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Katy Mikhailova

La Merkel sin tacones

Dicen que en época de bonanzas se llevan tacones más grandes y que en tiempos de vacas flacas el tacón va en disminución.

Katy Mikhailova
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Dicen que en época de bonanzas se llevan tacones más grandes y que en tiempos de vacas flacas el tacón va en disminución.
Los tacones de Merkel | Efe

Dicen que a más problemas, más alto es el tacón que lleva una mujer. Dicen que en época de bonanzas se llevan tacones más grandes y que en tiempos de vacas flacas el tacón va en disminución. Dicen muchas tonterías, por lo general, y yo también. Pero nos gusta creer en ellas, debatirlas, teorizar, e intentar hallar una verdad que difícilmente encontraremos.

Hace unos días veíamos una imagen del zapato de Ángela Merkel -el del lado izquierdo de la fotografía- frente al taconazo de Cristina Kirchner. Y enseguida este suceso, para los amantes de la sociología, de la moda y del tacón, fue visto más allá del discurso verbal de ambas políticas. El asunto no va de tacones. Aunque yo haya registrado Por Mis Santos Tacones en la OEPM en varias casillas -y aunque teorice sobre la femineidad de sustituir los tacones por los cojones, no sin caer en el feminazismo-, no midamos el poder por el tamaño del tacón. Creo que nosotras -salvo Leticia Sabater- no calculamos la fortaleza de un hombre por el tamaño de su miembro.

Ángela es así. Así de sencilla y austera, como la ética protestante de su cultura, pero la seguridad que ella posee se mide en inteligencia y no en su fondo de armario. Puede llevar calcetines transparentes que asoman de una gigante falda que sin llegar hasta el suelo deja entrever unas simples manoletinas que tan mal combinaban con aquellos calcetines. Pero ella es así. Ella es canciller, es política, y los lleva bien puestos, aunque no se los ponga.

No vamos a entrar en odiosas comparaciones, lectores. La cultura en Argentina es muy diferente a la alemana. Sin adentrarme en el tema político -no hace falta hacer una comparación socioeconómica de la Alemania de Merkel con la Argentina de Kirchner, ¿verdad?-, la cultura en los países latinoamericanos dista mucho de la del centro de Europa. En aquellos, el culto al cuerpo, a la belleza y a la ropa se vive con mucha mayor pasión que en Alemania, en donde gran parte del año la principal preocupación es cómo abrigarse para no pasar frío. Algo muy poco entendido en Rusia, porque ahí no tienes lavadora para tu ropa, pero paseas por la calle con un visón.

En cualquier caso los extremos no son sanos. Y ante todo, aunque me gusta disfrutar viendo a mujeres arregladas y bellas, lo importante es cómo se siente una. A lo mejor algunas nos elevamos sobre 10 centímetros para ganar seguridad, o no. O lo hacemos por mera moda y costumbre. Yo no me he parado a pensar por qué llevo tacones, lo que sé es que cada día los uso menos. Pero es admirable ver cómo nuestra vecina Ángela no precisa de artilugios externos y materiales para sentirse mejor consigo misma. Con que tome las medidas necesarias con Grecia me conformaría; quizá ello sirva de ejemplo para la desgrecia potencial española. Para todo lo demás, ya saben: los Manolos o Marypaz, la elección de unos u otros va en función de si quieren gastar mucho o poco, pero no olviden que la mierda se pisa igual.

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