error en una oportunidad, otros somos capaces de convertir una oportunidad en un error. Y sin embargo, cuanto más mayor me hago, más sospecho que hemos entendido mal eso de la "suerte".
Esta semana ha terminado una exposición llamada "Tienes una flor". Una ida de olla mía. De inodoro, más bien.
Durante una semana, veinte arquitectos e interioristas transformaron inodoros en jardines. Geberit y sus sanitarios como protagonistas silenciosos. La galería de arte The White Lab, y bajo la dirección artística de Fran Cisneros, hemos intervenido con 300 limones el inodoro de Lázaro Rosa-Violán o viajado a Oriente con una palmera y arena del desierto bajo la firma de L35 (estudio que es capaz de ganarle el concurso a Foster por el Bernabéu y luego recrear su estilo en 40 centímetros de ancho. ¡Ni tan mal!).
Ya hemos marcado un precedente. Y de la mano de los mejores estudios. Lázaro Rosa-Violán, María Santos, Tristán López Chicheri (L35 Architects), ARCHIDOM Studio, Patricia Bustos, Alejandra Pombo, Minimal Studio, FL-ARE, Cuarto Interior, MUHER, MORPH, El Departamento Estudio, Sandra Antón y Ainhoa Moreno, Masquespacio, CIDON Interior Design & Contract, Urban Matters Studio, OOAA Arquitectura y Borja Esteras x SHAMELESS sembraron su flor con Geberit.
Todo esto es el resultado de una conversación entre Duchamp, un paisajista sevillano y alguien que pidió una copa de vino de más. Yo soy la del vino, por cierto.
La belleza tiene la extraña costumbre de aparecer donde nadie la espera. Un inodoro convertido en vergel. Un descampado convertido en parque. Una ruina convertida en hotel. Fracasos sentimentales convertidos en novela. Una despedida transformada en alivio.
Por eso me fascina tanto la expresión "tener una flor en el culo". Porque los españoles la utilizamos como si fuera una explicación cuando en realidad es una rendición. No sabemos por qué alguien sale adelante una y otra vez, por ello concluimos que tiene suerte. No entendemos cómo alguien permanece durante décadas en primera línea, y decimos que tiene una flor. No comprendemos por qué algunos sobreviven a errores, cambios de rumbo, crisis, traiciones o malas decisiones y otros no; y lo atribuimos al azar.
Sospecho que la realidad es bastante menos romántica. Hay intuición. Hay resistencia. Hay capacidad para leer el momento. Hay paciencia. Hay trabajo. Y sobre todo hay algo mucho menos atractivo que la suerte: la constancia.
Nos encanta contemplar la flor cuando florece. Lo que rara vez observamos es quién preparó la tierra. Quién regó. Quién podó. Quién esperó. Quién siguió allí cuando todavía no había absolutamente nada que mirar.
En verdad todos tenemos una flor. La diferencia es que unos esperan sentados a que florezca. Y otros llevan años cultivándola mientras los demás hablan de milagros.
