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Hipocresía y religión

La gala del MET de este año, centrada en el catolicismo, fue la más frívola de todas.

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Aberrante homenaje al cristianismo en la alfombra roja del Met 2018

Este lunes pasado se celebraba la famosa Met Gala 2018. Sí, es una macrofiesta llena de glamour, prensa y gente VIP. Este año no ha faltado el disfraz de turno, algo que me reconduce a plantearme el futuro de la estabilidad emocional de la especie humana. Ellas se disfrazan; y nosotros lo difundimos.

Pasear en albornoz por la alfombra roja -aunque sea de Palomo Spain el complemento de ducha- es insuficiente. Disfrazarse dos días al año sabe a poco. El carnaval se les hace muy corto. Y Halloween, esa poco original fiesta yanqui, ni les cuento.

En fin. Que hablábamos de la Met Gala… llama la atención una virgen en una alfombra roja. Kate Bosworth -que aunque os suene a chino su nombre, o a inglés, yo tampoco sabía quién era, es actriz, o algo así-, apareció vestida de una Virgen María "contemporánea": atuendo diseñado por Oscar de la Renta. Sí, admito que es una pieza majestuosa, alta costura pura y dura -¡que poética y "rimosa" estoy hoy!-, que, más que la Virgen María, me recuerda a una zarina en el Palacio de Peterhof de San Petersburgo -aun me sigue doliendo la Rusia zarista destruida, lo admito-.

Mi amiga Riri, se ha vestido de una especie de versión papal -sí, de Papado, y no papada ni papilla-, en color plata -es que el dorado oro era ‘too much’-. Un conjunto que, para estar inspirado en lo que está, aprecio exceso de ostentación para emular nuestra religión, sobre todo la promovida por el Papa Francisco, que lleva la humildad y la austeridad hasta el extremo. Lejos quedan los zapatos Prada que portaba Benedicto XVI con esa suela tan tan roja -ni carmesí ni burdeos, era un rojo pasión-. Pero Rihanna es así. Y la sencillez no comulga con su religión vital. Traje de la casa de lujo belga, Martin Margiela, por cierto.

Otra que, con complejo de Ángel, o demonio, a saber, se han enfundado en unas alas y botas doradas por encima de las rodillas. Monísima, si no es por las alas, que, además de desproporcionadas, deben de ser incomodísimas. Pero la moda, si no la sufres, no es moda. Katy Perry, la protagonista. Pena que sea de Versace todo, y tenga que estar mofándome de ello. Amo Versace. Y adoro a Donatella.

Curioso es que mi paisana Kim sea la más elegante, aunque sin pasar desapercibida, aparezca con un vestido sutil y elegante. De color oro, marcaba en la gala, como ya es tradición, sus inmensas y envidiadas curvas. De Versace. Con una ligera cruz estampada en un lateral del traje. ¡Qué guapa iba la jodía, perdón, la Kardashian! Fuera broma. Muy fan de ella. Y de la bellísima Irina Shayk: una pena que no siga ennoviada con Cristiano.

La prensa apunta a la importante presencia de la religión en esta gala. La hipocresía sorprende por emular el Catolicismo, el Clero, a las vírgenes y demás, y que el dogma aplicado en el día a día sea el ateísmo silencioso llevado al máximo. Liberales y libertinas, o no, qué más da. Ojala se respetara más las tradiciones. Eso sí. Y se frivolizara menos con ellas.

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