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Cómo proteger tus velas del calor extremo para evitar que se derritan en verano

Descubre pautas sencillas de conservación para impedir que las altas temperaturas derritan tus cirios y arruinen sus fragancias en casa.

Un grupo de velas blancas encendidas en una casa en otoño. | Unsplash/Sixteen Miles Out

Las altas temperaturas no solo afectan a las personas. Durante los meses más calurosos del año, las velas decorativas y aromáticas también pueden sufrir las consecuencias del calor si no se almacenan correctamente. La exposición prolongada al sol, el aumento de la temperatura ambiente o una mala conservación pueden provocar deformaciones, pérdida de aroma o la aparición de pequeñas gotas de aceite en la superficie de la cera. Con unos sencillos cuidados es posible mantenerlas en perfecto estado durante todo el verano.

Las velas están fabricadas con distintos tipos de ceras, materiales cuyo punto de fusión es relativamente bajo. Por ese motivo, cuando el termómetro supera determinados valores, especialmente por encima de los 25 o 30 grados, comienzan a producirse cambios visibles que, en la mayoría de los casos, son completamente normales y no afectan a su funcionamiento.

No todas las velas reaccionan igual

La resistencia al calor depende, en gran medida, del tipo de cera con la que esté elaborada la vela.

Las ceras vegetales, como la de soja o coco, son las más sensibles a las altas temperaturas. Su punto de fusión se sitúa aproximadamente entre los 45 y los 50 grados, por lo que pueden ablandarse o presentar pequeñas gotas de aceite incluso sin llegar a derretirse.

La cera de abeja ofrece una mayor resistencia, ya que soporta temperaturas cercanas a los 65 grados antes de comenzar a fundirse. La parafina, utilizada en muchas velas comerciales, presenta un comportamiento intermedio y suele mantenerse estable hasta los 55 o 60 grados, aunque las elaboradas con materiales de menor calidad pueden deformarse con mayor facilidad.

El calor cambia su aspecto

Uno de los fenómenos más habituales durante el verano es el denominado sudor de las velas. Consiste en la aparición de pequeñas gotas brillantes sobre la superficie de la cera, provocadas por la migración de parte de los aceites aromáticos cuando aumenta la temperatura.

Aunque pueda parecer un defecto, este comportamiento no significa que la vela esté estropeada. Tampoco afecta a su capacidad de combustión, a su duración ni a la intensidad del aroma una vez encendida.

Otro efecto frecuente es el reblandecimiento de la cera. Cuando el ambiente supera los 25 o 30 grados, especialmente en las velas vegetales, estas pierden parte de su rigidez y se vuelven más flexibles. Al regresar a un entorno más fresco recuperan, por lo general, su consistencia habitual.

La exposición continuada a la luz solar también puede provocar ligeros cambios de color, especialmente en velas blancas o de tonos claros. Este amarilleamiento suele deberse a la acción de los rayos ultravioleta o a la evolución natural de algunos componentes de las fragancias.

Cómo conservarlas correctamente

La mejor forma de proteger una vela del calor es evitar la exposición directa al sol. Colocarlas junto a ventanas, terrazas o balcones incrementa notablemente el riesgo de deformación, ya que el cristal puede generar un efecto invernadero que eleva aún más la temperatura.

También conviene mantenerlas alejadas de electrodomésticos que desprendan calor, como televisores, routers, hornos o frigoríficos, así como de estanterías muy altas donde el aire caliente tiende a acumularse.

Lo más recomendable es almacenarlas en lugares frescos, secos y protegidos de la luz. Armarios interiores, despensas o habitaciones con temperatura estable son buenas opciones para conservar tanto su forma como sus propiedades aromáticas.

En el caso de las velas con tapa, es aconsejable mantenerlas cerradas cuando no se utilicen. Así se reduce la evaporación de las fragancias y se evita la acumulación de polvo sobre la superficie de la cera.

¿Nevera sí o no?

Cuando las temperaturas son especialmente elevadas y una vela comienza a deformarse, puede recurrirse a la nevera como solución puntual.

Lo recomendable es envolverla previamente en papel de horno, tela o papel film para protegerla y dejarla refrigerar entre 30 y 60 minutos, el tiempo suficiente para que recupere firmeza.

Lo que no debe hacerse es introducirla en el congelador. El frío extremo puede provocar grietas en la cera y deteriorar su estructura.

Qué hacer si ya se ha deformado

Si la vela ha comenzado a "sudar", basta con retirar cuidadosamente las pequeñas gotas de aceite utilizando un papel absorbente. Después, será suficiente con trasladarla a un lugar más fresco para que vuelva a estabilizarse.

Cuando una vela alta o decorativa pierde su forma por el calor, puede envolverse con suavidad para mantenerla recta y dejarla enfriar unas horas. En muchos casos recuperará buena parte de su rigidez.

Si la deformación es total y la pieza ha perdido por completo su forma original, aún puede aprovecharse. La cera puede fundirse al baño maría y verterse en un recipiente de cristal con una mecha nueva para transformarla en una vela completamente funcional.

También cambia la forma de utilizarlas

El verano también aconseja modificar algunos hábitos al encender las velas. Antes de cada uso es recomendable recortar la mecha hasta unos cinco milímetros para evitar llamas excesivamente altas y un sobrecalentamiento de la cera.

Además, las sesiones de encendido deberían ser más cortas que durante el invierno, preferiblemente de un máximo de dos horas, ya que la cera parte de una temperatura ambiente más elevada y se funde con mayor rapidez.

A la hora de apagarlas, es preferible utilizar un apagavelas o cubrir el recipiente para sofocar la llama, evitando soplar directamente y provocar salpicaduras de cera líquida.

Con unos cuidados sencillos, las velas pueden conservar su aspecto, aroma y calidad durante todo el verano. Mantenerlas alejadas del sol, almacenarlas en lugares frescos y controlar la temperatura son pequeños gestos que ayudan a prolongar su vida útil y permiten seguir disfrutando de ellas incluso durante los días de más calor.

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