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Katy Mikhailova

Yo no soy esa

La campaña de Adolfo Domínguez tiene de imagen a una Agatha sobria, elegante, altiva pero sonriente.

Katy Mikhailova
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La campaña de Adolfo Domínguez tiene de imagen a una Agatha sobria, elegante, altiva pero sonriente.
Agatha, para Adolfo | Archivo

Qué pasaría si uno, un día, decidiera crear su realidad paralela. Si pudiera desconectar su móvil. Cambiar la hora de los relojes (inventándosela); o, mejor aun, eliminar el tiempo de su vida. Borrarlo. Enfrentarse a él. O simplemente olvidarnos de su existencia.

Comer cuando a uno le entre en gana (¡al carajo las 3 comidas, o las 5, en horarios convencionales!); dormir con la luz del día, vivir en la noche, y morir a ratos reviviendo sin alarmas. Coexistir en la oscuridad y entender que día y noche es uno solo. Superar el peso de la historia y evitar las dictaduras de la moda impuestas por los grandes almacenes, las principales revistas y las bloggers del momento.

Bañarse no una, ni dos, hasta cien veces en el mismo río, no el Orinoco, dado mi protagonista a continuación. Y crear una realidad paralela, propia e inimitable.

Cuando se vive en un micromundo de colores, geometrías, gobernado por corazones -aunque los corazones no sean más que un invento-, y, cuando, por fin se acepta la uniformidad y los colores oscuros, es cuando una al fin habrá comprendido que la belleza y la elegancia está por encima del bien y del mal. Y que si el marketing se une a ello, bienvenido sea.

Yo tampoco soy Adolfo. No soy él, pero le admiro. Y aprecio la campaña con Agatha Ruiz de la Prada, que no es más que un ejemplo de la madurez y el compromiso de dos grandes genios, vivos, de la historia de la moda española.

Y es que, para los que estén perdidos en esta materia, contarles que hace unos días se ha hecho pública la campaña de la firma Adolfo Domínguez cuya imagen no es más que una Agatha Ruiz de la Prada sobria, elegante, altiva pero sonriente, fría pero cercana, y, sobre todo, más viva que nunca. En unos campos (que podrían ser de la Toscana), bajo un cielo brillante, y en tonos intensos, posa una Agatha, en primer plano, con una gabardina de Adolfo Domínguez en color azul marino; una gabardina sobria hasta decir basta, pero con un gusto exquisito. Ni resto de la marca, más allá de un -¿sutil?- corazón en una diadema que recuerda una vez más quién es la reina. La reina de corazones y la reina de la moda. Son realidades paralelas que permiten a uno reinterpretar la vida, la moda y su existencia.

Directora y presentadora de esModa y colaboradora de Es la Noche.

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