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Katy Mikhailova

El aborto de Gucci

La última propuesta de la industria del lujo no es, precisamente, un homenaje a la mujer.

Katy Mikhailova
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Katy Mikhailova - El aborto de Gucci
Gucci, a favor del aborto | Instagram

Un vestido blando, muy rollo hippy, con un útero estampado, y disimulado con rosas, es una de las joyas de la corona y de la última polémica de la industria del lujo. Podía haber sido un bonito guiño a la mujer, a la maternidad, a la femineidad, a la vida, a la naturaleza, a los atributos femeninos y a la fertilidad. Pero no. No es este el concepto, precisamente. Y, si alguno podía aún tener la esperanza de lo primero, una chaqueta con el lema de "mi cuerpo, mi elección" aclaran el mensaje de la anterior prenda.

Estas son las propuestas Gucci Crucero 2020. Son tan tan tan pijiprogres, que sumándose a estos eslóganes, venderán más y conseguirán la paz en el mundo. No sé si el mensaje entrelíneas podría ser también lo de que practicar sexo desenfrando este verano en el crucero, sin protección ni cabeza: ¡total! El Estado paga ese método anticonceptivo, como muchos utilizan el aborto, desgraciadamente.

Resulta curioso pararse a pensar en cuál es el público objetivo de la firma italiana: si acaso, las que predican el "nosotras parimos, nosotras decididos" han pisado alguna vez una tienda de Gucci. Y es que, las mismas que hoy salen a la calle con pancartas con semejantes versos, antesdeayer linchaban en las redes este tipo de firmas por utilizar pieles de serpientes y aprovecharse del Capitalismo más agresivo para que unos pocos lo disfruten a coste de "otros muchos". ¡Qué gran paradoja! ¿Verdad?

La marca italiana, fundada a principios del siglo pasado por un inmigrante italiano en Londres (Guccio Gucci, el botones de un hotel de lujo), anunciaba en redes que la colección, retransmitida por Internet, reflejaría su habitual "compromiso" con "las mujeres y las chicas". Resulta que Gucci financia diferentes proyectos por el mundo con el fin de respaldar los derechos sexuales y reproductivos de la mujer. Hasta aquí, todo correcto.

Sólo me queda deducir que Gucci quiere encajar en la tendencia social de apoyar las corrientes políticas populares: y el aborto, va como anillo al dedo, o anillo al útero. Ilusa de mí, creía que practicaban algo tan romántico como lo de "l’art pour l’art" generando con ello riqueza, y que la moda por la moda no debía politizarse ni dejarse llevar por este tipo de escándalos. La famosa regla del 80-20 (Principio de Pareto), según la cual sólo un 20% de la población española puede permitirse adquirir un 80% de los productos de Gucci (ni el 20, hablaríamos de un 3%, si me apuran), invita a analizar cuál es el estatus social y, en base a este, la ideología político-moral y religiosa del consumidor/a Gucci. Me planteo, y les planteo, si el público objetivo de Gucci España (cuya tienda principal está en Serrano-Ortega) vota a Podemos, está en contra de los Toros, apoya a los okupas, defiende la subida de impuestos, está favor de la inmigración ilegal y en contra del uso de las pieles. Porque, seamos sinceros, ¿las instagramers de moda de las redes son el fiel reflejo de la compradora de la marca? El hecho de que ellas, modernas casi todas (aunque María Pombo reconoció estar en contra del aborto, ¡bien por ella!), apoyen la "interrupción voluntaria del embarazo" (el rey de los eufemismos, que se utiliza para maquillar "asesinato voluntario legal de vidas") y porten Gucci’s y Trucci’s, no significa que las cientos de miles de followers de estas prescriptoras compren en Gucci. No, señores.

El otro día saltaba la noticia de una instagramer que, con 2,5 millones, confesaba no haber sido capaz de vender 36 camisetas (de la colección que había diseñado), la cifra mínima que la empresa le exigía. Desolada, @Arii lo contaba en su perfil de la red. Algo que automáticamente repercutía en un debate acerca de si no se estaría "desinflando" la burbuja de las influencers. En el momento en el que seguir a una persona en Instagram/Twitter nos cueste un euro, el chiringuito de algunas influencers reventaría.

Hasta que no asumamos que el aborto es la mayor crueldad cometida y aceptada, normalizada, asumida, en Occidente, no vamos a avanzar como personas. Hay que tener mucha sangre fría y muy poca espiritualidad para acabar con una vida indefensa. Y esto, amigos, no entiende ni de modas ni modos, sino de alma y corazón.

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