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Fotobiomodulación: así logra la ciencia que las células produzcan más energía y se reparen

Esta terapia optimiza las mitocondrias para generar más ATP, acelerando la regeneración de tejidos y combatiendo el estrés oxidativo con eficacia.

Esta terapia optimiza las mitocondrias para generar más ATP, acelerando la regeneración de tejidos y combatiendo el estrés oxidativo con eficacia.
Pixabay/CC/R23X

En 2026, hablar de nutrición ya no se limita a proteínas, vitaminas o superalimentos de moda. La ciencia ha ampliado el concepto y ha puesto el foco en algo aún más básico: la energía celular. En ese contexto, la fotobiomodulación con luz roja se ha ganado un nuevo apodo entre investigadores y profesionales de la salud: el "superalimento" de las mitocondrias.

La clave está en cómo ciertas longitudes de onda de la luz roja e infrarroja cercana interactúan con nuestras células. Al penetrar en los tejidos, esta luz activa mecanismos biológicos profundos que mejoran la producción de energía, reducen el estrés oxidativo y favorecen la reparación del organismo desde dentro.

El mecanismo: cuando las células "comen" luz

Para entender la fotobiomodulación hay que mirar a las mitocondrias, conocidas como las centrales energéticas de la célula. En su interior se encuentra la citocromo c oxidasa, una enzima clave en la cadena respiratoria celular y auténtico fotorreceptor biológico.

Cuando el cuerpo se expone a longitudes de onda específicas —especialmente en torno a los 633 nm— los fotones son absorbidos por esta enzima. El resultado es una estimulación directa de la producción de ATP, la molécula que suministra energía a casi todas las funciones celulares. Es, literalmente, como cargar las baterías del organismo.

Al mismo tiempo, la luz roja ayuda a reducir la producción de especies reactivas de oxígeno dañinas y aumenta la actividad de enzimas antioxidantes, normalizando el metabolismo celular y disminuyendo la inflamación.

Beneficios que justifican su fama

El aumento de ATP tiene efectos en cadena. Más energía celular significa mayor capacidad de reparación y regeneración de tejidos, lo que se traduce en una recuperación más rápida de heridas, una mejor salud de la piel y una mayor resiliencia frente al estrés físico y mental.

Además, la fotobiomodulación destaca por su potente efecto antiinflamatorio y analgésico. De hecho, actualmente se utiliza cada vez más para aliviar dolores musculares, articulares y nerviosos sin recurrir a fármacos. También se ha observado una mejora en la calidad del sueño, ya que la luz roja favorece la producción de melatonina y respeta los ritmos circadianos, a diferencia de la luz azul de las pantallas. En el ámbito del rendimiento, atletas y profesionales sometidos a alta carga mental recurren a esta terapia para acelerar la recuperación muscular y mejorar la claridad cognitiva.

Más allá de la estética

Aunque la industria cosmética fue la primera en popularizar las máscaras LED para estimular colágeno y combatir el envejecimiento, en 2026 el enfoque es mucho más amplio. La terapia de luz roja se estudia como herramienta para mejorar la función inmunológica, reducir la neuroinflamación y apoyar el estado de ánimo.

Investigaciones recientes apuntan a que la luz infrarroja cercana puede incluso atravesar el cráneo y tener efectos beneficiosos en el cerebro, algo especialmente relevante en casos de fatiga mental crónica o estrés prolongado.

Debemos recordar que, hasta hace pocos años, la fotobiomodulación estaba reservada a clínicas especializadas o a programas avanzados como los de la NASA. Hoy, la democratización tecnológica ha llevado paneles LED y mantas de luz infrarroja a los hogares, con protocolos de seguridad cada vez más claros. En invierno, cuando la exposición solar disminuye, la luz roja se ha convertido en una aliada clave para compensar ese déficit energético y mantener el equilibrio biológico.

Cómo usarla con criterio

Como todo "superalimento", la dosis importa. Las recomendaciones actuales hablan de sesiones de entre 10 y 20 minutos, respetando la distancia adecuada al dispositivo y siendo constantes. El uso excesivo puede saturar los fotorreceptores y reducir los beneficios.

También existen contraindicaciones: embarazo, tratamientos oncológicos o medicamentos fotosensibilizantes requieren supervisión médica. La terapia es segura, pero no debe usarse de forma indiscriminada.

Debemos recordar que la luz roja no es una moda pasajera, sino la recuperación de una relación ancestral con el espectro solar que la vida moderna había relegado. En 2026, cuidar las mitocondrias se ha convertido en sinónimo de longevidad y bienestar real. Y la solución, paradójicamente, puede ser tan simple como encender una luz.

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