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El frío como aliado: reduce la inflamación y libera un potente cóctel neuroquímico

Prácticas como el método Wim Hof aumentan la resiliencia psicológica y la sensibilidad a la insulina al transformar el tejido adiposo en energía.

Dos personas exponiéndose al frío frente al río Danubio congelado. | EFE

Durante décadas, el frío se ha asociado casi exclusivamente con resfriados y malestar. Sin embargo, una creciente corriente científica está cuestionando esta visión. Desde las duchas frías diarias hasta las técnicas popularizadas por el método Wim Hof, la exposición voluntaria y controlada al frío se ha convertido en una herramienta de interés para la salud física y mental.

La base científica de estos beneficios se encuentra en el concepto de hormesis. Se trata de un proceso por el cual una dosis pequeña y controlada de un estresor activa mecanismos de adaptación que fortalecen al organismo. En el caso del frío, este "estrés breve" pone en alerta distintos sistemas del cuerpo sin llegar a dañarlos, entrenándolos para responder mejor ante futuras amenazas.

Sistema inmunitario en modo entrenamiento

Uno de los efectos más estudiados del frío es su impacto sobre el sistema inmunológico. Diversas investigaciones han observado que la exposición al frío puede aumentar el número de leucocitos y monocitos, células clave en la defensa frente a infecciones. Además, en personas entrenadas en el método Wim Hof se ha visto una respuesta inmunitaria más eficiente y una reducción de síntomas similares a la gripe.

Este entrenamiento del sistema inmune también se relaciona con una disminución de la inflamación. El motivo es que el frío puede reducir la liberación de citoquinas proinflamatorias, como el TNF-α, y favorecer mecanismos de protección celular. Incluso se ha observado que ducharse con agua fría se asocia con menos días de baja laboral por enfermedad.

Circulación, inflamación y recuperación

El contacto con el frío provoca una vasoconstricción inmediata, seguida de una vasodilatación posterior. Este proceso mejora la circulación sanguínea y la oxigenación de los tejidos. Por este motivo, el frío se utiliza para acelerar la recuperación muscular y aliviar el dolor, al tiempo que ayuda a controlar procesos inflamatorios.

Es importante saber que estas adaptaciones no solo tienen efectos a corto plazo, sino que contribuyen a una mayor resistencia física y a una mejor capacidad del cuerpo para manejar condiciones adversas.

Grasa parda y metabolismo

Otro de los grandes protagonistas del frío es la grasa parda, un tipo de tejido adiposo especializado en quemar energía para generar calor. La exposición a bajas temperaturas estimula su activación, lo que incrementa el gasto calórico y mejora la regulación metabólica.

Este mecanismo se asocia con una mayor sensibilidad a la insulina y un mejor control del peso, además de ayudar al cuerpo a mantener una temperatura estable de forma más eficiente.

El impacto del frío en la mente

Los beneficios del frío no se limitan al cuerpo. A nivel mental, la exposición a bajas temperaturas desencadena la liberación de endorfinas, noradrenalina, serotonina y dopamina. Este cóctel neuroquímico contribuye a mejorar el estado de ánimo, reducir el estrés y aumentar la concentración.

Además, enfrentarse al frío de forma consciente entrena la resiliencia psicológica. Mantener la calma y controlar la respiración durante el impacto térmico fortalece la fuerza de voluntad y la sensación de control, efectos que pueden trasladarse a otras áreas de la vida diaria.

Cómo empezar de forma progresiva

No es necesario recurrir a exposiciones extremas para obtener beneficios. La evidencia sugiere que la progresión es clave. Terminar la ducha habitual con unos segundos de agua fría, aumentar el tiempo de forma gradual y escuchar las señales del cuerpo permite adaptar el organismo sin riesgos innecesarios.

El frío es una herramienta potente, pero debe utilizarse con respeto. Personas con determinadas condiciones de salud deben consultar previamente con un profesional.

En un entorno dominado por el confort constante, recuperar el contacto con el frío supone recordar la capacidad adaptativa del cuerpo humano. La ciencia sugiere que, al otro lado de la incomodidad controlada, pueden encontrarse mejoras reales en la inmunidad, el metabolismo y la salud mental.

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