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¡Horror, se acerca Halloween!

¿Qué es la moda sino un disfraz? ¿Un grito de libertad o un uniforme bajo el que escondernos?

Katy Mikhailova
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A la gente le gusta disfrazarse. Por lo general. Más desde que las redes sociales cumplen un papel tan importante en nuestras vidas. Lo peculiar del asunto es que muchos se disfrazan para este tipo de fiestas pero también lo hacen a diario.

¿Qué es la moda sino un disfraz? Llevo tiempo intentando solucionar este conflicto interno: si es un grito de libertad o un uniforme bajo el que escondernos. O quizás ni una cosa ni otra, sino un mero convencionalismo que la gente consume y cultiva sin ningún tipo de criterio. "Porque es lo que se lleva". Hartos estamos de escuchar esta frase. Es más: basta para que algo sea "tendencia" para que huya de eso. Pero yo soy un caso aparte. Cada vez más me decanto por la posibilidad de que, detrás de la moda, uno se refugia, potenciando externamente una imagen que no se corresponde a su realidad ni intelectual ni emocional. Aunque supongo que habrá personas que no cuenten ni con inteligencia ni emociones, pero este es otro tema aparte.

Zara ha contribuido a que vistamos mejor y vendamos -legítimamente, supongo- otro "yo". Como Zara, también Mango, H&M, y ahoras las tiendas "pijas" de los chinos, a las que se entra pensando que son una tienda de moda "bien", y de repente te das cuenta de que la música suena en un idioma exótico y las dependientas son asiáticas. Lo sorprendente es que ya siguen las estrategias de las grandes firmas -escaparates minimalistas, fragancia atractiva y atrayente que se perciba en la calle a 20 metros de la tienda, dependientas bien vestidas-, como hace la china Mulaya. Venden lo mismo que las principales marcas de Inditex pero 3 veces más barato. Y me parece muy bien, mientras paguen sus impuestos. No sé si yo soy su público objetivo, pero admito haber recurrido en contadas ocasiones a alguna tienda de estas.

Nos disfrazamos en el momento en el que externalizamos a través de lo material una idea que no encaja con nuestra forma de pensar. En el trabajo, en una cita, un viernes por la noche si se va de cacería, un domingo en el gimnasio… a veces la moda nos confunde y genera una pérdida de personalidad e identidad. No sabemos quiénes somos: cuando creemos tener un espíritu ochentero, la moda decide que vuelven los 70 con pantalones campana, mientras convive con los pantalones rectos y aburridos de los 90, y contribuye paralelamente a la "dictadura de las perlitas" -y no las de mi querida Mariló Montero-; perlitas de plástico incrustadas en toda clase de vaqueros, camisetas, jerseys, chaquetas… Sí, hay diversidad: no reina una sóla década ni un sólo estilo. Reina el caos y la incertidumbre. ¿Qué elegir? Precisamos de un ejercicio de introspección, casi metafísico -¡para que luego digan que la moda es frívola!-, con el objetivo de averiguar quiénes somos, y después optar por proyectarlo a través de la estética. No hay excusas: hoy uno puede vestir como le da la gana, porque si no está en Zara existe en Internet.

Lo que lejos queda de convertirse en disfraz y en humano disfrazado es toda esa gente que lleva orgullosa en su muñeca una pulsera con la bandera española. Eso sí que es genuino y auténtico. Por cierto, para los hombres, tomen nota: un disfraz interesante es el de Puigdemont, pero a ver de dónde sacan ese peluquín.

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